En pleno inicio de la tercera década de este siglo, las noticias nos entusiasman y nos agobian, nos esperanzan y nos desilusionan, nos prometen y nos desalientan. La realidad parece bipolar, tan positiva como negativa. Los medios de difusión no ayudan mucho en este escenario casi de esquizofrenia. Tan pronto nos informan de una feria de exposición y venta de alta tecnología en la llamada o conocida “electrónica de consumo”, como sufrimos la desgracia natural del incendio de gran parte de Australia o los “roces” de guerra entre Estados Unidos e Irán, o peor: el asesinato y homicidio de un niño de 11 años en Torreón.

No hay tregua para digerir este mundo informacional. Más allá de cuestiones éticas y periodísticas de la forma y contenidos en los medios, lo cierto es que hay un “bombardeo” constante de buenas y malas noticias, de extraordinarios y terribles sucesos. La duda es cómo la sociedad actual, los individuos de a pie recibimos procesos e interpretamos esta realidad. No hay derecho alguno que nos proteja desde el sentido común y la buena intención de darnos un servicio que no tenga estas extrapolaciones tan fuertes y maniqueas.

Hace unos años en una conferencia sobre las mujeres como objeto de la noticia, la especialista Lurdes Barbosa, de la asociación civil Mujeres en Frecuencia, señalaba cómo la prensa nos educaba en el sadomasoquismo, pues bien podíamos apreciar una portada que presentaba a una mujer voluptuosa, en paños menores, que motivaba sexualmente, al lado de un caso de sangre y muerte (fuera de un asesinado, de un accidente o cualquier tema violento). Esta “composición” periodística no solo promovía la cosificación de las mujeres, sino una visión distorsionada entre placer y muerte, donde casualmente esa dupla es adversa a las mujeres.

El problema en este sentido es cómo se van filtrando estas ideas, visiones, que refuerzan la estereotipación o la violencia contra las mujeres, pero también como paralelamente los medios informativos nos crean realidades alternas de un “mundo feliz” apostado y sostenido en las nueva tecnologías y en el consumo que nos acerca al “paraíso” terrenal a través de la promesa de la inmediatez, de la vida fácil y facilitada con celulares, computadoras y automóviles. Vivir para comprar y soñar.

Recién se celebró una feria de productos de última generación tecnológica en Estados Unidos, que no es abierta pero sí cubierta por los medios para “informarnos” y dejarnos entrever la “felicidad” que los gadgets nos pueden dar: relojes inteligentes, carros que vuelan, robots de última generación (de compañía y de servicios), teléfonos cada vez con más funciones y sofisticados, en general, productos tecnológicos con muchas más y mejores funciones.

Contra esa demostración de alto desarrollo de la investigación y el conocimiento, contrasta la barbarie, la pobreza, la marginación y la violencia. Esta coexistencia si bien pareciera inherente y “natural” al desarrollo de las sociedades y la humanidad, la potencialidad que alcanza con el sobredimensionamiento de los medios sin el debido contexto u organización informativa nos ofrece el “caos” y visiones apoteósicas del futuro, pero también cada vez con este estilo de informar nos segrega de ese desarrollo y proceso que va de menos a más porque nos ubica como meros espectadores de un mundo que “corre” y “vuela” mientras nos ancla a emociones y percepciones arcaicas de la vida dicotómica y dual de la humanidad que nos pone en blanco y negro, hombre-mujer, bueno-malo, bonito-feo.

¿Y la responsabilidad ética y periodística de los medios? ¿Dónde queda la imparcialidad, la objetividad, la veracidad y el bien común? ¿Quién puede poner límites y reglas para mostrar un mundo parcial, segregacionista y sexista? ¿Hay esperanza de un mundo informacional mejor y humano? Apaguemos los medios para reflexionar qué nos merecemos y qué queremos en este mundo mal llamado informacional y del conocimiento.

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Josefina Hernández Téllez
Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.