La sensatez de Bernie Sanders respecto a Irán

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Alfredo Jalife Rahme

En un artículo para el rotativo británico The Guardian, el senador por Vermont Bernie Sanders explaya que al negar el acuerdo nuclear con Irán, Trump colocó a Estados Unidos (EU) en “el camino de la guerra”.
No es únicamente Trump. Ya que el supremacista racista presidente de EU –quien acaba de insultar a los migrantes latinos de “animales (¡megasic!)” y que luego trató de enmendar y remendar aludiendo que se trataba de los Mara Salvatruchas de El Salvador –también comparte la corresponsabilidad con el pugnaz cuan mendaz premier israelí, Bibi Netanyahu, quien anhela una nueva guerra, esta vez contra Irán, hasta el último soldado “estadunidense”, como aludí previamente en mi artículo: “Trump y Netanyahu incendian Medio Oriente: EU reniega el acuerdo de Obama con Irán”.
El mesiánico talmúdico Netanyahu comparte el supremacismo racista de Trump, como propuse en mi reciente libro: Trump y el supremacismo blanco: palestinización de los mexicanos.
A sus 76 años, Sanders es un admirable “judío progresista” a quien fue impedido ser el candidato presidencial por el Partido Demócrata debido a las supercherías de la inmunda maquinaria electorera de la familia Clinton.
Hoy Sanders encabeza la lista de las mejores opciones del Partido Demócrata para la próxima elección presidencial cuando la efigie de Hillary Clinton se ha desvanecido por sus múltiples escándalos de toda índole.
Al contrario de Trump, Sanders sentencia que es necesario intentar dialogar con el gobierno iraní, tener “una mejor relación con el pueblo iraní” y alentar “un papel más constructivo para Irán en la región”.
Bernie enuncia que “es una locura imaginar que, habiendo desencadenado esos problemas por el mal uso de la fuerza militar, los podamos resolver de la misma manera”.
Fustiga la salida de Trump del acuerdo nuclear con Irán –realizado en forma creativa por Obama con el formato “P5+1”: los cinco miembros “permanentes” del consejo de seguridad de la ONU; EU, Gran Bretaña (GB), Francia, Rusia y China; más Alemania –que impide una “distensión (détente)” con el país persa y “profundizó las tensiones con los más importantes aliados democráticos de EU”– Francia, GB y Alemania.
En realidad, el distanciamiento de EU con sus aliados de Europa occidental –Francia, GB y Alemania– no solamente son imputables a Trump, sino que provienen y se acumulan desde la aventura de la guerra de Irak de Baby Bush y prosiguió con las guerras financiera y económica de Obama.
En un artículo para Sputnik, analizo la ruptura de Trump con Europa en seis frentes –“Trump rompe con Europa por Irán, Jerusalén, el comercio, el cambio climático, la OTAN y el euro”–, a grado tal que el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, preguntó durante la Cumbre de 28 países en Sofía (Bulgaria): “¿Con amigos como Trump, quién necesita enemigos?”
A mi juicio, el frente más ominoso de Trump contra Europa radica en la profundización de la guerra financiera del dólar contra el euro, cuyo nuevo teatro de batalla lo representa el pago del petróleo/gas de Irán con la divisa común europea en lugar del billete verde.
En forma perturbadora, Bernie refiere que “Trump rechazó el consejo (sic)” de no renegar del acuerdo nuclear con Irán de “su propio equipo de funcionarios en seguridad nacional, como el jefe de las Fuerzas Armadas Conjuntas, general Joseph Dunford, y el secretario de Defensa James Mattis”, y contra la opinión de los expertos en la materia.
Trump practica su misma conducta de desprecio al conocimiento de los profesionales, cuando renegó del acuerdo sobre el cambio climático de París para alinearse con una “pequeña facción ideológica” sin inmutarse sobre “las desastrosas consecuencias para nuestra seguridad global”.
Bernie juzga que “tras 17 años de guerra en Afganistán y 15 años de guerra en Irak, el pueblo estadunidense no desea comprometerse en guerras sin fin en Medio Oriente” ni “desea ser atraído en un conflicto de chiítas contra sunnitas y de Arabia Saudita contra Irán”, que es “hacia donde se dirige Trump”.
Cita un artículo pasado del megahalcón John Bolton, flamante asesor de seguridad nacional de Trump, donde postula que, para “frenar la bomba de Irán, había que bombardear a Irán”. ¿Cuál bomba iraní, si el país persa no posee ninguna bomba atómica, salvo en la imaginación del primer Netanyahu que usa como “propaganda negra”?
Bernie soslaya que Israel ostenta en forma clandestina un máximo de 400 bombas nucleares. El Estado sionista –que goza de canonjías celestiales gracias al apoyo irrestricto de EU que ha llegado a niveles antigravitatorios con Trump y su yerno talmúdico Jared Kuhsner– no firma el Tratado de No-Proliferación ni permite la inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica en su reactor nuclear de Dimona, lo cual fue expuesto por Mordejai Vanunu, héroe pacifista de la era nuclear.
Existe una manía bélica en el seno del Senado de EU, que parece estar totalmente bajo la férula del omnipotente lobby sionista de AIPAC, para “proteger” a Israel y “bombardear” a sus enemigos, como fue el caso del polémico y pugnaz senador John McCain, excandidato presidencial por el Partido Republicano, hoy en fase terminal de su enfermedad, quien en forma desquiciada se puso a bailar y cantar en público “bombardear Irán”.
El diagnóstico de Bernie es implacable: “Debemos entender que la ruta a la guerra de Irak no empezó en forma sencilla en 2003. Fue construida ladrillo sobre ladrillo a lo largo de los años con decisiones políticas que pudieron haber parecido relativamente pequeñas en ese momento, pero que finalmente nos llevaron al peor error de la política exterior de nuestra historia”.
La prospectiva de Bernie no es halagüeña: “La guerra de Irak tuvo enormes consecuencias involuntarias (sic) con las que todavía lidiamos hoy y que proseguirán por muchos años venideros. En efecto, una de sus consecuencias involuntarias fue el empoderamiento de Irán en Irak y en otras partes de la región”.
Bernie no dice que EU concretó un colosal negocio con la venta de armas a los dos bandos enemigos de Irak (con Saddam Hussein) e Irán (con el ayatola Jomeini) para que se degollasen de 1980 a 1988 con el fin de mantener la hegemonía de la dupla anglosajona en el golfo Pérsico con su concomitante control del petróleo.
Sanders concluye que “el discurso belicoso” de Trump “pareció claramente girar la política estadunidense al mismo cambio de régimen que sirvió de fondo a la guerra de Irak”.
Ayer fue Irak. Hoy corresponde su turno a Irán.
Nada más que hoy EU se encuentra en decadencia y el zeitgeist (el espíritu del tiempo) varió sustancialmente cuando la dupla supremacista racista de Trump/Netanyahu no juega sola.

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