El catalán y socialista Josep Borrell, a cargo de la política exterior de la Unión Europea, definió su nueva política con China y EU como doctrina Sinatra, quien inmortalizó la canción “My way”, que no toma partido en la confrontación de Washington contra Beijing.
La autoría de la canción es del sirio-estadunidense Paul Anka y ya había sido enunciada dos semanas antes de la caída del muro de Berlín en 1989 por Guennadi Guerasimov, portavoz de Gorbachov, exmandamás soviético.

Guennadi Guerasimov optó por la doctrina Sinatra –en contraste a la doctrina Brejnev donde la URSS imponía su ley a los países satélites– que en forma cándida le otorgaba a Polonia y a Hungría, independientemente de la legitimidad de sus deidades geopolíticas, la latitud de escoger una vía diferente, lo cual marcó el inicio de la balcanización de la URSS.

Sylvie Kauffmann, editorialista del rotativo galo Le Monde, explaya la doctrina Sinatra e incurre en acrobacias lingüísticas, en medio de las tensiones noratlánticas en la fase de Trump, para diferenciar el “no-alineamiento” de la Unión Europea en la disputa de EU y China, lo cual no significa “equidistancia” cuando existe una franca “asimetría” que se agudizó con la pandemia del Covid-19, que debe “poner freno a las ambiciones de Beijín, sin caer en la trampa de una confrontación entre China y EU que se ha vuelto estructural (sic)”.

A inicios de junio, en una conversación telefónica, el mandarín Xi Jinping y la canciller alemana Ángela Merkel–por tercera vez desde el brote del Covid-19– acordaron varios puntos como el apoyo a la OMS, que es anatema para Trump, y la promoción de la cooperación internacional en la ONU y con el G-20, además de acelerar los intercambios geoeconómicos.

Se espera la visita del mandarín Xi a Alemania para septiembre –sea en forma presencial o por una “video-cumbre”–, para dialogar con los 27 miembros de la Unión Europea.

El C-19 profundizó la relación franco-alemana, y la reciente visita de Ángela Merkel a su homólogo francés Emmanuel Macron expuso el deseo mutuo de mantener relaciones estables y sanas con China, pese a las fuertes presiones de la dupla Trump/Mike Pompeo para adoptar una confrontación de corte sinofóbica.

Es probable que la resurrección europea con su doctrina Sinatra y el coqueteo de la canciller Ángela Merkel con Xi, hayan contribuido a la exasperación de Trump, quien acaba de ordenar el retiro de 9 mil 500 tropas de Alemania –de un total de 34 mil 500 y que en un momento dado de rotación pueden alcanzar 52 mil –el mes de septiembre, debido al incumplimiento, según sus decires, de aumentar su gasto militar en el seno de la OTAN. Coincidentemente, cuando se gesta la Cumbre entre Xi y la UE-27 que presidirá Alemania, es cuando EU retira sus tropas que se ignora cual será su nuevo destino.

A Trump le ha irritado que Alemania no haya detenido el gasoducto Nord Stream 2 proveniente de Rusia, y no faltan legisladores pugnaces del partido Demócrata, como Bob Menendez y Eliot Engel, quienes disparatan de que el retiro de tropas estadunidenses beneficia al zar Vlady Putin.

En su más reciente artículo, Sylvie Kauffmann comenta que la “pandemia del Covid-19 hizo mover las líneas en Europa que podría salir transformada”, mientras que en el campo de la geopolítica mundial “la crisis exacerbó las grandes tendencias en curso sin cambiar fundamentalmente la sustancia”, por cierto, tesis de “Bajo la lupa”.

Sylvie Kauffmann confiesa que la Unión Europea estuvo a punto de “desintegrarse” pero que “se recuperó y después del estadio de sideración (sic), eligió el camino inverso, el de una integración más profunda, para levantar sus economías y resistir mejor los futuros choques”.
Falta mucho por avistar si las rediseñadas tendencias centrípetas superan a las fuerzas centrifugas, así como ver que tanto funciona la doctrina Sinatra que ya fracasó una vez y comporta el grave error de menospreciar a Rusia.

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