Nunca habíamos tenido tanta información ni tantas oportunidades para debatir la actualidad. Sin embargo, en lugar de presenciar planteamientos rigurosos y honestos, la relación entre los políticos, los medios de comunicación y la sociedad se caracterizan hoy en día por la desconfianza y la apatía. ¿Qué ha ocurrido?

Desde un punto de vista muy global, respaldado por una amplia experiencia en tareas informativas, Mark Thompson explica “cómo en las últimas décadas los cambios políticos, sociales y tecnológicos han alterado de forma drástica la manera en que abordamos y discutimos las cuestiones que nos afectan a todos”

Es autor del libro Sin palabras ¿Qué ha pasado con el lenguaje de la política? Pero ¿quién es Thompson?

Se le identifica como experimentado comunicador de origen inglés, es presidente y consejero delegado de The New York Times desde 2012; de 2004 a 2012 director general de la BBC, y de 2002 a 2004 consejero delegado de Channel 4 televisión company. Se agrega que en 2012 fue profesor invitado de retórica y el arte de la persuasión pública en la Universidad de Oxford.

En la presentación de su obra se afirma que “La retórica política se ha convertido en algo dudoso y rancio que no ha hecho más que contribuir al discurso populista, que promete autenticidad, honestidad y confianza en contraposición a la manipulación y las mentiras que dominan el panorama actual”.

“En Sin palabras nos muestra cómo el lenguaje político está perdiendo su capacidad de explicar y conectar con la gente, cómo se abre una ominosa brecha entre los gobernantes y los gobernados, y qué puede hacerse para reanimar el debate público y revitalizar nuestras democracias”.

Plantean tres preguntas básicas: “¿Cómo podemos debatir cuestiones importantes en la era del vértigo informativo y noticias las 24 horas? ¿Qué significaba la retórica en el pasado y qué debe ser hoy día? ¿Y qué tienen en común Donald Trump y el Estado Islámico?”.

En un primer capítulo, Thompson sostiene: “El lenguaje importa. Las palabras no importan nada, y cualquier político, periodista o ciudadano de a pie posee una reserva ilimitada de ellas. Sin embargo, hay días en que unas pocas palabras bien elegidas adquieren una importancia crucial, y el orador que las halla decide el curso de los acontecimientos.

“Con el tiempo, los líderes, comentaristas y activistas dotados de empatía y elocuencia pueden emplear las palabras para no solo explotar la opinión pública, sino moldearla. ¿El resultado? Paz, prosperidad, progreso, desigualdad, prejuicios, persecuciones, guerra. El lenguaje importa”.

En otra parte, más adelante reitera: “Nuestras estructuras cívicas compartidas, nuestras instituciones y organizaciones son, buena medida, cuerpos vivientes de lenguaje público, de modo que, cuando cambia la retórica, también varían ellas. La crisis de nuestra política es una crisis de lenguaje”.

Toma un caso en particular: Trump.

“Su atractivo depende en gran medida de la creencia que es un hombre franco que no tendrá nada que ver con el lenguaje convencional de la política: un sondeo de Fox News en septiembre de 2015 reveló que el 44 por ciento de los votantes estadunidense encuestados, y un 62 por ciento de los republicanos, estaban de acuerdo con la afirmación de que “dice las cosas como son”, y ahora mismo necesitamos eso en un presidente”.

Aclara el escritor: “Por supuesto, no deberíamos confundir la ‘franqueza’ antirretórica con decir la verdad”.

Alude a lo que él vivió: “La política de los Estados Unidos en los que me tocó vivir estaba dominada por un hombre: Ronald Reagan”.

“Su voz, su cara estaban en todas partes”.

“Reagan era un misterio, un chiste de toda la vida que, de forma incomprensible había ganado unas elecciones presidenciales. Pero muchas personas a las que conocí lo habían votado y lo adoraban”.

No olvida enaltecer a personajes como Winston Churchill, analizando un fragmento de un discurso, el 13 de mayo de 1940.

“¿Me preguntáis cuál es nuestra política? Os lo diré: es hacer la guerra, por tierra mar y aire, con todo nuestro empeño y con toda la fuerza que Dios nos dé; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa que no tiene parangón en el siniestro y lamentable catálogo del crimen humano. Esa es nuestra política.

“¿Me preguntáis cuál es nuestro objetivo? Puedo responder con una palabra: la victoria a toda costa, la victoria a pesar de todos los terrores; la victoria, por largo y duro que sea el camino; porque sin victoria no hay supervivencia.”

Thompson discurre: “Hay dos partes, la primera está marcada por la repetición de la palabra “guerra”, la segunda por la reiteración de “victoria”, aunque tal vez la palabra más importante de todo el pasaje sea aquella hacia la que conduce todo lo demás: “supervivencia”.

De Penguin Random House Grupo Editorial, la primera edición es de agosto 2017.

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