Decíamos en nuestra entrega anterior que solo un modelo económico diferente al neoliberal que se ha venido aplicando, es lo que podría marcar una ruta distinta rumbo al desarrollo económico sustentable, que avance en la disminución de la desigualdad, para ello es imprescindible tener como componentes fundamentales una educación de alta calidad, una investigación básica y aplicada pertinente e intensa y, en paralelo, una transferencia tecnológica y de conocimientos que den respuesta a las necesidades de productividad y competitividad del aparato productivo nacional, fundamentalmente de las Mipymes.
Desafortunadamente, el modelo aplicado hasta ahora tiene como motor a las empresas transnacionales, el modelo educativo es una simulación de su proceso de privatización, en tanto que en materia energética la quiebra de Pemex fue la estrategia para su venta en condiciones de remate, con la finalidad de atraer inversiones extranjeras, imponiendo sus condiciones para su alta rentabilidad y traslado de sus ganancias al extranjero.
Hablar de la política laboral es referirnos a un componente esencial de todo país y de toda comunidad, cuya base en nuestra nación es el constitucionalismo social, cada vez más ignorado en la práctica del presente régimen, que está resultando ser un gobierno neoliberal a ultranza, en detrimento del bienestar de la mayoría de los mexicanos, porque el trabajo es un derecho humano que debe ser garantizado para el desarrollo de las personas; no es cuestión de ley, sino de su cumplimiento, porque el discurso es uno y las acciones son contrarias al espíritu de la misma ley.
Esta situación se observa en el salario de 80.04 pesos por día, el cual es considerado el más bajo en Latinoamérica, monto que fue resultado de un incremento de 3.9 por ciento, cuando la inflación en ese momento era de 3.36 por ciento la general y 3.44 por ciento la subyacente, pero ahora la inflación es de 6.16 por ciento a mayo, según datos del Banco de México; por lo que el incremento no solo no representó una recuperación de poder adquisitivo, sino que estamos peor que antes del incremento, y eso que decían que el gasolinazo no impactaría en los precios.
Con cifras de 2016, 38.9 por ciento de las familias no puede adquirir la canasta básica; si bien el desempleo es de 3.6 por ciento, el subempleo asciende a 8 por ciento, que viene siendo un desempleo disfrazado junto a la informalidad que llega a 57 por ciento, lo cual quiere decir que la mayoría de las personas no tienen un trabajo fijo ni prestaciones sociales, por lo que la precariedad incrementa con el deterioro del gasto social por los recortes presupuestales y el debilitamiento de las prestaciones sociales que cada vez se reducen más.
El desarrollo y establecimiento de sistemas formales de seguridad social, en apoyo y fortalecimiento a los ingresos, como son los servicios médicos, representaron un paso importante en la evolución de las sociedades humanas, por supuesto que desde la óptica financiera y del crecimiento de la economía plantean desafíos, el mismo Coneval expone las premisas cuando se hace la pregunta, ¿qué se necesita para que aumente el ingreso de las familias? Al respecto, se contesta: “Se requiere de un mayor crecimiento económico y, por ende, de productividad; además de una mejor distribución del ingreso”.
¿Cómo lograr un mayor crecimiento y productividad? Si los productos más competitivos son los que tienen mayor contenido de conocimiento y las empresas más competitivas, son las que tienen capacidad de lograr transferir a sus productos más conocimientos, por lo que el conocimiento que se requiere es de dos tipos, el que está materializado en las aplicaciones científicas, tecnológicas y de innovación, y el que está en capital humano con competencias flexibles y eficaces, por ello es urgente una educación de alta calidad y lograr que las empresas desarrollen sus capacidades tecnológicas y organizacionales, mediante una cultura innovadora, para que directivos y personal sean innovadores, lo que implica una constante vinculación estratégica entre las empresas y las áreas generadoras de conocimientos, o sea, las instituciones educativas y centros de investigación, la estrategia es la transferencia tecnológica y de conocimientos.
De acuerdo con la iniciativa de Social Progress Imperative, México ocupa el lugar 48 de 128 naciones en el indicador de progreso social, en cuyo ranking ubica a nuestro país en el sitio 118 en seguridad personal, la violencia ya ha adquirido niveles intolerantes, por los numerosos asaltos a transeúntes y la prepotencia de policías y jueces, mientras que en corrupción nos colocan en el lugar 93.
Los mexicanos merecemos una política laboral que se sustente en las prestaciones sociales, el trabajo decente y un salario digno, así como de políticas públicas congruentes y efectivas, pero sobre todo de funcionarios y políticos honestos. ¿No lo cree usted?

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