La tragedia que sacudió aquel 18 de enero del año pasado dejó una marca imborrable en la historia de Hidalgo. Las autoridades dieron su versión de la historia, pero para Ángel Barañano, quien vivió el suceso de cerca, fue diferente.

Han sido implementados distintos programas sociales en beneficio de las personas afectadas por el percance, pero no todos han llenado el tamaño del daño causado por esa catástrofe.

La explosión de una toma clandestina en la localidad de San Primitivo dejó muerte y desolación en esa parte del país, por lo que la memoria de Tlahuelilpan sigue viva.

Abraham Mendoza Zenteno Delegado de Programas del bienestar en Hidalgo

En cuanto apoyo para las familias afectadas, el delegado de Programas del bienestar en la entidad Abraham Mendoza Zenteno explicó que desde el 18 y 19 de enero se instalaron en Tlahuelilpan para darle acompañamiento con otras instancias, como el DIF estatal, a los deudos en cuanto a la tramitología y traslado de los fallecidos.

Fueron entregados dentro del Programa de apoyo emergente 15 mil pesos a los familiares de los fallecidos, el pago de servicios funerarios por parte del DIF nacional en algunos casos, además en los siguientes meses pudieron incorporar a varias personas los diferentes programas siempre y cuándo cumplieran con las reglas de operación como el de seguro de vida para jefas de familia que consistía en apoyar a niños o jóvenes en orfandad materna, cuyas madres eran el único sostén, con apoyos que dependen del nivel hasta los 23 años.

Otro programa fue el de Bienestar para niñas, niños e hijos de madres trabajadoras y donde detectaron a 30 mujeres que cumplían con los criterios para ser incorporadas.

En el de Fomento a la economía social, en diciembre otorgaron apoyos a 24 familias directas que estaban conformadas en grupos sociales de mínimo tres personas, a quienes les fue incentivado para participar de manera coordinada, esos proyectos productivos pudieron recibir entre 100 y 250 mil pesos, lo que dependía de cada sector en el que estuvieran inscritos. Además, apoyaron con renta de mobiliario para eventos y ayudaron a algunos de producción, huevo orgánico, panadería y pastelería, con el objetivo de hacer cadenas de prestación de servicios.

Ángel Barañano Guerrero, director de Protección Civil de Tlahuelilpan

El 18 de enero de 2019 era un día normal para Ángel Barañano, director de Protección Civil (PC) de Tlahuelilpan. Alrededor de las 18 horas le informaron que la toma estaba muy fuerte. Por medio de imágenes pudo ver la magnitud del problema. “Vente con todo lo que tengas porque esto explotó”, le mencionó del otro lado del teléfono el director de Seguridad Pública.

En la oficina estaban cuatro elementos de guardia, dos se fueron en igual números de ambulancias, otro en el autotanque y él en la motobomba. Lo primero que hicieron, narró, fue darles prioridad a las personas que salían y que estaban sobre la carretera por la casa de materiales. Comenzaron a ingresar personas en la ambulancia, en una subieron ocho de golpe y en la otra siete.

Junto con personal a su cargo arribaron al lugar de la explosión, estaba consciente de que iba a encontrarse con un mundo de personas quemadas, sabía que las víctimas iban a ser mortales porque tenía conocimiento de que los que estaban ahí a esa hora estaban bañados en gasolina, “si eso tronaba la nube de gases iba a ser muy violenta. Llegamos y encontré un sin número de gente quemada”.

Atrás había dejado como a 60 personas quemadas junto a la casa de materiales, muchos ya habían salido de la “zona cero”, “en esos cuatro o cinco minutos que tardamos en llegar al lugar ya habían salido todos los que habrían logrado caminar hasta la casa de materiales”.

En la zona dio indicaciones para que fuera ahí el lugar de concentración de los lesionados y de las ambulancias que llegaron apoyar; automovilistas que pasaban cerca se paraban y habilitaban sus vehículos como unidades de ayuda, también las patrullas.

Ingresaron con motobomba y auto tanque al lugar de la explosión, de frente estaban dos personas quemadas vivas, una patrulla las tuvo que sacar de ahí, donde encontró a dos niños como de dos y tres años sin lesiones, quienes estaban sentados en la carretera y les mencionaron que esperaban a sus papás, mientras señalaban el incendio, ellos lo vieron todo.

Pidió otra patrulla y se los llevaron, entraron con el equipo de bomberos al sitio y vieron personas vivas que se quemaban. Ingresaron hasta donde les permitió la temperatura. Lograron sacar a dos, cuando intentaron entrar por más personas ya no pudieron, el calor era infernal y ya no consiguieron acercarse.

Recordó que vio a unas 100 personas que se quemaban, salieron de la zona del incendio y como a los 40 minutos los presentes les decían que apagaran los cuerpos porque podían ser sus familiares. Por protocolo de Petróleos Mexicanos (Pemex) cuando una toma esta presurizada y con presión no hay que apagarla por seguridad. “Se puede apagar, pero si no hacemos el protocolo rápido la explosión que puede venir después es mucho más violenta”.

Intentaron cesar el fuego de los cuerpos, pero así como lo hacían volvían a prenderse, acabaron con siete extintores y no apagaban ni a un solo, lo hacían en coordinación con bomberos de Tula, quienes para entonces ya habían llegado al sitio, pero se retiraron porque no podían hacer nada.

Ángel Barañano escuchó gritos y más gritos de los familiares, quienes buscaban a sus desaparecidos y les pedían que entraran, “se querían meter, pedían ayuda y reclamos a Dios”.

Llegaron las autoridades y les indicó que podían comenzar a trabajar con lo de alrededor, los cuerpos, pero lo impidieron, les mencionaron que hasta que llegaran los especialistas. Las dos horas posteriores el gobierno del estado no los dejó hacer nada. Fue un no rotundo.

