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Uno de los elementos fundamentales para comprender a la sociedad novohispana sería la religión. Al momento de su llegada al continente americano, los españoles salían de una guerra santa, la Reconquista, por lo cual establecieron en México un orden político y social que se fundamentaba en las tradiciones cristianas medievales europeas. La iglesia católica jugó un papel fundamental en ese proceso, ya que el ideal del buen gobierno era mantener el orden social de acuerdo con los mandatos que ella establecía, así que fue la institución encargada de normar y vigilar la debida observancia del comportamiento moral que sus preceptos demandaban.
El establecimiento del Santo Oficio de la Inquisición, establecido en la Ciudad de México en 1571, sería la instancia encargada de perseguir y castigar los comportamientos que se apartaban de dichos preceptos. En el documental Inquisición, del Archivo General de la Nación, se encuentran los expedientes de los procesos seguidos en contra de los transgresores de las normas de la Iglesia. Quien escribió esas líneas localizó un grupo de documentos en los que, quienes infringían las normas, no eran precisamente personas del común de la sociedad, sino que se trataba de los confesores de algunas iglesias de Pachuca, siendo un número considerable el de los religiosos de la orden de San Francisco, la mayoría de ellos correspondientes al siglo XVIII.
La práctica de solicitación consistía en la conducta seguida por no pocos confesores en el mundo católico, quienes solían realizar peticiones de carácter sexual a las fieles, así como en la realización de tocamientos. Un aspecto a tomar en cuenta es el hecho de que, en su papel de vigilar la vida de los creyentes, la Iglesia consideraba importante hurgar en la sexualidad de los mismos, ya que solo estaba permitido ejercerla mediante el matrimonio, con exclusión de cualquier otra práctica, con ello se buscaba asegurar la procreación. Los confesores podían interrogar a los penitentes en ese respecto, pues se consideraba que no solo se podía pecar por las acciones, sino también con el pensamiento; acaso esto pudo ser motivo de que fueran más allá incurriendo en la solicitación.
Sobra decir que tal práctica estaba prohibida por la Iglesia, pues siendo el confesionario un espacio considerado sagrado, cuya función era reconciliar al fiel con Dios a través del perdón de sus pecados, mediante ella se pervertía dicho objetivo, de tal forma que el papa Gregorio XV consideró que realizar ese tipo de acciones equivalía a “ofrecerles veneno en lugar de medicina” a los creyentes.
A pesar de las prohibiciones, fueron muchos los confesores solicitantes, por los casos que llegaron a la Inquisición; Jorge González Marmolejo, un estudioso del tema, ha considerado que tan solo entre los siglos XVIII y XIX se presentaron aproximadamente 800 casos en toda Nueva España. De esa cifra identificó a 30 confesores, integrantes a la orden de San Francisco de Pachuca.
La solicitación se hacía de diferentes formas, algunas durante la confesión dentro del confesionario, en otras ocasiones citando a las feligresas en otros lugares, y en muchos casos se llegaba a la consumación del acto sexual. Debe decirse que al incurrir en esa falta, los religiosos además de pervertir la penitencia del sacramento rompían con las reglas que les imponía su orden de castidad y pobreza. A modo de conclusión podemos decir que los confesores, de quienes se esperaba mediaran entre los fieles la deidad, eran seres humanos con sus propias debilidades, por las cuales podían incurrir en la solicitación.

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