La presencia femenina en casi cualquier trabajo es un hecho, pero esta pandemia me hizo ver que hombres y mujeres podemos desempeñar la misma actividad laboral, pero la motivación y el significado que damos a nuestra labor no se corresponden, tomaré como ejemplo el oficio de taxista porque un día que fue indispensable salir de casa usé dos veces el servicio de taxi, ida y regreso. Primero abordé el taxi conducido por una mujer, con quien a manera de hacer más corto el trayecto indagué sobre el impacto tenido por la cuarentena. De Regreso hice lo mismo con el taxista que me condujo a casa.

¡Ahí vamos, qué nos queda más que aguantar más! Fueron las palabras de una mujer que lleva siete años ganándose la vida conduciendo un taxi, para entonces sumaban dos meses de quedarse en casa. Su resignación se ancló a la imposibilidad de exponer a los niños y niñas para asistir a la escuela. Además, las y los trabajadores bajo nómina pública o privada estaban haciendo homework, la gente dejó de salir a la calle, así que la oferta de taxis superó la demanda de usuarios.

La sobreoferta de transporte público facilitó mi abordaje de taxi conducido por un hombre, quien refirió no ser originario de Pachuca pero su oficio desarrollado durante tres años ya lo ha llevado a casi todos los rincones de la ciudad “conozco más Pachuca que los propios pachuqueños” fueron sus palabras con tono de orgullo. Al cuestionarlo sobre los efectos de la pandemia en su trabajo, también se quejó de la insuficiencia de pasaje, pero agregó que a través de sus dirigentes estaban solicitando apoyo.

La diferencia de actitud para enfrentar la crisis está permeada por la condición de género que también lo noto con las personas que cotidianamente transitan por las calles de mi colonia para ofrecer sus productos, porque la prolongada permanencia en casa me ha permitido situar días y horas de los diversos vendedores ambulantes que ofrecen sus mercancías de casa en casa, cada vez es más frecuente un vendedor o vendedora nueva. Entre todos los casos llamó mi atención un dúo de vendedores de pastes, luego me enteré que se trataba de una mujer de la tercera edad animando a su hijo adulto para la venta de alimentos, ella era la voz ofertante del producto, el otro se concretaba a cargar la mercancía.

El comercio es una actividad que las mujeres han realizado desde siempre, el manejo de transporte público es un trabajo más reciente y ahora en los cruceros noto presencia femenina para limpiar parabrisas. Hombres y mujeres ante la crisis de salud y crisis económica están buscando el sustento por todos los medios, pero también noto que los varones esperan ayuda, las mujeres en su rol de cuidadoras de sus propios hijos o de alguien más, ante situaciones de precariedad no tienen tiempo ni posibilidad de esperar ayuda, ellas se urgen resolver las necesidades, especialmente cuando se trata de alimentos, vivienda o enfermedad, pues al final del día, los hijos o las personas dependientes no dirigen sus peticiones a los varones de la casa si existe una mujer, será ella quien escuche las peticiones de comida y de cuidados.

Ante la pandemia por el Covid-19 ¿quiénes son las afectadas? Las mujeres que en su rol de cuidadoras deben tener acceso a recursos y medios para cumplir su papel, o en su defecto, realizar lo necesario para obtenerlos ya sea como taxista, como vendedora ambulante o como limpia parabrisas, pues las monedas que obtengan siempre estarán destinadas a la comida y cuidado de los otros.

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