Häxxan, Art Zoyd

En algún punto de la Historia, una de las obsesiones de la cultura ha consistido en privar de su alcance y luchar contra todo lo que representase el avance de las fuerzas del mal. De allí en adelante, cualquier capacidad de lo humano ha oscilado entre la búsqueda de la virtud y el encuentro con el ser superado y fortalecido en todas sus formas.

Cuando Christensen presentó Häxxan, todavía una versión muda del cine y en blanco y negro, no había una sola cosa que no fuera novedad, hasta las disciplinas sociales se encontraban en abierto estado del arte. Eran la manifestación más lograda del pensamiento y los avances, así fueran primitivos, contaban con un voto de honestidad fuera de toda duda. Así, la maestría del filme arrojó una luz fabulosa sobre el fenómeno de la posesión satánica, además de la brujería.

Con un punto de partida situado en el consultorio de un psicoanalista, quien atiende a una mujer que se autoproclama bruja, el realizador de la cinta, todavía con el recurso de los intertítulos para describir las reflexiones del médico, además presentados como las meditaciones de un estudioso que apoya su interpretación de lo que sucede, de pronto se remonta a la época de la Santa Inquisición persiguiendo brujas y cómo ellas se admitían con una condición única, en la que se incluían visitaciones demoníacas.

Precisamente es el psicoanalista quien se encarga de explicar que bajo el carácter de la patología, desde siempre se han presentado pacientes quienes se ven a sí mismos presas de una voluntad “ajena”, que las mueve a comportarse de acuerdo con impulsos que, pese a lo contradictorio y hasta errático de su manifestación, en el fondo siempre se trata de una situación que les hace verse ajenos, irreconciliables consigo mismos, pero a la vez incapaces de resistirse a esos episodios de los que tampoco saben dar explicación.

Cuando Starobinsky planteó sus ensayos, así como en el filme de Christensen, el autor tuvo el cuidado de analizar el papel de la narración de cada uno de los tres casos que componen su estudio, mirado tanto desde la perspectiva de la Historia como de la práctica médica, de manera que antes que pacientes, frente a él se encuentran condiciones humanas que aparecen representadas como posesiones, pero además se corresponden con relatos en los que la mitología ocupa un lugar protagónico.

Así las cosas, ¿cuánto de lo que correspondería al mal no sería otra cosa, excepto reconocimiento de una historia que a falta de estructura, se apodera del sujeto sin que este tenga la más remota idea de sus implicaciones?

Visionario a más no poder, el filme fue parte de un proyecto de musicalización que en su momento recibió, junto con Fausto y Nosferatu el tratamiento propio de Art Zoyd, que le infundió vida nueva a esta obra maestra del cine. Aunque en efecto se trata de un trabajo que no puede competir bajo ningún concepto contra las obras de Murnau y cuya estatura se encuentra muy por encima de muchos autores del expresionismo alemán, el Häxxan musical compite quizás como la mejor de las creaciones del grupo si se compara con el logro de lo hecho para las obras de Murnau.

Gracias a que Griffith ya era parte del vocabulario cinematográfico internacional, el uso de las elipsis y giros narrativos ya se encontraba en el vocabulario del espectador promedio; la gracia de Art Zoyd cuando emprendió el trabajo de composición fue justo subrayar esa característica de rompimiento de la linealidad temporal en la narrativa, cuando se dan las elipsis entre pasado y presente, subrayando un espíritu histórico que pasó de Edad Media, Renacentista, Gótico, Romántico… y aunque trabajado desde la línea de la música atonal, como desde siempre ha hecho el grupo, cada época es digna del enfoque de su tiempo.

Starobinsky, Christensen, Calasso, Zoyd… son poquísimos los autores que se han dado el lujo de permitir la existencia de una condición humana no sujeta a la discursividad de su tiempo y que por esa sola razón, cuando se pensaría en el origen de la anomalía, en realidad lo que hay es la oportunidad para un ensayo discursivo, por completo distinto.

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