La “doctrina del shock” que en pocas palabras es un instrumento del neoliberalismo para imponer medidas económicas y políticas en beneficio del poder a través del terror y la manipulación (ver: Klein, Naomi, 2007, La doctrina del shock, Buenos Aires, Paidós) se aplica al pie de la letra en México y el gasolinazo es un ejemplo, pero tan solo una parte, todas las supuestas “reformas estructurales” se están aplicando desde el terror y la violencia del Estado contra la población.
Por ejemplo, el saqueo de centros comerciales por grupos de choque pagados y organizados por el PRI mayoritariamente y la posterior persecución policiaca y militar contra la población son el pretexto para criminalizar la lucha y el descontento social por el alza del hidrocarburo, pero también sirvió de cortina de humo cuando casualmente se da a conocer la iniciativa del Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de participar con un consejo de gobierno y una vocera indígena como candidata independiente a la presidencia de la República en 2018, un tema trascendental para el país.
Ante la gala de cinismo del gobierno federal y el gran espectáculo melodramático de declaraciones sin fundamento sobre la “necesidad” del alza a la gasolina para “no quedarnos sin escuelas”, las mexicanas y los mexicanos tenemos muchos mecanismos de defensa y de resistencia desde el planteamiento de alternativas ya demostradas, que no de sobrevivencia sino de construcción real, como las autonomías, policías comunitarias, colectivos, asambleas comunitarias, construcciones sociales y políticas horizontales, economías socialmente responsables, etcétera, que representan un verdadero peligro para nuestros gobiernos títeres y su credibilidad. De entrada, por ejemplo, el poder hegemónico de “la verdad” en los medios masivos de comunicación se está yendo a pique, la farsa, la mentira y la manipulación se descubren cada día por un público que despierta de su letargo poco a poco.
Ante la propuesta del CNI se ponen a temblar también las “izquierdas” corporativas o caudillistas, que ven en la propuesta una amenaza para su estructura p
seudoizquierdista construida desde la traición en muchos casos y el protagonismo mesiánico en muchos otros y que vergonzosamente se asumen como “ideólogos” de la “revolución” y lo políticamente correcto para el país, denostando cualquier otra alternativa que no sea la suya o no esté acorde a sus intereses políticos individuales y mezquinos.
Ante estos escenarios el CNI propone hacer un llamamiento que abre la puerta de la unidad nacional sin distinción de “[…] la edad, el color, el tamaño, la raza, la religión, la lengua, la paga, el conocimiento, la fuerza física, la cultura, la preferencia sexual”, en palabras del subcomandante Moisés. Pero lo más importante, construir otro México desde abajo donde quepamos todos: “Desde este quinto Congreso Nacional Indígena llamamos a los pueblos originarios de este país, a los colectivos de la Sexta, a los trabajadores y trabajadoras, frentes y comités en lucha del campo y las ciudades, a la comunidad estudiantil, intelectual, artística y científica, a la sociedad civil no organizada y a todas las personas de buen corazón a cerrar filas y pasar a la ofensiva, a desmontar el poder de arriba y reconstituirnos ya no solo como pueblos, sino como país, desde abajo y a la izquierda, a sumarnos en una sola organización en la que la dignidad sea nuestra palabra última y nuestra acción primera. Los llamamos a organizarnos y parar esta guerra, a no tener miedo a construirnos y sembrarnos sobre las ruinas dejadas por el capitalismo” y desde principios éticos como: “Obedecer y no mandar; representar y no suplantar; servir y no servirse; convencer y no vencer; bajar y no subir; proponer y no imponer; construir y no destruir […] (Declaración del quinto Congreso Nacional Indígena, http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2017/01/02/y-retemblo-informe-desde-el-epicentro/).
La tarea es dura, pero no imposible, y así lo han demostrado miles de pueblos en todo el país. Y desde aquí, la resistencia y la desobediencia civil pacífica son acciones cotidianas que podemos hacer todas y todos quitándonos el miedo, el arma del terror del Estado, que pueden ir desde negarse a declarar impuestos sobre los salarios de miedo o la contra información en redes sociales hasta la autoorganización, todas acciones útiles si se hacen colectivas y caminamos todas y todos en un solo frente, somos millones de mexicanas y mexicanos que podemos tomar unidos las rutas de nuestro propio destino que hoy está en manos de un puñado de traidores.

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