El ascenso en la trayectoria política de Benito Pablo Juárez García es impresionante: diputado local, diputado federal, dos veces gobernador de Oaxaca, secretario de Justicia y de Gobernación, además de presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es recordado por su perseverancia y por la firmeza de sus principios, por lo que alcanzó la presidencia de la República, logrando imponerse así a un destino que parecía condenarlo a la oscuridad y la miseria.

Síntesis del libro de Pedro Salmerón Sanginés, Juárez. La rebelión interminable. Incluye excelentes ilustraciones de Jorge Aviña.

Los antecedentes del autor lo avalan para escribir un libro singular sobre el Benemérito de las Américas.

Salmerón Sanginés es licenciado, maestro y doctor en historia por la UNAM. Tiene estudios de posdoctorado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Algunas de sus obras son: La división del norte (Planeta, 2006). Los carrancistas (Planeta, 2010). 1915: México en guerra (Planeta, 2015). Breve historia del villismo (Planeta, 2018), y junto con Felipe Ávila, Breve historia de la revolución Mexicana (Crítica, 2017).

Ha sido varias veces distinguido con reconocimientos. También es profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Destaca la respuesta a la pregunta: ¿Por qué Benito Juárez?: “Nació el 21 de marzo de 1806 en San Pedro Guelatao en donde vivían 20 familias. Remota aldea de las montañas oaxaqueñas. Fue la primera figura de la política nacional entre 1858 y 1872, época en la que se consolidó el Estado mexicano, en la que el país, tras medio siglo de ensayos y errores, adquirió plenamente el derecho de llamarse una nación.

“La figura de Benito Juárez es de tal consideración que ninguna historia de México, por breve y compendiada que sea, ha dejado de incluir su nombre, tanto así fue, muchos observadores llaman a aquella época ‘la era de Juárez’.

“Con esa estatura, sería de esperarse que el personaje, Juárez, que como dicen era inmune al viento, hubiese sido un hombre brillante, un ideólogo, de primera línea, un político habilísimo, un guerrero famoso por sus matanzas, un diplomático sutil, un financista preclaro, un orador de fuste, un legislador genial, un fogoso periodista o un escritor notable…pero no era así.

“Y más extraño puede parecer que, no siendo nada de eso, fue el jefe visible, el símbolo, el epónimo de una generación excepcional.

” El autor cita los nombres de Vicente Riva Palacio e Ignacio Ramírez, poseedores de inteligencias prodigiosas; Mariano Otero y José María Iglesias, ideólogos de primer nivel; Ignacio Comonfort o Sebastián Lerdo de Tejada, políticos excepcionales; Jesús González Ortega, Ignacio Zaragoza, Mariano Escobedo y Porfirio Díaz, guerreros cargados de laureles; Manuel Doblado y Juan Antonio de la Fuente, diplomáticos sin par; Melchor Ocampo y Manuel Gutiérrez Zamora, gobernantes notables; Manuel Payno, Guillermo Prieto y Matías Romero, financistas escrupulosos y preclaros; Francisco Zarco y muchos oradores incendiarios; Ponciano Arriaga y León Guzmán, legisladores de cultura universal, Ignacio Manuel Altamirano y decenas de feroces periodistas, sin contar que todos, o casi todos, poseían plumas ágiles y artísticas.

Y retoma: “Se advertirá que no hay disparidad entre la generación y su epónimo, entre la enorme tarea de los hombres de la Reforma y a personalidad de su jefe visible, aunque siempre discutido, durante su vida, después de su muerte y aún hoy”.

Fue aprendiz de Antonio Salanueva –“un hombre honesto y muy honrado”–, encuadernador y que vestía el hábito de la tercera orden de San Francisco, llegó a imaginar que ese niño que llegó descalzo y desamparado a su casa podría incursionar en la carrera del sacerdocio.

En 1824 se fundó el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, en el que a la postre Juárez ingresó.

Salmerón escribe que ahí encontró contacto con el liberalismo político y recibió una sólida formación jurídica, trascendente para su futuro.

Pasaron los años y enfrentó circunstancias desfavorables, pero salió avante. Ya después el final se aproximó.

En 1870 sufrió un síncope cerebral que lo llevó a las puertas de la muerte, y nueve meses después, a principios de 1871, esta le tocó muy de cerca al llevarse a su esposa Margarita.

“La muerte de su compañera hirió profundamente al presidente, pues la suya había sido una unión íntima y amorosa.

“Doña Margarita fue mostrada como paradigma de mujer cristiana, dotada de dignidad y modestia, serena y alejada de las intrigas palaciegas, tan reservada que apenas conoció a los ministros, recatada y generosa, pero con enorme discreción, tanta, que solo su ausencia hizo evidente la enorme influencia que su serenidad y su firmeza, su dulzura, ejercieron siempre en su marido.

” Casi epílogo del libro: “El 18 de julio de 1872, Benito Juárez sufrió un ataque de angina de pecho”.

Preguntó al médico sobre su enfermedad, y supo que era fatal. “Poco después perdió la conciencia y entró en una agonía que se prolongó varias horas hasta que insensiblemente lo abandonó la vida al filo de la medianoche”.

De Ediciones Culturales Paidós, SA de CV, bajo el sello editorial Crítica MR, segunda edición impresa en México en febrero de 2019.

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