La tentación de romper paradigmas (tercera parte)

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Willem Dafoe

Esta será la última parte de un análisis de La última tentación de Cristo, basada en la novela homónima de Nikos Kazantzakis y dirigida por Martin Scorsese, que cuenta con las actuaciones de Willem Dafoe como Jesús, Harvey Keitel como Judas, Barbara Hershey en el personaje de María Magdalena y David Bowie como Poncio Pilato.

Hace unos días, escuché que la cruz en realidad no tiene que ver con el gran chantaje forjado por la religión católica, en el cual nos ponen un instrumento de tortura y muerte en la cara para marcarnos como culpables por la muerte de Jesús.

En un sentido de expansión de conciencia, podríamos entenderla como el cruce entre el propósito y la misión y en ese punto de intersección se encuentra el yo, es decir, la gran voluntad.

¿Qué significa que a un ícono que tiene un significado místico de conocimiento cosmogónico le claven un hombre ensangrentado y torturado? Por lo que veo, es lo mismo que hacen los narcos cuando dejan cabezas en los puentes… Bueno, a la masa le encanta ver cómo se degrada a un ser humano, y sí, es la masa quien en la historia bíblica mata a su salvador.

Pero continuemos con la película, y con los sucesos que hicieron que Kazantzakis fuera excomulgado de la religión.

Durante la agonía de Jesús en la cruz, nos han dicho que hizo un reclamo: “¡Padre, por qué me ha abandonado!”, aquí la historia cambia y Nikos se permite reescribir las escrituras para darnos una opción: ¿qué hubiera pasado si Dios sí hubiera salvado a su hijo y no lo hubiera abandonado en la cruz? ¿Qué tal si Dios dijo: “Déjenlo morir en un sueño y dejémoslo vivir una vida real?”.

Si esto fuera así, el Jesús muerto en “la cruz de la humanidad” pertenece al sueño. El sueño que es nuestra realidad, es decir, nuestra realidad está sujeta a un chantaje planeado hace miles de años.

Entonces, eso significaría que Jesús no era el mesías. No hubo mesías, no hubo salvador.

Y esa conciencia llega de una voz, un ángel, que con palabras razonables le da el secreto de lo que es el mundo de Dios: la armonía entre la Tierra y el corazón. Esa idea resulta razonable, conciliadora e incluso esperanzadora. Debe ser buena.

A esa idea agreguemos varios sacrilegios: “La boda entre Jesús y María Magdalena, con la boda, la noche de bodas, con la noche de bodas un embarazo y con la felicidad de la joven pareja llega la ‘castigadora voluntad de Dios’, la cual nadie entiende. Pero simplemente sucede.

” Sigamos hablando de paradigmas o ruptura de estos: qué pasaría si un ángel llegara y le dijera a usted hombre: “Hay solo una mujer en el mundo. Una mujer con muchas caras. Esta cae, la otra se levanta. María Magdalena murió, pero María la hermana de Lázaro vive. Ella es Magdalena con una cara diferente”.

Una vez más, el ángel nos dice lo que queremos escuchar. Lo razonable y conveniente entonces debe ser bueno.

Y ¿qué pasaría si vemos a un Jesús poliamoroso? ¿De cuántas maneras busca un hombre a dios? ¿Usted alguna vez ha realizado alguna acción creyendo que era la voluntad de Dios porque se lo ha dictado alguna autoridad? ¿Alguna vez usted ha cometido una acción en contra de alguna persona porque alguna autoridad se lo ha ordenado? ¿Qué pasaría si alguna vez le dijeran a usted que nada escrito en la historia, nada aprendido es la escuela, en ninguna escuela, nada en el presente o en el pasado, es real? Nada ocurrió como se lo contaron y usted lo único que aprendió fue mentiras y por lo tanto aprendió a mentir. Es decir, cuando Jesús bíblico murió en la cruz, usted comenzó un ciclo de mentiras dentro de un sueño confortable narrado por la institución en la que usted más confía. Esa que le daba razones armoniosas, conciliadoras e incluso esperanzadoras.

Qué pasaría si descubriéramos que quien siempre nos ha hablado del bien por el bien es el Diablo disfrazado con una cara de ángel.

Pues de esto habla la película, las grandes instituciones se han labrado por una montaña de acciones épicas que son mentiras.

Y lo más importante, no hay ni existirá nunca un salvador.

Sin embargo, el final no lo explicaré porque es tan revelador que se vuelve una responsabilidad individual el descubrirlo.

De eso se trata romper los paradigmas.

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