En los teléfonos de Seguridad Nacional se interceptó la siguiente llamada:
Voz uno: -¿Policía?
Voz dos: -Sí, ¿cuál es su emergencia?
Voz uno: -Un sujeto gordo, vestido de rojo, con barbas blancas se está metiendo por la chimenea de mi vecino y trae un bulto.
Voz dos: -¡Vamos para allá!… (Sonido inaudible).
Al día siguiente en los titulares de la prensa: “Muere acribillado a balazos, por soldados, presunto Santa Claus. Seis enanos con orejas largas, arraigados en el domicilio. Se les encontró infraganti arrullando a un niño Dios y en posesión de varias docenas de cajas con moños de colores. Iban a huir en un vehículo sospechoso piloteado por un reno de nariz roja y en el que esperaban tres cómplices autollamados Reyes Magos”.
Esa misma noche, en otra llamada telefónica intervenida por CISEN:
Voz uno: -Mi comandante, hay un niño que llora mucho en la casa de enfrente.
Voz dos: -¡Rápido!, traigan a la Policía militar, registren el domicilio y detengan a los sospechosos, pude tratarse de un secuestro.
¡Ultimas noticias!: “Un niño llamado Jesús se encuentra detenido con todo y pesebre, hasta que se realicen los estudios periciales para determinar si el heno encontrado en este no es mariguana.”
La piñaaata tieeene caca… Los lacayos de Enrique Peña Nieto vuelven hacer de las suyas. En peligro, delincuentes, claro. Pero también más de 120 millones de mexicanos que vivirán bajo las obscenas suposiciones de autoridades incompetentes que podrán soltar a los militares en las calles a su discreción… Caaacahuaaates de a montón.
Así nos amaneció después de una “ardua” discusión en el Senado de la República sobre la Ley de Seguridad Interior aprobada, pese cientos de señalamientos incluso de la ONU, por un puñado de senadores cobardes y traidores a la patria. Bienvenidos a un nuevo capítulo del terrorismo de Estado del México de nuestros amores. Y nos queda claro que en este país vamos para atrás, “cueste lo que cueste” comenzamos un retorno, por el camino del neofascismo, a la mismísima Edad Media. No cabe duda que la impunidad y la injusticia serán los saldos de esta ley y que crímenes de Estado como la desaparición de 43 normalistas seguirán impunes y se volverán a repetir.
Cuando Fray Diego de Soria le propuso al Papa realizar nueve misas para conmemorar el nacimiento de Cristo, nunca se imaginó cual sería el destino de las mismas. Al principio, todos muy obedientes a rezar como borregos, pero el pueblo, que casi no es fiestero, las convirtió en sendos reventones que conocemos como posadas. Una verdadera fiesta a la mexicana con orígenes religiosos que se convirtió en una de las tradiciones más importantes de este país. Así, aparecieron la piñata, las canciones, la comida, el nacimiento, las procesiones, entre otras cosas. Sin embargo, la penetración cultural yanki está poniendo en riesgo también esta tradición. La aparición de los cursilísimos villancicos y la abominable incursión del panzón de casaca roja llamado Santa Claus (que por cierto tampoco es de origen gringo), hijo prodigio del capitalismo y quizás el que más aporte capitales a los monopolios y trasnacionales, ahora también podrá ser protegido por militares, que sin regulación alguna, operarán a discreción. La piñaaata tieeene caca, tieeene caca…

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