Las profundas reformas que pretende realizar el presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en la administración pública en México y su papel “tras bambalinas (dixit Jesús Seade)” en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) están haciendo eco en América Latina, alimentando la esperanza de muchos países que ya lo visualizan como el líder que puede reconfigurar la relación del hemisferio sur con los Estados Unidos de América (EUA) y abre la posibilidad para que el mandatario mexicano se convierta en el vocero y mediador de nuevas políticas económicas y de resolución de conflictos regionales de larga data.

Frente a ello, AMLO deberá apuntalar su política exterior en el continente, reconocer los sentimientos que le dan identidad a la región y reencontrarse con los sueños de la añorada América Latina Unida. De hecho, están las condiciones políticas y materiales reales para recuperar el liderazgo regional (económico y diplomático) del que gozaba México hace algunas décadas. De igual forma, es posible acumular más dividendos en las negociaciones con el país hegemónico del norte; porque el lider mexicano no hablaría solo por un país, sino por un bloque regional (Lagos, El Clarín, 2 de septiembre 2018), recordándonos con ello el digno y soberano papel que jugaba nuestro país en el escenario internacional.

Los dividendos políticos de los que goza AMLO, la potencia cultural que representa México y, desde luego, su envidiable posición geoestratégica de bioceaneidad lo colocan como una economía comercial pujante que puede aspirar a convertirse en una subhegemonía continental. Para ello, el nuevo presidente deberá de estar claro que debe reactivar los acuerdos bilaterales y multilaterales de forma gradual, pero sobre todo estratégicos, que le permitan fortalecer sus acuerdos con las economías de Brasil, Colombia, Chile y Argentina, por ejemplo.

Políticos aldeanos vs políticos estadistas ¿Cuáles necesita México?

Por primera vez México tiene la oportunidad de ser dirigido por un presidente de izquierda, cuyos matices están siendo manifiestos en el modo u estilo con el que pretende gobernar: la austeridad republicana. Ello significa administrar los recursos de forma eficiente, transparente y respaldada con su ejemplo. Frente a ello, muchos políticos quedarán desencantados cuando se den cuenta que efectivamente la austeridad será el sello distintivo y que va en serio eso de que la política ya no debe ser más un negocio personal. Es posible que muchos sean seducidos por las mieles del poder y el dinero y, por desfortuna, serán el distractor que impidan acelerar el anhelado cambio al interior del país y de la proyección internacional que debieran impulsar las fuerzas políticas.

Una golondrina no hace verano, por lo que el éxito de esa administración estará sobre los hombros del presidente electo y de las verdaderas fuerzas progresistas que le acompañen. Si AMLO logra socializar este modo de gobernar a todos los niveles, seguramente mantendrá los dividendos de su partido en el largo plazo y depurará la administración pública de políticos que pegan con la izquierda, pero que desafortunadamente están acostumbrados a cobrar con la derecha, torciendo las leyes y avalando cualquier modificación a la ley con la intención de preservar su sistema de privilegio.

La posibilidad de replicar el viejo sistema político aldeano es latente, pero también es probable que algunos de la clase política actual se conviertan en estadistas y visionarios de largo plazo, que sin importar las siglas partidistas pongan en el centro de sus decisiones el interés nacional.

En esa coyuntura, todo analista serio sabe que los últimos acontecimientos sobre la renegociación del TLCAN no han concluido y que el presidente estadunidense Donald Trump ha mandado mensajes de confianza al presidente electo, porque con el que menos quiere quedar bien es el actual presidente Peña Nieto. Así que los acuerdos logrados la semana pasada de que el 75 por ciento del contenido de los automoviles sea reconocido para la región por encima del 62.5 por ciento anterior y asegurar al menos 16 dólares la hora para trabajadores de esa industria son buenos, pero la batalla de batallas estará en los acuerdos energéticos que impulsarán los EUA proximamente y, en ellos, el lobo vestido de cordero seguramente sacará los dientes.

Por ello, nuestro país deberá de contar con un congreso fuerte y alineado a la defensa de la soberanía, dejando de lado los intereses individuales y/o de grupo para anteponer los de México. Porque ya lo dice una máxima que muchos repiten, pero que solo lo hacen por ensalivarse la boca: “la patria es primero”, pero la patria será primero cuando verdaderamente hagamos de la función pública una convicción para servir al pueblo y no para servirse cínicamente.

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