Lol Canul

Desde hace unas semanas me encuentro como voluntaria en el Centro Mexicano de la Tortuga, en la costa de Oaxaca. Como una de mis tareas se me asignó asistir al equipo del campamento encargado del monitoreo de tortugas en la playa de Escobilla para el fenómeno de eclosión de tortugas golfina, la única especie que ha salido de la lista de animales en peligro de extinción. Vivir esa experiencia, por la que algunas agencias de viajes ofrecen paquetes en playas paradisiacas del país, es una maravilla.

Sin embargo, no lo ha sido para mí por una promoción romántica del rescate de tortugas, de ayuda al medio ambiente o de unas relajantes vacaciones en conexión con la naturaleza; por encima de esos aspectos existe una realidad acerca de nuestra intervención humana en el comienzo de la vida de las tortugas.

Antes de empezar, se me instruyó de manera breve que hay que buscar nidos sobre la playa y llevar a las tortugas a salvo al mar. ¿De qué habría que salvar a las tortugas? La costa está llena de aves y cangrejos que se alimentan de ellas, además, el campamento de Escobilla se localiza en un manglar, en el que hay un río apenas a unos metros del océano y en el que habitan cocodrilos y otras especies que amenazan la vida de las crías que, por accidente en su búsqueda, llegan al río.

Antes de asistir al campamento, perteneciente a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, no había pasado por mi mente la complejidad de la tarea ni lo impactante que sería. Me encontré con que la realidad de hacer eso es enfrentarse a zopilotes, verlos a pocos metros comerse a las pequeñas tortugas imposibilitadas de enfrentarse a ello, incluso asustarlos de los nidos que ya están atacando, quitarle tortugas a los cangrejos, encontrar muchas mal heridas y moribundas, con pocas posibilidades de sobrevivir las siguientes horas, encontrar cadáveres de tortugas mutiladas, semidevoradas.

Debía hacer el conteo de las crías que lograra hacer llegar al mar, mi cuenta entregada esa mañana fue de 495, de un total de nueve nidos tras cinco horas de ardua labor bajo el Sol, tiempo en el que calculo, debí haber visto el triple de cadáveres de crías de golfina sobre la playa.

Pero el punto más importante, es que no hice absolutamente nada que realmente pudiera salvar a las tortugas de un peligro real. Se cree que la tortuga marina tuvo su origen hace 150 millones de años y desde entonces ha existido en un delicado equilibrio del ecosistema en el que siempre ha tenido –y tendrá– depredadores naturales.

Pero ha sido la actividad humana lo que la colocó en riesgo de extinción a través del saqueo de nidos, explotación industrial, consumo humano y, sobre todo, resalta la contaminación a su medio ambiente, que amenaza no solo a ese animal, sino a toda la vida marina.

Una reciente investigación de la Universidad de Newcastle, dirigida por el doctor Jamieson, examinó 90 diferentes animales marinos en variados ecosistemas que incluyeron la Fosa de las Marianas, y encontró ingesta de plástico en 72 por ciento de las especies, en el 100 por ciento de los ambientes estudiados, lo que demuestra que no queda un solo ecosistema marino libre de contaminación por los desechos generados por la vida humana.

Se estima que existen 300 millones de toneladas de plástico ensuciando los océanos, y que menos del 9 por ciento del plástico generado a nivel mundial es reciclado. Con todo eso, la ONU concluye que de seguir así, la presencia de plástico en el mar superará la cantidad de peces que existan en él para 2050.

En conclusión, lo único que hice y que hacemos cada vez que intervenimos en la recuperación de huevos y eclosión, es meter mano en un proceso que debería ser natural y en el que deberíamos coexistir, pues debemos entender que el ecosistema que habitan las tortugas es el mismo que habitamos. Lamento romper el romanticismo de que llevar tortugas a la playa es salvarlas. Lo que sí es urgente que hagamos, es dejar de producir y utilizar plástico, como una acción de real cuidado al medio ambiente.

Si desean conocer el proceso para realizar voluntariado en el CMT, pónganse en contacto a través de Facebook, mediante la fan page de Red Pro Animal para recibir información.

Twitter @lolcanul

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