La sexualidad en la adolescencia

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(Tercera parte)

La identidad de género

Pachuca.- Cuando llegas a la adolescencia, has pasado por todo un proceso de socialización que te hace hombre o mujer. En ese proceso se transmiten y enseñan formas de comportarse, pensar y sentir para los hombres y para las mujeres, que son diferentes y opuestas, y que son asignadas a partir del sexo biológico de las personas.

Para llevar a cabo esto, la sociedad utiliza diversos caminos como la familia, la escuela, la religión, los medios de comunicación social, entre otros. Por medio de estas instituciones y de la ideología, se crea entonces un ideal de masculinidad y feminidad.

Debido a este proceso de socialización, las personas adquieren su identidad de género. Esta se refiere a la forma en como las personas incorporan lo que significa ser hombre o mujer (según los mandatos culturales) y se comportan a partir de esas características socialmente esperadas.

La construcción de la identidad de género, se inicia desde el nacimiento y dura toda la vida. En la adolescencia, las experiencias y cambios vividos impactan también en la identidad de género y sus posibles reconstrucciones.

Los géneros se construyen como excluyentes, o sea que ser hombre es no ser mujer; y ser mujer es no ser hombre. Esto quiere decir que no se aceptan como propias las características o actividades que se cree que son del otro sexo, lo cual limita nuestra forma de ser y lo que queremos hacer.

Se espera que el hombre sea fuerte, agresivo, aventurero, valiente, inteligente, práctico, que tenga el poder y el control. A la mujer se le enseña a ser dócil, comprensiva, abnegada, frágil, emotiva, complaciente, a cuidar y servir a otros. Estas ideas sobre cómo deben ser los hombres y las mujeres, producen más desencuentros que encuentros.

Esto porque la mujer es criada para entregarse, enamorarse, servir y complacer a otros. Al hombre se le educa para relacionarse a partir del control, la posesión y el mando. Así, las relaciones entre hombres y mujeres no pueden ser respetuosas y equitativas, sino todo lo contrario.

Algunas personas creen que estas características se traen desde el nacimiento y que no se pueden cambiar. Sin embargo, lo femenino y lo masculino son categorías definidas socialmente, por lo que pueden ser revisadas y modificadas.

Por ejemplo, los papeles y funciones que tenían los hombres y mujeres en tiempos de tus abuelos o de tus padres son muy distintos a los que se ocupan en tiempos actuales. Sin embargo, todavía se viven desigualdades y discriminaciones que pueden ser superadas.

Todas y todos tenemos un papel muy importante en este cambio. La tarea empieza por cuestionar lo que se considera natural, revisar nuestras propias creencias y conductas, identificar las limitaciones y oportunidades que vivimos a partir de la masculinidad y feminidad tradicional, para encontrar nuevas formas de ser hombres y mujeres.

Así podremos ser más libres, felices, vivir una sexualidad más plena y construir un mundo diferente.

Fuente: La sexualidad y la salud sexual reproductiva de las y los adolescentes con énfasis en prevención de VIH/sida. Módulo de capacitación para adolescentes multiplicadores en salud. Costa Rica, 2005. PAIA-Programa Atención Integral a la Adolescencia. Departamento de Salud de las Personas Caja Costarricense de Seguro Social, 2005

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