Cuando los especialistas de Pemex arribaron al lugar, ya habían pasado tres horas y ya había bajado la presión. Llegaron en tres camiones los cuales nunca aventaron agua, a esa hora en lo personal se molestó, por lo que agarró a su equipo y elementos y se metieron a apagarlo, lo hicieron en 22 minutos.

Su “equipo especializado” eran camiones de bomberos y espuma que ellos también tenían. Hubo un problema después, porque a alguien se le ocurrió que echaran tierra en la parte de arriba del canal donde estaban los cuerpos, ahí comenzó la molestia de los familiares que decían que ya los iban a enterrar. Un sujeto comenzó a echar tierra porque alguien se lo ordenó, ¿para qué? Es algo que nadie le justificó.

A las 23:45 horas declararon el incendio extinguido, pero pudo haber sido apagado dos horas antes. Al iniciar las labores fue llamado al Colegio de Bachilleres por Alfonso Durazo, quien le cuestionó el por qué habían decidido actuar por cuenta propia, “solo atiné a decirles que nos dieran media hora y les apagábamos su incendio, pero fue antes”.

Mencionó que los bomberos de Tlahuelilpan se retiraron cuando ya no les quisieron surtir agua, luego entregaron el lugar a Pemex para que terminara de cerrar la toma y le dieran entrada a las procuradurías para comenzar las diligencias. En la madrugada presentaron el conflicto, por lo que habían hecho las máquinas.

Lamentó que permitieran que los cuerpos se quemaran durante tanto tiempo, explicó que técnicamente cuando una persona fallece y la creman el proceso dura entre una hora y hora y media a una temperatura de mil 200 grados, cuando logra deshacerse completamente. Los cuerpos estuvieron expuestos cuatro horas a 800 o mil grados, iban a calcinarse totalmente. El hubiera no existe, pero si lo hubieran hecho dos horas antes cuando bajo la presión, el resultado sería diferente, las condiciones de esos cuerpos hubieran cambiado. Una cosa era encontrar un cuerpo carbonizado y otra uno calcinado.

¿Qué puede concluirse?

En un análisis realizado, la tragedia de Tlahuelilpan fue generada por la codicia de las personas y la necesidad de robar. Hay dos casos documentados de vecinos de Mangas, en Tezontepec, que ni siquiera contaban con vehículos.

Otro factor fue la complacencia de las autoridades que permitieron que el huachicol
se posicionara en la zona.

Como antecedente hay un video en donde puede observarse a un sujeto retar a los agentes de seguridad, los huachicoleros generaron una cuestión mediática donde buscaron confrontar a las personas con la autoridad y aprovechar la escasez que hubo en esos días. La ambición hizo llegar a algunas personas a ese lugar, muchos atraídos por la curiosidad.

Fuerzas federales arribaron a la zona poco después de las 17 horas para apoyar a un grupo de soldados que fueron agredidos, ese fue el reporte recibido, donde arribaron alrededor de 25 elementos.

Esos intentaron disuadir a quienes se encontraban en la zona que eran alrededor de 450 personas, muchos con comportamientos raros, como si se encontraran bajo los influjos de alguna droga.

La calle de acceso estaba cerrada por la cantidad de vehículos que ya se encontraban en la zona, a la Policía municipal no le quedó otra opción que dar vialidad.

Las fuerzas federales que a esa hora ya estaban en la zona optaron por replegarse porque las personas los comenzaron a agredir, incluso un soldado fue derribado y cayó a la zanja donde estaban acumulado el combustible.

Agentes de seguridad federales se replegaron a unos 150 metros dentro de la milpa de alfalfa; ante el hecho fue implementado un anillo de seguridad que pretendía ya no dejar ingresar a más personas, a muchos les alertaron sobre el peligro que representaba que se acercaran y entendieron.

De acuerdo con testigos, muchos de los que perdieron la vida se retiraban solo unos metros totalmente intoxicados, pero se recuperaban y se volvían a introducir. Las personas entraban por todos lados.

El fuego corrió, no fue propiamente una explosión, sino como cuando algo se prende, las fuerzas del orden sabían que era inminente que algo iba a ocurrir, minutos antes de la explosión la fuga alcanzaba los 20 metros.

Finalmente vino el momento, el clima y la hora generaron las condiciones para que ello ocurriera; el ducto se cerró, pero según técnicos de Pemex tardaría entre seis a siete horas, porque estaba en una zona de una especie de columpio.

A las fuerzas federales las mismas personas les aventaban gasolina. Se sabe que algunos líderes huachicoleros perdieron la vida en el lugar, algunos de los responsables se avecinaban en el Cerro de la Cruz. La carpeta de investigación continúa abierta y no hay detenidos.

No era la primera vez que la toma presentaba problemas, la “zona cero” estaba a una corta distancia de la dirección de Seguridad Pública de Tlahuelilpan, la Policía de investigación de Tlaxcoapan y la base de operaciones mixtas de la Policía estatal. La tragedia fue generada por la complacencia de las autoridades.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) aún mantiene un expediente abierto y en su momento emitió una queja de oficio para la autoridad.

El huachicol ha dejado muerte y desolación en esta parte del país, la memoria de Tlahuelilpan sigue viva para aquellos que sintieron la tragedia, durante semanas el pueblo se enlutó, las calles estaban llenas de dolor y llanto; los huérfanos nunca entenderán lo qué pasó aquella tarde del 18 de enero de 2019. Los meses pasaron y vino la resiliencia, pero también el olvido, las dependencias gubernamentales comenzaron a retirarse, poco a poco todo volvió a la normalidad, sobre todo el abandono, ni siquiera los muertos cambiaron la indiferencia de un gobierno que olvida, pero su pueblo no.

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