El estado de Hidalgo empieza a transitar por el camino de la alternancia política. Eso quedó demostrado el primero de julio pasado, cuando el tsunami morenista removió la estructura de todas las fuerzas políticas tradicionales hidalguenses y los poderes fácticos que se habían establecido en décadas y que operaron de forma mancomunada.

Ese acuerdo histórico se ha finiquitado y son otros los participantes que se han subido a la arena política, y eso comienza a generar rispidez entre la clase política en turno y los nuevos actores elegidos, lo que ha derivado en enfrentamientos físicos y “albazos” legislativos para buscar blindar el quehacer del ejecutivo en turno. No hay duda de que los encontronazos seguirán ocupando las primeras planas de los diarios locales y nacionales por mucho tiempo, sin embargo, vale lanzar la alerta para retomar la vía política como el mejor de los medios para el logro de acuerdos. De lo contrario, la imagen de “lo público” se desgastará con mayor rapidez y no se cumplirá con las demandas sociales más sentidas de los hidalguenses y, lamentablemente, como ocurre en la ciencia de la física, si un cuerpo no ocupa un espacio, seguramente otro llegará a asumir ese vacio: la corrupción, la inseguridad y la violencia.

Por ello, se debe advertir que ni la violencia ni el uso faccioso de las instituciones representan el medio para la solución de controversias que demandan la ciudadanía hidalguense, por lo que no es una empresa rentable los descalificativos y el lanzamiento de culpas.

No se ha comprendido que la ciudadanía ejerció su sufragio para lograr mejoras en sus condiciones de vida, conseguir empleo y recuperar la seguridad. Entonces, si no hay resultados en el mediano plazo, en los próximos comicios nuevamente la población cambiará el sentido del voto hacia las propuestas que mejor le convenzan, porque se ha dado cuenta que puede mover la balanza del poder, con o sin despensa y militando en la izquierda, la derecha o en el centro. Eso ya no importa.

La violencia y la supresión de la política no es la vía

El uso de la fuerza física y/o simbólica nunca será la vía para la solución de las controversias. Por ello, ahora que la efervecencia política ha pasado, la exigencia social obliga a la construcción de acuerdos entre los actores en turno y los que en breve asumirán funciones.

En política, forma es fondo y viceversa, por lo que toda acción llevada a cabo por alguno de los actores que participan en el juego no es una casualidad, es el lenguaje y matiz que se quiere proyectar a los opositores. En consecuencia, el gobierno hidalguense en turno debe saber que cualquier reforma a las leyes que buscan ampliar la deuda pública, así como el nombramiento a modo de los representantes de las instituciones de procuración de justicias y salvaguarda de los derechos humanos no son las mejores señales para construir acuerdos, por el contrario representan una equivocada estrategia que multiplicará las voces de protesta en las calles y desgastará más la legitimidad que logró al inicio de su nombramiento y que parece haber perdido irremediablemente.

Por otro lado, la escalada de violencia, inseguridad y muestras de falta de gobernanza en algunos municipios hidalguenses obligan a todas las fuerzas políticas de todos los colores partidistas a cerrarle paso a los grupos ilegales. El proceso electoral ha concluido, por lo que es menester que se priorice el logro de acuerdos y se demuestre a la ciudadanía la altura moral y ética de sus representantes, no esperemos a que la violencia toque a la puerta de los políticos para ahora sí implementar medidas preventivas y de contención de los delincuentes.

Ni la violencia política, ni la ejercida por los actores ilegales conviene a los hidalguenses, de continuar por esa ruta estaremos condenando a nuestros hijos a vivir en la zozobra de caminar por las calles y ser agredidos en sus pertenencias e integridad física y en sus derechos fundamentales.

Entonces, sirva este medio para hacer un llamado a la concordia y a la prudencia de todas las fuerzas políticas para establecer acuerdos y contribuir genuinamente en la construcción del Hidalgo al que todos aspiramos. Conviértanse en estadistas y profesionales de la política, demuéstrenlo con hechos y no con barricadas o toletes, porque ese diálogo no lo entendemos.

e-mail: [email protected]

Comentarios