Un proyecto político de largo aliento está acompañado de causas, propósitos, compromisos sociales, es decir, una agenda de políticas públicas que a partir de acuerdos básicos trazan un horizonte colectivo de beneficio social.
Desde esta lógica la política prioriza la negociación, los acuerdos entre múltiples actores y fuerzas políticas, la causa central es la política, esta que define el rumbo a partir del creciente pluralismo, esta diversidad de actores permite el consenso necesario para cumplir con una agenda.
En Hidalgo son muy pocos los actores políticos que cumplen con esta narrativa. Uno de ellos es, sin duda, Gerardo Sosa Castelán, un ciudadano del estado moderno, entregado a una interminable tarea cultural. Este universitario le presenta a la educación diversas posibilidades abiertas en muchas direcciones. Con imaginación y talento plantea las posibilidades educativas frente a un futuro perpetuamente cambiante. Pocos pueden acometer una tarea renovadora que nos transforma, como él.
Concretar un proyecto de educación (media superior y superior) demanda energía, vitalidad, espacio sin confín, libertad, ideal, universalidad, poderoso desinterés, solo así se puede aspirar a ser pensador, educador y político. Este espíritu ha permitido que nuestra institución se consolide como un instrumento de movilidad y cohesión social. Logros como la Feria Universitaria del Libro, el Festival Internacional de la Imagen, que la universidad del estado cuente con 304 miembros del Sistema Nacional de Investigadores permite que esté considerada entre las mejores del país, o la nueva infraestructura de la Preparatoria uno que absorbe la creciente demanda, demuestran que educar es ante todo, un acto de esperanza. En esta exitosa transición, Sosa Castelán se ha convertido en un eje fundamental para la historia universitaria.
Elías Canetti nos advierte que no hay futuro, hay muchos futuros, con esa voz podemos asegurar también que no hay un pasado, hay muchos pasados, a partir de ellos reconstruimos esos muchos futuros, donde nuestra voluntad puede reinventarnos. Todo esto y mucho más explican la vasta y perdurable obra educativa y cultural de Sosa, que así resulta su mejor vocero y ejemplo vivo del educador serio de grandes logros.
Frente a hombres como él, habrá siempre personajes oscuros, que lejos de la formación y rigor académica, calumnian y descalifican a pedido, “periodistas” sin ética y conocimiento, desde la sombra fabrican todas las mentiras y bajezas posibles. Con esa lógica, personajes como Alberto Witvrun, operan con el principio de: calumnia que algo queda.

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