Desde el auge de la globalización financierista no presté atención debida a las cábalas del grupo Bilderberg –conferencia secreta de jerarcas de la política/finanzas/industria/multimedia, cuyas dos terceras partes provienen de Europa y el restante de Norteamérica para promover el capitalismo nor-atlantista, bajo la modalidad “Chatham House Rule” de mantener ocultos los debates –cuyo máximo especialista es el ex-espia ruso-lituano Daniel Estulin (DE)–.

Ya con conocimiento de causa del libro de DE La verdadera historia del grupo Bilderberg y de los dos notables ensayos de Fidel Castro al respecto, de quien constaté, durante la cena a la que me invitó en La Habana, sabía demasiado de geopolítica, seguí considerando al hierático club Bilderberg/Soros como una excrecencia anacrónica de la también caduca comisión trilateral, creada por los Rockefeller y Kissinger, donde predomina (ba) la plutocracia de Estados Unidos/Europa/Japón.

A fortiori hoy comparto más la visión de Alastair Crooke, exespía británico y exasesor de Javier Solana en la cancillería de la Unión Europea, quien sentencia que el mundo se encuentra en el “Inicio del Fin de la era Bilderberg/Soros”, lo cual da crédito a las teorías previas de DE y hace aún más atractivo su reciente libro: La trastienda de Trump, que ha provocado muchas descargas eléctricas, por los estrujantes secretos que divulga y sus audaces hipótesis prospectivistas, sobre todo la “alternativa digital” sin papel-moneda.

Juzga que el “segundo EU postindustrial y corporativo” que “apoya la producción y las empresas trasnacionales de la segunda revolución industrial”, aunados al “matrimonio de industrias de la energía, el petróleo y los sectores militares con el de los servicios y la construcción”, son quienes ungieron a Trump, frente a “otro EU de Wall Street, la burocracia de Washington, Chicago, Hollywood y Silicon Valley” que “venden humo” mediante su burbuja de los “derivados financieros” e intentan propinar un “golpe de Estado” en alianza con George Soros, “peón del equipo del Deep State británico”.

Le consagra un demoledor capítulo a Soros: “cara visible de una vasta y sucia red secreta de intereses financieros privados, con su epicentro en la casa británica de Windsor” y su red del “club de las Islas”. Refiere que “son los Rothschild quienes lanzaron la carrera de Soros”.

Los escándalos de Hollywood del grupo Israel/Mossad y Harvey Weinstein dan razón a una de las hipótesis de DE.

El pleito feroz que se ha desatado entre Trump y las joyas digitálicas de Silicon Valley –Google, Amazon, Facebook, Apple, Twitter– le dan también la razón, así como el choque frontal del atribulado presidente con la aplastante mayoría de los multimedia.

Juzga que la mayor parte de los servicios de espionaje de EU, con excepción del FBI y la CIA, “se están realineando con Trump” quien, “si es reelegido, asistiremos a una gran reestructuración de toda la inteligencia de EU”, hará “un esfuerzo deliberado para desmantelar a la CIA”, lo cual intentó Kennedy “y lo pagó con su vida”.

Luego de desnudar los secretos entre la mafia “ruso-israelí y Trump” –o la kosher nostra roja– con su yerno Jared Kushner, vaticina que los financieristas de la city se esmeran en desatar una tercera Guerra Mundial contra Rusia y China, mientras que Trump propende a un “cambio del orden mundial” de corte tetrapolar: EU/Rusia/China/India (sic).

Más que “teorías de la conspiración”, de las que en forma simplona e ignara es acusado DE –por quienes desnuda y por los desinformados/neófitos–, operarían más bien sus “teorías preconspiratorias” y “postconspiratorias” que se pueden vislumbrar ya sea antes o después de sus audaces hipótesis y sus concreciones trascendentes que solamente una mentalidad y una operatividad de consagrado exespía ruso pueden poseer desde las “trastiendas” y dédalos de los poderes reales. No cualquiera.

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