Solo a través de la triada: educación de alta calidad; una intensa y focalizada investigación, básica y aplicada; como un proceso de transferencia de tecnología y de conocimientos, es como puede lograrse un desarrollo económico sustentable que supere la desigualdad y logre avances significativos en el bienestar social; superando y sustituyendo los preceptos del modelo neoliberal cuya máxima puede observarse en el llamado Consenso Washington, donde John Williamson, en 1990, sintetizó en 10 fundamentos, entre los cuales está la consideración como áreas menos productivas a la educación y a la salud, por lo que, los gobiernos como el mexicano, deben reorientar su gasto público reduciendo recursos financieros a esos rubros.
El gobierno de Peña Nieto ha dado cabal cumplimiento a esa instrucción neoliberal, a pesar de que expresa reiteradamente que la reforma educativa está orientada a mejorar su calidad, realmente no es así, ya que ha venido aplicando recortes presupuestales; al finalizar 2016, fue anunciado que el recorte a educación sería de 12 por ciento, sin tomar en cuenta el incremento de la inflación que en ese entonces estaba en 4 por ciento, pero si consideramos que la inflación subió a 6.3 por ciento gracias al gasolinazo, (a pesar de que José Antonio Meade dijo que no impactaría a los precios) hay que considerar también que la población en edad escolar aumentó, por lo que el recorte representa por lo menos un 20 por ciento inferior respecto al asignado en 2016. En consecuencia, el presupuesto destinado a la educación ha pasado de 4 a 3 por ciento del PIB, cuando por ley le corresponde 8 por ciento, ¿a cuánto se reducirá con el recorte para 2018 ya anunciado por Hacienda?
Tal parece que el optimismo que caracteriza y envuelve a la reforma educativa consiste en un programa mediático para convencer sin lograrlo, porque los padres y los jóvenes no ven futuro y los docentes agrupados en la CNTE persisten en defenderse de una evaluación que no evalúa, pero sí consume una gran cantidad de recursos financieros, más bien parece una estrategia para someter al gremio, cuyo peso político era evidente, primero corrompieron a sus dirigentes y, después, antes de atender deficiencias y focalizar problemas de gestión, se instrumenta una campaña plena de optimismo a la que le designan recursos presupuestales, pero no se da mantenimiento a las escuelas, ni se busca superar la falta de actualización en la docencia, por el contrario, se recorta el presupuesto.
Esto significa una simulación de reforma para desmantelar un sistema educativo que a pesar de que conserva en la ley su condición laica, en 1992 se eliminó la prohibición que existía para que las corporaciones religiosas y los ministros de culto impartieran educación, aunque de hecho lo venían haciendo.
Prevalece en mandato de ley que todo individuo tiene derecho a recibir educación y toda la educación que imparta el Estado será gratuita; sí, prevalece, pero los recortes presupuestales evidencian su incumplimiento, eliminando de facto, mas no en el discurso oficial, la función social de la educación como responsabilidad del Estado dictada a la gestión pública; en lugar de cumplir con ello la reforma educativa culpó al magisterio de todos los problemas del sistema, el fin último ha sido desmembrar la agrupación sindical para evitar resistencias a la privatización en favor de las transnacionales, que profundizarán la desigualdad.
El problema de la educación en todos sus niveles es de proporciones sistémicas y sistemáticas, gracias a las nuevas condiciones socioeconómicas, políticas y sociotecnológicas que han derivado a nivel global en la convergencia de la nanotecnología, biotecnología, infotecnología y cognotecnología; al grado que un niño hoy puede esperar cambiar de trabajo al menos siete veces en su vida y cinco de esos trabajos aún no existen.
La educación, para cumplir con su papel de ser la variable de soporte de un desarrollo económico sustentable, debe propiciar la igualdad, lo que significa impartir la mejor educación a quienes más lo necesitan, pero la llamada reforma educativa, con los recortes, está a la inversa, dando la peor educación a los que más la necesitan, en términos de infraestructura, de condiciones, de disponibilidad de materiales, como de recursos tecnológicos y pedagógicos; bases para desarrollar el pensamiento crítico-creativo-analítico, así como desarrollar el entendimiento personal, su interactividad sinérgica, y conocimiento de su entorno, todo ello con sentido humanístico global.
Esto es lo que debiera, porque lo que tenemos son 6 millones de analfabetas, 10 millones sin primaria y 16 millones sin secundaria; mientras que 24.7 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 29 años ni trabajan ni asisten a la escuela, y nos preguntamos, ¿de dónde salen tantos delincuentes? ¿La reforma educativa Peñista es o no una simulación? Y, ¿usted qué piensa? En la próxima entrega hablaremos de la investigación.

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