Bernardo Ángeles
Santillán

Área académica de odontología

Para empezar es importante plantearse qué importancia tiene el deporte actualmente en la sociedad, ¿se está haciendo todo lo posible por concientizar a la población de la importancia de la actividad física y el autocuidado para evitar asimismo el sedentarismo?; además de qué importancia tiene la práctica deportiva en personas adultas sedentarias.
La práctica de ejercicio se ha realizado desde la antigüedad, no obstante, la iniciación de programas de ejercicio con una prescripción rutinaria se remota a la Grecia antigua. Galeno recomendaba programas en los que se aconsejaba alternar ejercicios vigorosos con otros más suaves, y rápidos con más lentos. Practicar ejercicio bajo recomendación tenía una serie de prioridades: la salud era el objetivo principal, seguida por la estética, el culto a la propia imagen y, por último, la fuerza como expresión de supremacía y poder.
En 1992, la Carta Europea de Deportes sostuvo que: “El deporte abarca mucho más que los juegos de equipo tradicionales y la competencia. El deporte es toda forma de actividad física que, a través de participación organizada o no, tiene por objeto la expresión o la mejora de la forma física y el bienestar mental, la formación social, relaciones o la obtención de resultados en la competencia en todos los niveles”.
Sin embargo, hay una amplia variedad de actividades específicas que pueden ser descritas como un deporte. Actualmente, son muy evidentes los profundos y acelerados cambios que están produciéndose en todos los ámbitos de la sociedad. El deporte y la actividad física, como actividades sociales reconocidas, no se escapan de esta evolución y transformación. Por ello, se entiende por actividad física todos los movimientos naturales y/o planificados que realiza el ser humano obteniendo como resultado un desgaste de energía, con fines profilácticos, estéticos o rehabilitadores.
La actividad física es todo tipo de movimiento corporal que realiza el ser humano durante un determinado periodo de tiempo, ya sea en su trabajo o en sus momentos de ocio. El realizar o conseguir una actividad física diaria es beneficioso para la salud, de tal manera que las mejores actividades físicas son las actividades cotidianas de la vida diaria, como andar, montar en bicicleta, subir escaleras, hacer las labores del hogar y hacer la compra, siempre que estas se realicen con frecuencia. Pero lo más recomendable es practicar un ejercicio físico programado y de intensidad moderada. Cabe destacar, que la actividad física contribuye a la prevención y manejo de una serie de enfermedades, entre las que destacan las cardiovasculares, diabetes mellitus tipo dos, obesidad, hipertensión arterial y depresión, entre otras.
El efecto de la actividad física y la dieta en la disminución de la obesidad es concluyente, así como su asociación con mortalidad. Además, se ha demostrado que el riesgo de muerte cardiovascular es menor en adultos obesos activos que en más delgados y sedentarios; también es menor en hipertensos activos que en hipertensos sedentarios y del mismo modo en diabéticos activos que en no diabéticos sedentarios. Al mismo tiempo, se ha observado que en adultos mayores la actividad física contribuye a prevenir riesgo de caídas, fracturas y pérdida ósea, mediante el fortalecimiento de los huesos y músculos, así como la mejoría de la agilidad y flexibilidad; también, mejora el bienestar psicológico y permite conservar las habilidades para una vida independiente y autónoma.
El ejercicio físico mejora el rendimiento cardiovascular debido a cambios hemodinámicos, hormonales, metabólicos, neurológicos y de la función respiratoria. Interviene en la modificación de factores de riesgo cardiovasculares, como bien he mencionado anteriormente, y en consecuencia desempeña un papel relevante en la prevención primaria y secundaria de la cardiopatía isquémica. Los programas de ejercicios supervisados se recomiendan ya desde la infancia, con el objetivo de estimular el hábito hacia el deporte, una de las medidas más adecuadas para ocupar el tiempo de ocio y mejorar el estado de salud.
También, la práctica regular del ejercicio conlleva a hábitos sanos de alimentación, disminuye la percepción del esfuerzo físico y mejora la resistencia. Entre los efectos del ejercicio físico hay que valorar los que corresponden al propio entrenamiento, sus implicaciones en la modificación de los factores de riesgo cardiovasculares y los cambios promovidos en el estilo de vida.

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