Justo hace un par de días hablábamos en este espacio sobre que Hidalgo había ratificado su nada honroso primer lugar nacional en cuanto al número de tomas clandestinas de hidrocarburo detectadas, por encima de Puebla y Guanajuato, dos estados también asolados por esa actividad ilícita. Hace un par de días reflexionábamos respecto a que poco faltaba para que en nuestra entidad la población desafiara abiertamente a las autoridades locales e incluso al Ejército mexicano, como ya ha ocurrido en el estado vecino de Puebla. No obstante, no pasaron ni 48 horas para que sucediera un acto en el que al menos 70 personas desafiaron y enfrentaron a la autoridad tras el aseguramiento de una camioneta con combustible supuestamente robado en Mixquiahuala. El hecho ocurrió mientras cinco patrullas vigilaban el traslado de la camioneta referida. Mientras cruzaban un camino de terracería rumbo a Tula, unas 70 personas agredieron a los policías de Mixquiahuala, que resguardaban el combustible decomisado. La ofensiva contra los uniformados fue violenta, por decirlo de alguna manera, pues quienes se manifestaban utilizaron piedras, palos e incluso armas de fuego. Como hace dos días, preguntamos desde esta tribuna: ¿qué falta para que las autoridades establezcan un plan que permita al menos impedir el crecimiento y cada vez mayor presencia de los huachicoleros en nuestra entidad? ¿Necesitamos ofensivas aún más violentas? De filón. La organización México, ¿Cómo Vamos? volvió a ubicar a nuestro estado como uno de los que menos crecen, pero además colocó a la entidad como penúltimo estado en materia de informalidad. Una combinación explosiva que demuestra que Hidalgo aún no sale de los últimos lugares de la tabla.

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