CÉSAR AYALA
Lima

Cuando se tienen relaciones sexuales, el cuerpo experimenta una serie de cambios físicos y psicológicos que acompañan a hombres y mujeres. Estos cambios llegan de manera gradual y paulatina, por lo que han sido descritos en cuatro fases que permiten comprender mejor lo que va sucediendo en el cuerpo; estas fases son: deseo, excitación, meseta y orgasmo, y hoy te explicaré en qué consiste cada una.
La fase del deseo básicamente son las ganas que se sienten de iniciar una actividad genital, es una especie de apetito o interés sexual. El deseo tiene que ver con lo físico, ya que en ese momento se activa una parte del cerebro que libera ciertas sustancias llamadas hormonas. Si una persona se siente muy cansada, probablemente su apetito sexual disminuya. Pero también en el deseo interviene lo psicológico, puesto que los valores, creencias, temores e ideas sobre la sexualidad, van a determinar que la persona sienta ese interés o apetito sexual; por ello, si se cree que se está haciendo o se hará algo malo, dañino, sucio o “pecaminoso”, la persona posiblemente no pueda experimentar el deseo. Igualmente, si la persona no está cómoda por el lugar, el momento o la pareja con la que comparte esa experiencia, tampoco logrará que el deseo se haga presente o estará disminuido.
Luego viene la fase de excitación, la cual se caracteriza por cambios en los genitales, pero para que esta suceda son necesarios los estímulos agradables, ya sea por la vista, el tacto, el oído, el olfato, los pensamientos, vaya, en general todo aquello que implica la seducción. Sin embargo, los hombres y las mujeres se excitan de manera distinta. Cuando los hombres están excitados, su cuerpo responde a través de la erección del pene, también los testículos se elevan un poco y puede empezar a salir el líquido preeyaculatorio. No obstante, en la mujer los genitales aumentan de tamaño, se humedecen y la vulva se enrojece. Ellas tardan más tiempo en alcanzar esa fase, por lo que requieren de más estimulación que los varones. Además, el tiempo que se destine a las caricias y juegos sexuales (primero en sus zonas erógenas no genitales y después en los genitales) les produce mucho placer. Para que se pueda dar la penetración, la mujer debe estar excitada, ya que de lo contrario sentirá dolor y poco placer.
Posteriormente llegamos a la fase de meseta, ese momento en que si se continúa con la excitación, puede llegarse al orgasmo. La duración de esta fase depende de las personas y su deseo de alcanzar el orgasmo, la edad, o los estímulos que está recibiendo. En esta fase puede suspenderse por un momento la estimulación para volver a la fase de excitación anterior y reiniciar la estimulación, ya que retrasar el orgasmo hasta que ambas personas estén bastante satisfechas puede resultar muy placentero.
Finalmente viene la fase de orgasmo, aquella a la que solamente se llega si la excitación continúa. Esta fase dura de tres a 15 segundos y se caracteriza por un conjunto de sensaciones y contracciones involuntarias que se producen al alcanzar el punto máximo de excitación. Generalmente, durante el orgasmo el hombre eyacula (descarga del semen por el pene). Luego viene un tiempo en que este pierde la erección y es incapaz de tener otro orgasmo, a esto se le llama periodo refractario. En la mujer, el orgasmo se experimenta con contracciones en los músculos genitales externos. La mujer suele alcanzar el orgasmo más fácilmente por estimulación del clítoris y solo unas cuantas (30 por ciento) tienen un orgasmo con la penetración. La mujer puede tener varios orgasmos, uno después del otro, lo que es denominado multiorgásmico. A pesar de eso, muchas no experimentan orgasmos por falta de estimulación adecuada o por inhibiciones personales. Además, el orgasmo también es una experiencia emocional y personal que cada persona vive con una intensidad y sentimiento distinto.

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