Tarde de frío impasible, aire intenso que trozaba el pellejo al correr aguas abajo del viejo arroyo del Mineral de Pachuca, el que en su nacimiento tiene la concentración de lluvias de las cañadas del Rosario, San Nicolás y la vetusta barranca de la Lagunilla, que da origen a la del Tulipán. Al norte y noreste del valle del Anáhuac, circundado por el cerro Sincoque, el cerro de Jalpan, la sierra de Tezontlapan y, lo más importante para la vieja villa, la sierra metalífera de Pachuca de montañas de argento con famosas minas que tanto han producido, que dieron nacimiento y realce a este añejo mineral de los cuatro reales.
La viejilla sabía que la plaza Mayor o de Mercaderes está ligada a la fundación, principio y a la historia del mineral que hoy conocemos. Lo que transmitía a su atado de mulos de los Pelones en los años de la segunda mitad del siglo XX, era lo que escuchó por voz de sus antiguos. Aseguraba que aquí todavía a finales del siglo XVIII, cuando la miserable villa del Mineral de Pachuca iniciaba la cumbre de su definición y hasta los primeros años del siglo pasado, se vieron marchar cofradías, archicofradías y gremios, lo hacían festivamente en el día de celebración de sus santos llegando hasta el enorme convento de San Francisco.
La abuela decía en tono sarcástico casi en risotada “sabíase que nada más en los altares del templo de nuestra Señora de la Asunción existían más de una docena de santos”, que eran cabeza de las cofradías y gremios, los recitaba de memoria “Jacobo Vitriaco, Argentoli, Mateo de Francia, Carlos Borromeo, Clemente, Lino, Dámaso, Aniceto, Ascanio, Fulco, Hipólito, Sebastián de Villoslada, Leonardo, Emiliano Lucio, Antonio de Santa María, Roque González y, la de los gachupines de teta y nalga, la Señora de los Remedios sufriendo en lamento su abandono, traspuesta por reemplazo devocional a la Guadalupe.
En esos tiempos se daba cita la mayor concentración de procesiones en Corpus Cristi, donde se peleaba por encabezarlas la cofradía de los nazarenos en rivalidad directa con los franciscanos presidida por el Mulo de Regla, don Manuel Romero, ocupando el mejor lugar el que aportaba más plata a la mayor de las fiestas de la villa. Con los franciscanos todo miembro portaba túnica café y larga, guaraches de suela de llanta, enorme lazo o cordel con fuertes nudos ceñido a la cintura donde colgaba pesado crucifijo. Los “gremios, cofradías y archicofradías se veían llevando en andas y el paso a su santo en devoción, que lucía ricas vestimentas en hermosos palios de terciopelo rojos, grana, carmesí, todos cual más dorados y decorados con relucientes hilos de oro sobresalía la túnica del nazareno de innumerables adeptos presumiendo bordados en plata de la región, oro, amatistas y perlas, con decorada y preciosa corona aurífera, portando una pesada cruz del nazareno artísticamente labrada, dorada bellamente con pan de oro y dolientes clavos de plata.
La viejilla relataba inolvidables procesiones de los reales mineros, en las que acudían todos los trabajadores mineros con su familia, la población de barrios primigenios del mineral participaba y presenciaba este concurrido desfile misterioso, pausado y solemne por la torcida calle de la Asunción a San Francisco, se sobrepoblaban de espectadores en las azoteas, en los portones, zaguanes y ventanas. Se concentraban todos los tipos del real minero y lugares aledaños, veíase el malacatero, el calesero, el barretero, el profesor, el tocinero, el herrero, junto con el carpintero, el jicarero con el propietario del tinacal y el arriero, el de sombrero jarano con el de palma o con el de copa alta, se juntaban las mujeres de mantilla de burda imitación española con las muchas de rebozo verdinegro de Tulancingo, el trayecto entre flores naturales blancas de muchos tamaños, olorosas velas de todos los tipos y formas, con hachas y hachones de diversas medidas, portaban los feligreses y espectadores velas cortas, largas, gruesas, gordas, delgadas de cebo y cera, entre angelicales y pulcosos cantos.
En su día de marcha, desde muy de mañana la chueca calle terrosa, polvosa, empedrada con hoyos y charcos malolientes se vestía de fiesta, la lonja de arcos del virreinal portal con los pasillos bajo los soportales y la plaza principal de Mercaderes, Constitución, se llenaba de puestos de vendimias de toda variedad de aquí, de juguetes de Michoacán los trompos, yoyos y baleros, alebrijes de Oaxaca, dulces cristalizados en cazo de Aguascalientes, Puebla y San Luis, rico pan en huacales llegado de Tlaxcala para la fiesta. Gritos de mercaderes, estruendos, olores penetrantes de las muchas comidas en los tamales de hoja de totomoxtle o papatla de cochino o pollo, todos de chile colorado, en las despampanantes cazuelas de barro greteadas, alegres y coloridas desprendían seductores aromas de nopales, chicharrones, carnes de marrano, sangre de borrego, moronga, raspadura, mole de olla y sahumerio de todos los chiles e inciensos. Imprescindible la alegría sin disimulo de los cueros de chivo o cochino con espumoso y apestoso pulque de Los Llanos servido en jícara que circulaban pasando de mano en mano escurriendo hasta formar alacranes.
En procesión, a la cabeza los principales; el alcalde, el alguacil mayor, para alumbrar a la cruz y los ciriales, seguido de los capataces de las minas, todos empuñando en mano derecha enguantada un grueso cirio de cera con una dorada arandela seguidos de las cofradías y gremios a la vista de todos.
El cascabel al gato pita. Fayad dijo “todos estamos cansados de la deshonestidad y la impunidad”, ¿la administración pasada entre recovecos esconde una deuda de 15 mil millones de pesos?, la mitad del escandalo de Moreira. Al nuevo gobierno a 100 días se le ve un debilitamiento constante de la imagen ¿por seguir la línea, por encubrimiento? ¿Se paga a los medios con tal de disfrazar la noticia, pasquines con elogios ocultan? ¿El griterío y descontento por corrupción terminarán por alcanzarlo?

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