Después de años de indecisiones, de conflictos sociales y de miles de millones de pesos gastados en proyectos, al final el plan de establecer una terminal aérea en Tizayuca para la capital del país comienza a resucitar y a cobrar forma. Ayer durante el desayuno de conmemoración del Día de la Fuerza Área Mexicana, en la base militar de Santa Lucía, el presidente Andrés Manuel López Obrador deslizó que podrían ocupar un terreno de 900 hectáreas, ubicado en Tizayuca, con el objetivo de atender los problemas de saturación en el aeropuerto internacional Benito Juárez de la Ciudad de México. El espacio, explicó López Obrador, se está estudiando en conjunto con Omar Fayad, gobernador de Hidalgo. “Estamos viendo la posibilidad de disponer en el mediano o largo plazo de un terreno en Tizayuca de alrededor de 900 hectáreas”, dijo el mandatario frente a la elite militar y el gobernador del Estado de México Alfredo del Mazo. El lector debe tener presente que el sueño de tener un aeropuerto en Tizayuca viene desde el sexenio de Manuel Ángel Núñez Soto, quien cabildeó intensamente para que el entonces presidente Vicente Fox decidiera construir la nueva terminal aérea para la capital del país en ese municipio del sur de la entidad. No obstante, Fox decidió construirlo en Texcoco pero un grupo de campesinos y activistas en resistencia lo impidió. Años más tarde, con el expresidente Peña, se revivieron ambos proyectos y de nuevo Texcoco fue favorecido. Pero con la llegada de López Obrador, una tercera vía, la utilización del aeropuerto de Santa Lucía, como parte de un sistema metropolitano, resucitó el plan para Tizayuca y sepultó otra vez a Texcoco. No se saben más detalles: solo la posibilidad de tener un espacio disponible de casi mil hectáreas, pero nuevamente Tizayuca está en la jugada. Las vueltas que da la vida. De filón. Más de 5 millones de litros de hidrocarburo, producto perteneciente a Petróleos Mexicanos (Pemex), han sido decomisados en Hidalgo en los últimos tres años y más de 3 mil tomas clandestinas localizadas en territorio hidalguense desde 2016, son dos cifras que nos hablan de un problema grave para la entidad. Y también nos dicen que una tragedia como la de Tlahuelilpan era solo cuestión de tiempo.

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