Mercedes Alanís

Desde finales del siglo XIX, pero sobre todo lo largo del siglo XX, lentamente las leches industrializadas y los biberones fueron cobrando mayor peso y fueron sustituyendo a la lactancia materna, a tal punto que a partir de la década de 1980 los organismos internacionales comenzaron a dar relevancia nuevamente a la lactancia materna y comenzaron a regular el uso de otras leches, como fue el código internacional de comercialización de sucedáneos de la leche materna de 1981. Unos cuantos años después, tuvo lugar la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989 donde expone en su artículo 24 que los Estados debían asegurar que todos los sectores de la sociedad, y en particular los padres y los niños, conocieran los principios básicos de la salud y la nutrición de los niños y las ventajas de la lactancia materna. Un año después, en 1990, tuvo lugar la Declaración de Innocenti sobre la protección, promoción y apoyo de la lactancia materna en la que se asentó como una meta global permitir a todas las mujeres practicar lactancia materna exclusiva y que todos los niños deben ser alimentados, exclusivamente, con leche materna los primeros meses de su vida.

Bajo esas y otras directrices, las autoridades sanitarias de México se sumaron a esa iniciativa de revertir las prácticas de alimentación artificial que habían propiciado el abandono de la lactancia materna. Fue así que desde 1991 tuvo lugar la iniciativa Hospitales Amigos del Niño y de la Madre para atender de forma integral a ese sector de la población y fomentar la lactancia materna y eliminar el uso de biberones.

Desde 1992, del primero al 7 de agosto la Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con la Alianza Mundial Pro Lactancia Materna y UNICEF lleva a cabo la Semana Mundial de la Lactancia Materna, en la que participan activamente con distintas actividades 120 países, incluido México. Esa semana es uno de los esfuerzos más representativos para alentar las prácticas de lactancia materna. Recordemos que en el 2000, la OMS junto con UNICEF organizaron una reunión consultiva para evaluar las políticas de alimentación del lactante y del niño pequeño. Han expuesto que no practicar la lactancia materna, y especialmente la lactancia materna exclusiva durante el primer medio año de vida, representa un factor de riesgo importante a efectos de morbilidad mortalidad del lactante y del niño pequeño. Como precisa la Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y del Niño Pequeño, aunque es un acto natural, la lactancia también es un comportamiento aprendido. Los marcos de acción mundiales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015-2030) cobran relevancia al generar estrategias y acciones que emprenden los gobiernos, las instituciones y su personal, junto con la sociedad civil para colaborar, comprometerse y promover la lactancia materna.

De acuerdo con datos de la OMS, “el aumento de la lactancia materna a niveles casi universales podría salvar más de 800 mil vidas al año, la mayoría de ellas de menores de seis meses”. En las páginas electrónicas de la OMS y de UNICEF, además de los datos estadísticos, se puede acceder a distintos informes y material de divulgación que se realiza cada año en el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Conozcamos más sobre los distintos aspectos que involucran las prácticas de lactancia.

Comentarios