Fernanda Aguilar

Ya lo decía el periodista y politólogo José Natanson en una entrevista por allá de 2014: “Los datos de Latinobarómetro confirman que, en América Latina, los medios de comunicación se encuentran a la cabeza de los rankings de confianza en diversas instituciones, superados solo por la iglesia católica y muy por arriba del gobierno, la empresa privada, la policía o los sindicatos.

“Sin embargo, atraviesan una etapa de crisis profunda. La crisis es, en primer lugar, tecnológica, pues la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (de Internet a las tabletas y los celulares inteligentes, de Twitter a los portales de noticias) está cambiando a toda velocidad la forma en que se conciben los medios, su relación con el público y los procesos de construcción de la noticia.


Y esa crisis perdurable hasta nuestros días originó que los medios de comunicación tradicionales como los periódicos cambiaran sus valores de investigación por la inmediatez y cualquier persona que trabaje en una redacción puede dar fe de eso. Los artículos de investigación y los reportajes son cada vez más escasos, ahora vivimos una época en donde “lo noticioso” debe generar likes y reacciones a gran velocidad para volverse virales y de alto impacto.

Con el uso de la tecnología, los recursos humanos también son afectados con bajas importantes de personal, lo impresos sobreviven con escaso equipo de 10 personas aproximadamente en cada redacción, tomando como ejemplo diarios locales, entre reporteros, diseñadores, editores y fotógrafos, la mayoría dependiendo de cadenas nacionales.

Y esto genera una falta importante de conciencia en el trabajo de investigación y la vulneración de derechos entre sectores de la sociedad. Un claro ejemplo es el manejo que otorgan las firmas noticiosas a temas como el medio ambiente o la protección animal.

Si bien es cierto que las redes sociales son grandes aliadas en difusión de información sobre maltrato, adopciones, garantías, herramientas consejos y otros tópicos para concientizar sobre la importancia de los seres vivos y el papel que desempeñan en este planeta, también son un arma de doble filo al reforzar y propiciar estereotipos que nada abonan a la lucha.

Esta semana, una nota sobre el supuesto ataque de una gata hacia su dueña se volvió rápidamente viral en portales web. Prácticamente todos los medios reportaban que una habitante de Arcángel, una localidad situada al norte de Rusia, debió encerrarse dos días en su cocina pues cada vez que intentaba salir su felina quería atacarla, situación que parece inverosímil a primera instancia.

Los medios aseguran que incluso un comunicado de la policía narraba esos hechos, pues ayudaron a la mujer y capturaron a la gatita con una manta. La situación está de risa pues cualquiera que tenga a estas mascotas como compañeros sabrá de antemano cómo calmarlos ante un lapso de ansiedad.

Me causa intriga que la dueña no sepa que los gatos se calman con tan solo rociarles un poco de agua (no hay necesidad de mojarlos completamente), aun cuando estén en plena batalla campal con otro minino en la azotea o bien pudo lanzarle una manta como hicieron los elementos policiacos.

La nota de por sí genera muchas dudas, y aunque fuera cierta, faltan elementos que indiquen el actuar de este “michi” y también el de su humana. La gata pudo estar enferma, la dueña puede ser nueva en el tema de los mininos o pueden existir un sinfín de posibilidades para que los hechos tomen un poco de congruencia.

Y así una nota que parece inofensiva se volvió una campaña en contra de la adopción gatuna y un refuerzo más para creer que son así de agresivos. Situación que es agravada si se toma en cuenta que en 2018 la Asociación Mexicana de Médicos Veterinarios Especialistas en Pequeñas Especies (AMMVEPE) estimaba que había 70 por ciento de animales domésticos abandonados en las calles, cifra que aumenta 20 por ciento cada año.

Otra nota que generó impacto esta semana fue la de un cerdito amarrado a un bungee jumping para promocionar esa atracción en un parque de diversiones en China, con la cual la mayoría de los medios de comunicación buscaron generar reacciones de burla o asombro entre sus lectores, pero no de conciencia sobre la protección de los derechos animales.

Y como vemos en municipios como Mineral de la Reforma, puede que las autoridades quieran impulsar campañas de protección y adopción, pero a los medios de comunicación les falta mucha empatía y conocimiento de derechos de animales para ser un aliado más en ese y otros temas urgentes con valores profesionales y serios en cualquiera de sus secciones.

Comentarios