La punta del iceberg

329
columna

París es conocida como “la ciudad del amor”. Para millones de parejas en todo el mundo, un sueño incomparable hubiese sido pasar el Día de San Valentín en la capital francesa: navegar por el Sena, contemplar el arte en el Louvre y, por supuesto, consagrar el amor con un beso bajo el monumento al romance por excelencia: la Torre Eiffel.
Seguramente esas fantasías, que rayan en el cliché, se alojaron en el pensamiento de algunos jugadores del Barcelona el pasado martes, pues de otro modo no se explica la goleada categórica sufrida en el Parque de los Príncipes. O eso creen muchos.
En situaciones tan escandalosas como esta, resulta muy difícil señalar uno o varios culpables. Por lo general, se habla de que todo el equipo jugó mal, pero el entrenador es el que paga por los platos rotos. El propio Luis Enrique se adjudicó la responsabilidad de la masacre de París, como diciendo “antes de que me empiecen a molestar, lo digo yo.”
Es bien sabido que el técnico culé suele tomar actitudes prepotentes cuando la prensa lo cuestiona, por lo que no es de extrañar que los rumores, fomentados por medios y periodistas, coloquen a Lucho fuera de la institución. Incluso se habla de una posible llegada de Jorge Sampaoli para la siguiente temporada, a lo que el chileno responde, como asegura Mundo Deportivo, “dejándose querer”.
¿Qué pasó en el ya mencionado cotejo? Barcelona jugó su peor partido de la temporada y el local mostró su mejor versión. Los visitantes dependieron en exceso de sus delanteros, que no estuvieron finos, con lo que la media cancha se vio sin claridad ni ritmo.
Los locales, por su parte, aprovecharon la ocasión para organizarle una fiesta de cumpleaños a Ángel Di María, quien se despachó con dos goles. Llamó la atención la ausencia de Ivan Rakitić, quien arrancó una vez más en la banca para dar minutos a André Gómez.
Los últimos puntos expuestos arrojan un síntoma que se ha vuelto una constante en el funcionar –por así decirlo– del equipo catalán: dependencia en la MSN, inconsistencia en la alineación titular y falta de fortaleza en el medio campo. Si a esto le sumamos la lesión de Aleix Vidal, estaremos ante un club que se las deberá ingeniar para conseguir no uno, sino 10 milagros. Será la unidad y comunión en el vestuario lo que determine si Barcelona logra salvar la temporada o debe comenzar a replantear su esquema táctico.

Comentarios