Araceli Jiménez Pelcastre
José Manuel Crespo Guerrero

La recolección, la caza y la pesca son actividades que los grupos humanos practican desde tiempos remotos, sirven para obtener alimentos y materias primas para la industria. Por lo que respecta a la alimentación, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indica que la pesca aporta el 16.7 por ciento de proteínas animales a la población mundial y es fuente de alimentos y salud para numerosas comunidades rurales, especialmente las que se ubican en los litorales. La pesca se practica en aguas oceánicas y continentales. En este último caso, se puede desarrollar en diferentes cuerpos de agua: ríos, presas, lagos, pantanos y lagunas, entre otros.
En la actividad pesquera intervienen elementos ambientales y socioeconómicos. Dentro de los primeros, sobresalen el relieve, tanto subacuático como terrestre; el clima, las corrientes marinas: frías y cálidas, y la disponibilidad de bancos pesqueros. Entre los factores socioeconómicos se enuncian la mano de obra, las infraestructuras para la captura, el almacenamiento y el transporte; la demanda o la existencia de consumidores y por tanto de un mercado; finalmente, el marco legal que regula la actividad económica.
La laguna de Metztitlán, se ubica en los municipios hidalguenses de Eloxochitlán y Metztitlán, dentro de una zona de interés ecológico a cargo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas: la Reserva de la Biosfera Barranca de Metztitlán, decretada como tal el 27 de noviembre del 2000. Para el desarrollo de las acciones de aprovechamiento sostenible y conservación de la biodiversidad, además de la legislación ambiental, en la laguna de Metztitlán también se regula la captura de peces mediante la legislación pesquera, donde participa centralmente la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca, delegación Hidalgo.
La pesca que se practica en la laguna de Metztitlán es de tipo comercial y se distingue de otros tipos como la de subsistencia o la deportivo-recreativa porque aquella sirve para atender la demanda de los mercados, en ese caso, principalmente locales. Además, los pescadores están obligados a organizarse legalmente y en la actualidad existen cinco grupos registrados. La Carta Nacional Pesquera, documento que emana de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, indica que las especies permitidas para pesca comercial –tilapia, carpa y bagre en el caso de la laguna de Metztitlán–, se pueden extraer utilizando redes agalleras, embarcaciones menores de fibra de vidrio que midan entre 4.5 y 4.8 metros de largo como máximo, movidas con motores fuera de borda de 15 caballos de fuerza o en cayucos propulsados con remo. Por tratarse de un área natural protegida, cada organización posee un permiso de pesca comercial para escama dulceacuícola, expedido por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Cierto, en la laguna de Metztitlán la pesca comercial se realiza con especial atención a lo expresado en el programa de manejo de la zona protegida. Sin embargo, los propios pescadores han propuesto medidas voluntarias como las vedas a finales de cada mes y en determinados periodos a lo largo del año, las cuotas de extracción de 20 kilogramos como máximo al día por cada pescador, la restricción de horarios, el monitoreo y la inversión para la compra de alevines y su desarrollo en jaulas antes de la liberación. Hoy los pescadores de la laguna de Metztitlán han entendido que los recursos pesqueros son limitados y hay que respetar a la naturaleza para que continúe siendo proveedora de alimentos y fuente de ingresos, así contribuyen desde lo local con los tres pilares de la sostenibilidad: el ambiental, el social y el económico.

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