El principal de los instrumentos que ahondaron la desigualdad en México y profundizaron la pobreza fue la política salarial que Enrique Peña Nieto aplicó; claro, las bases se sentaron desde el régimen de Miguel de la Madrid, cuyo modelo económico neoliberal lo diseñó, instrumentó y operó Carlos Salinas de Gortari.

Las señales de una crisis económica son muy fuertes, con riesgo de una guerra global, donde las armas tecnológicas serán las principales protagonistas por su acelerado escalamiento disruptivo a velocidades inusitadas.

La pobreza, las migraciones masivas, la delincuencia y la alta criminalidad, son evidencia de gobiernos fallidos, sobre todo por la desigualdad, consecuencia de bajos salarios para la mayoría y altísimos ingresos para la burocracia dorada, altas tasas de rentabilidad de las grandes empresas y los inmensos montos financieros acumulados por la corrupción.

Para Thomas Piketty, el incremento en la desigualdad de los ingresos es seguido de crisis sociales, económicas y, sobre todo, financieras, como la de 2007-2009; el fracaso de modelos económicos que dio pauta para aplicar políticas monetaristas, como el incremento en las tasas de interés, no resuelven de fondo las crisis económicas, políticas que tienen el efecto de una inyección de adrenalina para revivir al paciente, pero no lo cura.

Enfrentar las crisis financieras implica aplicar políticas tanto monetarias como fiscales, pero sobre todo laborales-salariales activas, como aquellas que fertilicen al bienestar de la sociedad, como la educación, la investigación y el desarrollo tecnológico.

Desde una perspectiva integral, impulsar una educación de excelencia en todos los niveles, así como formar cadenas de valor con la investigación básica y la investigación aplicada, ambas articuladas a una política de trabajo decente y salarios dignos, con una ruta hacia la productividad y competitividad de las Pymes.

El gobierno mexicano en lugar de asumir su liderazgo económico y social, aplicó ajustes monetaristas, orientados a favorecer a las empresas transnacionales, propiciando desajustes salariales hacia la baja de los trabajadores, frente a ingresos altos de las empresas transnacionales, incluso formándoles mercados, como el de la gasolina, que dio pauta al mercado negro, acompañado de la criminalidad, enfrentando precios de más de 20 pesos contra ocho pesos del huachicol.

En el caso de México lo más grave fue que en 30 años de gobiernos neoliberales, los salarios perdieron el 80 por ciento de su poder adquisitivo; según un estudio realizado por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se observa que en diciembre de 1987 el salario mínimo era de 6.47 pesos diarios, pero el precio de la canasta alimenticia recomendable (CAR) era de 3.95 pesos, el porcentaje que podía adquirirse de la CAR con ese salario era de 163.8 por ciento y el tiempo diario de trabajo para lograrlo era de 4:53 horas.

Para octubre de 2017, el salario incrementó a 80.04 pesos diarios, equivalente a mil 137.09 por ciento, pero el incremento de la CAR fue de 6 mil 111.14 por ciento, ya que llegó a 245.34 pesos, con lo que podía adquirirse solo el 32.62 por ciento de la misma, derivando en una pérdida de poder adquisitivo de menos 80.08 por ciento, requiriéndose 24.31 horas de trabajo.

Mientras tanto, 16 familias de las más ricas tenían activos por 25 mil millones de dólares en 1996 y para 2018 sus activos financieros ascendieron a 142 mil millones de dólares, creciendo en 568 por ciento.

La participación promedio de los salarios, como porcentaje del valor agregado en las 25 naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), es del 66.24 por ciento; México ocupa el último lugar con el 29 por ciento. En el reporte de Davos 2018 se identifica que si bien México tiene el lugar 46 en competitividad global de 140 naciones, tanto en materia laboral como en el Índice de Gini, que mide la desigualdad, caemos a la posición 100, en patentes tenemos el lugar 59, aunque cabe decir que el 95 por ciento de las patentes en México son para extranjeros.

Después de seis sexenios de aplicar un modelo neoliberal orientado a las exportaciones y de agresivo empobrecimiento laboral, siendo el peor el de Peña Nieto, la prosperidad ofrecida por estos gobiernos fue una gran mentira, una barata fantasía. ¿No lo cree usted?

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