José Luis Horacio Andrade Lara
Profesor investigador de la UAEH
Área académica de ciencias de la educación

En cuanto inició la fase expansiva de la epidemia del Covid-19 de China hacia los países asiáticos primeramente y hacia Europa en segundo lugar, y una vez declarada como pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se inició una etapa de aislamiento social, como la medida más viable, para contener su propagación y afectó en primer lugar a las escuelas.

Los sistemas educativos se suspendieron abruptamente y nos correspondió, casi en automático, a los profesores instrumentar e idear formas de continuar el trabajo en línea. Todo esto dio lugar a muchas dudas y expectativas. Por un lado, trabajar en línea repentinamente plantea retos que en el pasado inmediato nadie se hubiera imaginado, conocer formas rápidas de comunicación con los alumnos, para aprovechar el uso tradicional de las redes sociales o de las ventajas que algunas plataformas ofrecen como Google Classroom, o Schoology. Usar el Whatsapp, Facebook, enviar presentaciones en Power Point, PDF, utilizar el correo electrónico, y compartir tareas, documentos y materiales en Drive, entre otros, era algo más o menos conocido y no suponía mucha dificultad.

Por otro lado, el reto de buscar algo novedoso nos está llevando a los docentes y a los estudiantes a intercambiar ideas, experiencias con el uso de las nuevas tecnologías. Por interacción en redes sociales y contactos entre académicos encontramos la existencia de diversas aplicaciones para mantener comunicación y contacto con los estudiantes, entre las que podemos citar: Zoom, Google Meet, en Cisco Webex Meetings, o inclusive Videoconferencia Telmex, Microsoft Teams.

La idea fue motivar a los estudiantes que tuvieran la conectividad a Internet, a través de sus equipos móviles o computadoras para unirse a las reuniones virtuales e iniciar clases en línea. Esta experiencia fue enriquecedora, sin embargo, no fue con la totalidad de los estudiantes. A pesar de ello, logramos hacer de las clases virtuales algo cotidiano, pues tiene grandes ventajas para el intercambio y es una forma un tanto fantástica de la comunicación a distancia con video y audio.

El inicio es de resistencias a lo nuevo y desconocido, pero es una oportunidad inestimable que el Webinar ofrece de comunicación en línea. Todo esto nos plantea las dudas de los alcances y limitaciones que estamos viviendo con el trabajo docente “online”, pues no podemos realmente llegar a todos nuestros estudiantes, hay brechas digitales fuertes que imposibilitan el uso eficiente de la tecnología en este contexto de desigualdades sociales. Mientras hay estudiantes con una conectividad eficiente, hay otros con deficiente o nula conexión.

La capacitación a docentes en la UAEH, para virtualizar asignaturas a través del uso de la Plataforma Garza ha sido otra experiencia notable, pues al iniciar este ciclo escolar nos hemos servido de la tecnología para dar instrucciones precisas, con materiales al alcance de nuestros estudiantes con el fin de que realicen tareas y actividades y continuar la formación profesional universitaria con apoyo de sistemas de gestión del aprendizaje (LMS – MOODLE).

Ha sido una maravilla aprender formas de interacción con uso de la tecnología que en ese contexto ha llegado a sustituir las actividades tradicionales de la educación presencial. No podemos permitir que el sistema educativo colapse, lo que debemos hacer es inyectarle mayor creatividad, participación, cooperación y reflexividad, es rescatar a la educación de esta catástrofe de impacto negativo. Hay que proporcionar a los estudiantes, estímulos y oportunidades que contribuyan a entender mejor el mundo, es difícil pero no imposible. La resiliencia también se enseña en esta época de incertidumbre y complejidad.

Tenemos áreas de oportunidad, que debemos atender, como la capacitación docente, material didáctico digitalizado a nuestro alcance, dotar de mayor capacidad a los servidores de los centros escolares y servicios de Internet de alta velocidad y generalizado a la población escolar.

Hay que reconocer social y académicamente la creatividad y empeño que los docentes le han imprimido a todo este proceso y darles mayores oportunidades de formación y capacitación.

Es preciso recordar, por último, el principio de flexibilidad y equidad en la práctica docente, que necesitan y requieren los estudiantes que viven en comunidades alejadas.

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