La poderosa pandemia del entre

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editorial

Nada mejor podría definir a la corrupción que una pandemia, entendida en términos médicos como enfermedad que se extiende por un amplio trecho territorial o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región. Eso es la corrupción, un problema cultural no exclusivo de Hidalgo, por supuesto, pero que alcanza a la gran mayoría de quienes aquí habitamos. Todos en algún momento hemos caído de una u otra manera en la necesidad de eludir alguna situación con un entre de por medio. Como publicó Libre por convicción Independiente de Hidalgo la semana pasada, en 2015 al menos 77.6 por ciento de la población de 18 años y más percibió este mal como una acción frecuente o muy frecuente en el estado. El ejercicio elaborado por el Inegi refleja que las personas encuestadas opinan que en la entidad los trabajadores de gobierno, particularmente, abusan de sus funciones para obtener beneficios personales. Como anillo al dedo se estampan en la edición de hoy las declaraciones de la contralora Citlali Jaramillo, quien reconoció que en el tema de combate a la corrupción hace falta mucha comunicación con el personal en todo el sector de gobierno, actualización, preparación y capacitación. Como se aprecia, una labor titánica la que enfrenta esta área del Ejecutivo que ya cocina el Sistema Estatal Anticorrupción, cuyo primer bosquejo, por cierto, fue rechazado por el gobernador Omar Fayad al no contener los candados suficientes para amarrar las manos a sus empleados. Pero cómo erradicar este flagelo si 93.3 por ciento de las víctimas no denunció ante alguna autoridad por tres principales razones: 33 por ciento consideró que no se daría seguimiento, el resto opinó que es una pérdida de tiempo o que la corrupción es una práctica común. Como puede observarse, el gran inconveniente es que nos enfrentamos a un problema ampliamente naturalizado. Ahí radica el gran reto, que por supuesto no se resolverá en un sexenio; la cultura del entre requiere un urgente cambio de chip en nuestra sociedad. Una propuesta a largo plazo es promover valores con las nuevas generaciones, con mentes frescas, pero si en casa no reproducimos patrones anticorrupción la venenosa cadena continuará asfixiando el tejido social. De cualquier manera es loable el esfuerzo de los representantes en el gobierno, que sin embargo, ojo, a diferencia de sus antecesores continúan sin publicar sus declaraciones patrimoniales. El buen juez por su casa empieza, ¿qué no? De filón. Y a propósito de sembrar nuevos valores, la UAEH coordina una de las acciones que por su alcance prometen el anhelado cambio de mentalidad. Nos referimos al programa de divulgación de la ciencia y la tecnología en escuelas de todos los niveles de la región Pachuca. Como siempre a la máxima casa de estudios le distingue la responsabilidad social.

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