El jueves 31 de enero registró un hecho inusitado cuando una camioneta con un artefacto explosivo, que lo era, según se comprobó, apareció en el acceso principal de la refinería Antonio M Amor, de Pemex, en Salamanca.

Se sumó la entrega de un mensaje en una manta, en apariencia acreditado al cártel Santa Rosa de Lima y con un solo destinatario: el presidente Andrés Manuel López Obrador.

La respuesta de elementos de la Marina, el Ejército, Policía federal y elementos estatales se tradujo en un resguardo total de la refinería, así como la búsqueda de otros explosivos, los que no se encontraron.

El texto fue admonitorio, exigiendo al mandatario a que retirara a todos esos grupos de seguridad y de no acatar, se empezaría a matar a él mismo junto con gente inocente, advirtiendo: “…para que veas que esto no es un juego y que Guanajuato no los necesitamos”.

El inusitado hecho puso otra vez sobre el tapete lo que en algo más de dos meses de gestión AMLO ha recibido como peticiones abiertas y reiteradas, en lo que significa contar con un sistema adecuado de protección personal, con gente experimentada.

Hasta antes, anteriores presidentes tenían en forma permanente en su entorno el Estado Mayor Presidencial, cuerpo militar que prácticamente ya se disolvió.

López Obrador, un tanto renuente, y que ya había manifestado no estar temeroso, lo único que ha modificado es que en algunas giras le ha acompañado un reducido grupo de soldados, más una discreta participación de los que se pudieran llamar escoltas, los que, por su calidad de jefe de Estado, parecen insuficientes.

Ojalá dé un cambio frontal en su actitud, que sería congruente con su política de hacer de México un país seguro.

Dirigencia sin definir

El 19 de enero pasado estaba anunciada la realización del consejo político estatal del PRI, con un punto sustancial a tratar: nueva dirigencia en Hidalgo.

Lamentablemente, un día antes, explotó el ducto de San Primitivo, en Tlahuelilpan, que hasta ahora arrastra la muerte de 128 personas, así como heridos y otros más que no han sido identificados.

El acto priista se suspendió, confirmándose tácitamente como presidente a Leoncio Pineda Godos, por un tiempo aún no precisado.

Entendida la naturaleza del diferimiento, lo que ya muchos seguidores del tricolor esperaban, el procedimiento en sí no parece complicado para la renovación, ya que, por convocatoria del comité ejecutivo nacional, se instalará una dirigencia provisional, la que, a su vez, dará luz a una convocatoria para ya elegir a una directiva que entrará al relevo por tres años.

Se ha externado que Erika Rodríguez, segunda en sus potestades dentro del CDE priista, podría quedar al frente, ajustándose a una prelación, que quizá se le pueda llamar escalafón, que no es más que un recorrido de responsabilidades si cambian a Pineda Godos.

Pero él no se descarta para contender y seguir en el encargo, destacando que solo cumplió con el periodo que restaba del anterior dirigente, Alberto Meléndez Apodaca.

Desde luego, esas posibilidades que se plantean solo las podrá definir el comité ejecutivo nacional.

Pero, además de esos dos actores mencionados: Pineda y Rodríguez, hasta antes de la suspensión del acto del día 19, habían surgido tres posibles sucesores: Sayonara Vargas, extitular de la SEPH; Citlali Jaramillo, excontralora en la actual administración estatal, y el exdiputado federal y antes con responsabilidades en la Sedatu y Sedesol, principalmente, Víctor Velasco.

La primera, licenciada en ciencias de la comunicación, fue coordinadora nacional de los consejos científicos y tecnológicos de los estados, y, también, coordinadora y secretaria técnica del espacio común de la educación media superior para el desarrollo de proyectos comunes entre los subsistemas, además de otro encargo, coordinadora general de universidades politécnicas.

Sus ámbitos de acción han sido eminentemente los educativos.

Citlali Jaramillo, años atrás, fue figura destacada en el ayuntamiento de Pachuca, con el entonces alcalde Omar Fayad.

Se le define como una funcionaria preparada y, además, de un carácter amable, amistoso.

Víctor Velasco, en esa baraja de posibles candidatos, es quien parece tener una mayor experiencia política, tanto en el servicio púbico, como el de legislador, del que salió airoso en el distrito federal que tiene como cabecera a Actopan.

Originario de Tulancingo, desde muy joven conoció los entretelones de la política, su padre Fortino Velasco fue en dos ocasiones alcalde.

No se descarta la aparición de otros aspirantes, aunque no se han mencionado nombres.

Militantes del Revolucionario Institucional consideran que debe activarse el procedimiento de definición para la nueva directiva, no olvidando que el próximo año se celebrarán elecciones para la renovación de autoridades en los 84 municipios de la entidad, lo cual significa actuar con prudencia para la selección de quienes pudieran tener auténticas posibilidades, ya que ese tipo de comicios están muy ligados a la influencia, carisma, identificación de los contendientes con los grupos vecinales.

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