Ninguna sociedad puede sobrevivir sin conocimiento, el lograr un mejor desempeño económico y mejores niveles de bienestar social, superando la presente crisis y los desafíos futuros, solo es posible si se tiene como eje articulador de todos los procesos económicos, sociales y políticos, la utilización intensiva de nuevos conocimientos.

La extensión en el tiempo y la profundización de sus impactos, ha convertido a la pandemia en una crisis estructural, tanto a nivel mundial como en México, donde la cohesión social está en riesgo de quebrantarse, tanto por lo sanitario como por lo económico.

El confinamiento en abril expulsó a 12 millones de mexicanos de la población económicamente activa, que no estaban ocupados, ni desocupados, sino suspendidos de sus actividades informales y formales, en julio se incorporaron 7.2 millones de personas a las actividades informales, por lo que la economía informal pasó de 61 por ciento al 72 por ciento, de la fuerza laboral, en consecuencia la vulnerabilidad socioeconómica se incrementó.

A pesar de que el indicador general de la actividad económica se recuperó en 8.9 por ciento en junio respecto a mayo, en comparación al 2019 todas las actividades observaron bajas, menos 1.5 por ciento en las primarias, menos 17.5 por ciento en las secundarias y menos 13.6 por ciento en las terciarias. Los programas sociales de la 4T no serán suficientes para impulsar a la economía nacional hacia niveles de productividad, competitividad y bienestar social sustentables. Apostarle a la inversión extranjera como motor principal, significaría un armisticio para una economía con sentido social, puesto que perpetuaría que las empresas trasnacionales sigan siendo las que domimen los sectores estratégicos y los mercados.

La alternativa es establecer como motor a la educación, el conocimiento, la investigación y la innovación, como las variables clave de una estrategia nacional para la transformación productiva con equidad.

Lo anterior no se puede lograr sin la participación activa de las universidades públicas, sobre todo las autónomas, que por ley tienen la obligación de crear nuevos conocimientos por medio de las actividades académicas y de investigación, trasmitir el conocimiento y ser la conciencia crítica de la nación a la cual se deben.

Solo las universidades públicas tienen la capacidad para formar una masa crítica de capital humano de alto desempeño con sentido ético y social, para insertarse a los procesos productivos de las pymes, pero no existe una estrategia nacional que lo impulse; la infraestructura física y humana que existe en las universidades públicas constituye el soporte para un desarrollo económico sustentable con equidad, pero no son tomadas en cuenta.

La UAEH cuenta con una infraestructura física-tecnológica de seis institutos, una cobertura estatal con nueve escuelas superiores y siete preparatorias, a través de las cuales oferta 63 licenciaturas y 21 posgrados; además de contar con más de 260 laboratorios, un centro de innovación tecnológica, un parque científico y tecnológico, y un observatorio tecnológico; 350 investigadores forman parte del Sistema Nacional de Investigadores, 47 proyectos de investigación en 2019 y ocho nuevas patentes, atiende una matrícula de 63 mil estudiantes. La adopción de la digitalización en los procesos académicos, por parte de la comunidad universitaria, es ya una realidad.

Con tecnología desarrollada por los propios universitarios, se realizó de manera virtual la edición 33 de la Feria Universitaria del Libro, fueron 64 mil visitas al portal y 118 mil participantes en la FUL niños, se registraron visitantes de 50 países, participaron 617 editoriales con más de 300 mil títulos, el tema central fue la inteligencia artificial, abriendo el debate con 22 conferencias sobre su impacto social y económico; este evento junto al del Festival Internacional de la Imagen (FINI) son iconos de la UAEH.

Con eso y más, la UAEH refrenda su posicionamiento como una de las mejores universidades del país, al mantenerse en el lugar 1001 del Ranking mundial de Universidades del Times Higher Education.

La fortaleza de la UAEH es la unidad, pero la visión y acertada dirección es del licenciado Gerardo Sosa Castelán, presidente del Patronato Universitario, quien tiene la convicción de que la creación y gestión del conocimiento a favor de la sociedad es sustancia irrenunciable de la UAEH, para superar la pandemia. Vaya a él nuestro saludo con orgullo universitario.

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