La revolución encarnada en un hombre

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Arturo Moreno Baños

Durante la semana aconteció una sentencia que por mucho estaba decretada y no se hizo esperar, las demandas del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) acerca de las pérdidas millonarias en la región de Oaxaca que ha sido tomada por la CNTE, que en clara lucha contra la reforma educativa ha tomado prácticamente la región y no sede ni un ápice.
Los empresarios, como buenos capitalistas, incluso pusieron una demanda al presidente de la República ante lo que ellos creen que es inadmisible, quebrantarse la pérdida económica de sus empresas no puede quedar impune; las luchas sociales no son fáciles, siempre habrá riesgos no solo materiales sino también sociales y humanos. Es evidente que los burgueses empresarios no entiendan que ante todo primero son las luchas del pueblo y después los intereses económicos. Es cierto, la economía mueve al mundo y más en el siglo que vivimos, sin embargo cabe destacar que se deberían de humanizar más las conciencias y en lugar de enjuiciarlas inquisidoramente tratar de entender la necesidad de la lucha contra las arbitrariedades de gobiernos ineptos y corruptos. Un emblema de esta lucha contra un gobierno caduco fue Emiliano Zapata, que surgió en tiempos caóticos y se convirtió en una bandera de lucha vigente hasta hoy.
Un hombre, un leyenda, un mito… estos epítetos y más son los que resultan al escuchar el nombre de Emiliano Zapata, un hombre fuera de época y tiempo. La lucha agraria no puede entenderse mejor sin la presencia y arrojo del jefe revolucionario del sur. Para algunos es la encarnación de los ideales redentores de la necesidad que surge por la obtención de la tierra, esa tierra que sirve para todo en la vida de un hombre.
Emiliano nació en Anenecuilco un 8 de agosto, creció en medio de las faenas del campo, los cultivos de caña de azúcar y con gusto por los caballos. No era un campesino pobre, al contrario, era un pequeño propietario. Sin embargo, se dolía por la injusticia que vivían los pueblos de Morelos, a quienes las haciendas habían despojado de sus tierras.
A pesar de sus peticiones de justicia, ninguna autoridad hizo caso, por eso cuando estalló la Revolución de 1910 Zapata decidió unirse al movimiento, sobre todo porque en el plan de San Luis Madero estableció que las tierras serían devueltas a sus legítimos dueños. Con el triunfo de la Revolución maderista, Emiliano esperaba que las tierras fueran devueltas de inmediato, pero no fue así. Madero pidió tiempo y dijo que todo debía realizarse conforme a la ley. Después de varios encuentros las pláticas fracasaron.
No fue la falta de voluntad de Madero o la desesperación de Zapata lo que llevó al rompimiento. Fueron las intrigas del presidente Francisco León de la Barra y del general Victoriano Huerta. Cansado de tantas promesas incumplidas, el 28 de noviembre Zapata inició nuevamente la rebelión dando a conocer el Plan de Ayala, documento en el cual desconocía a Madero como presidente de la República; convocaba al pueblo a tomar las armas en su contra y prometía la restitución de tierras a todos los pueblos anunciando que a las grandes haciendas se les expropiaría un tercio de su territorio para repartirla entre la población, y si los hacendados se oponían, se nacionalizarían todas sus propiedades.
El Plan de Ayala se convirtió en la bandera del zapatismo. Con el asesinato de Madero, Zapata siguió en pie de guerra pero ahora contra Huerta. La guerra se recrudeció en Morelos. El Ejército federal quemó pueblos enteros, concentró a sus poblaciones en lugares específicos y fusiló sin misericordia. Tras la renuncia de Huerta en julio de 1914, se dio el rompimiento entre los propios revolucionarios.
Preocupados por la situación del país, los principales jefes convocaron a una convención en la ciudad Aguascalientes para evitar una nueva guerra civil. El zapatismo fue invitado a participar y en uno de sus mayores triunfos, la convención revolucionaria reconoció íntegramente el Plan de Ayala. El 4 de diciembre de 1914, Zapata se reunió con Villa en Xochimilco y pactaron una alianza contra Carranza. Dos días después, los dos caudillos desfilaron triunfalmente por las principales calles de la Ciudad de México.
Mientras Villa enfrentaba a Carranza y a sus ejércitos en el Bajío, entre 1915 y 1916, Zapata se dedicó a hacer su revolución en Morelos aplicando el Plan de Ayala hasta sus últimas consecuencias. Pero el gusto no les duró mucho, derrotado Villa, Carranza inició una poderosa ofensiva contra Zapata. Con la promulgación de la Constitución en 1917 y su artículo 27 que incluía el reparto agrario, la causa zapatista perdió aún más fuerza.
El primero de enero de 1919 Zapata publicó un manifiesto culpando a Carranza de todos los males que padecía el país. Meses más tarde, víctima de una traición, autorizada por Carranza, planeada por el general Pablo González y perpetrada por Jesús Guajardo, Emiliano Zapata cayó asesinado en la hacienda de Chinameca, el 10 de abril de 1919.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.