En reiteradas ocasiones la 4T (cuarta transformación) manifiesta que el gobierno actual cuyo representante del Ejecutivo es Andrés Manuel López Obrador se basa en principios morales que demuestran la diferencia entre los sexenios pasados y esa transformación nacional.

La historia patria es una herramienta recurrente dentro de este sistema complejo de gobierno, el propio presidente reitera que es fácil gobernar siguiendo principios básicos:

“La cosa es simple hay que ser como Lázaro Cárdenas en lo social, como Benito Juárez en lo político y emular una honestidad y principios democráticos como Francisco I Madero.”

Con estos antecedentes y con el regreso del general Salvador Cienfuegos, extitular de la Defensa, que fue devuelto por el gobierno de EU, luego de ser detenido y acusado de narcotráfico y “lavado” de dinero por la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) el 15 de octubre; surge la interrogante acerca de si el gobierno que tanto ostenta un verdadero cambio y se basa en los principios históricos de las figuras más sobresalientes de la patria en verdad está marcando una tendencia vanguardista, ya que el Departamento de Justicia de EU negoció retirar los cargos a Salvador Cienfuegos y entregarlo al gobierno mexicano para que sea juzgado en México siempre y cuando se comprometa el gobierno mexicano a continuar con las investigaciones pertinentes respecto al exsecretario de la defensa y también a cambio de la captura de un líder de la droga del más alto nivel traficante del opioide sintético fentanilo.

El detalle con el arresto de Cienfuegos en el aeropuerto de Los Ángeles, California por autoridades norteamericanas es algo que sorprende al gobierno actual de México, ya que automáticamente la milicia quedó ridiculizada y evidenció que no son tan patriotas sus miembros como para no realizar pactos con mafiosos.

Los sentimientos encontrados de la milicia orillaron a López Obrador a llevar a cabo una negociación con EU cuanto antes, ya que el temor a un “golpe de Estado” por no haber apoyado a las fuerzas militares es algo que siempre ha rondado como un fantasma a los presidentes de México que, aunque sabían que contaban con el Ejército “más institucional y leal de América Latina”, no podían evitar la paranoia de creer que podían ser víctimas de una asonada, sobre todo en sus momentos de crisis, ya fuera inducida por oscuros intereses domésticos o por perversos e injerencistas presiones desde el extranjero y el mandatario actual de México no es la excepción.

López Obrador ha explicado que la participación y facultades a las Fuerzas Armadas, tienen que ver con la confianza que les tiene y con el combate a la corrupción civil, pero entre los analistas se explica más el tamaño de las atribuciones y tareas a las fuerzas castrenses, como en ningún otro gobierno de la historia posrevolucionaria, con un temor nato del tabasqueño: no ser derrocado por un golpe de Estado como aconteció con el ingenuo Francisco I Madero, a quien por cierto admira López Obrador.

Si se trata de emular a Benito Juárez según presume el gobierno de Andrés Manuel López Obrador entonces debería seguir los pasos de ese y recordar que un 22 de noviembre de 1855, Benito Juárez le dio forma a una ley que suprimiría el fuero eclesiástico y militar. La llamada Ley Juárez, asentada en la Constitución de 1857 que establecía la supresión de los tribunales eclesiásticos y militares estableciendo el principio de igualdad ante la ley en los siguientes términos: “Que en la República mexicana nadie pueda ser juzgado por leyes privativas, ni por tribunales especiales”. Ninguna persona ni corporación podía tener fueros y solo se reconocería el fuero de guerra para los delitos contra la disciplina militar. La ley tomó forma en el artículo 13 de la Constitución de 1857, en la de 1917 fue ratificado y hoy continúa en vigor. Juárez no tuvo temores a una asonada militar, es más, puso en orden a la milicia sin temblarle la mano pero el actual gobierno sabe que sin la ayuda de los militares la tan anhelada y repetida cuarta transformación se boicotearía y no llegaría a consolidarse.

El actual secretario de la Defensa Nacional Luis Crescencio Sandoval, con motivo del 110 aniversario de la Revolución Mexicana, dijo en la segunda parte de su discurso: “No anhelamos ningún poder, porque nuestra razón de ser está alejada de pretensiones políticas o de otro tipo”, López Obrador seguramente descansó, tomó un suspiro y en su fuero interno habrá dicho: “Hice bien, la extradición de Cienfuegos calmó los ánimos militares, el honor y la dignidad quedaron incólumes y por tanto seguirán siendo mis amigos y por ende el apoyo a la cuarta transformación continuará”.

Y a pesar de haber traicionado a Benito Juárez y la ley que lleva su apellido y que versa sobre ningún privilegio para los militares pareciera que la extradición de Cienfuegos la buscó México a toda costa solo para tratar de reanimar los ánimos de los altos mandos castrenses y así evitar una asonada posible, el gobierno de México los arropa y consecuenta a pesar de estar ligados con el narcotráfico. ¿Habrá un juicio verdadero para Cienfuegos o solo es pantomima?, ¿Tú lo crees?… esperemos que no sea “pan y circo”.

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