La universidad es la inteligencia en sus ideas, en las cosas, es hija de la luz que permite vernos en un espejo que nos entrega la imagen del pensamiento, esa es nuestra casa de estudios, que entre sus muchos méritos está el de realizar la hazaña de hacer visible lo invisible, de convertirse en monumento, en galaxia, en historia, en tiempo esencial, en vocación sensible de la naturaleza, de las emociones, de las construcciones conceptuales, en la comprensión de nosotros y los otros. La universidad es el espacio que nos transfigura y reconcilia, nos da identidad, el reino de las palabras, del ser y el no ser, es el signo de la vida, esencia secreta, sueño que se asoma al tiempo, el mundo y sus soles y nosotros hijos de sus obras. Esa es nuestra universidad, un torrente, una marea, un corazón que es muro y centella, entusiasmo que contagia certidumbre. Son muchos ya los ejemplos de ese moderno Prometeo que es nuestra casa de estudios, los más recientes: la biblioteca del ICSHu, un espacio hechizante que nos revive, nos reconstruye, desde él y con él podemos interpretar la naturaleza, la ideología; la biblioteca es conciencia que nos permite trascender. Otro edificio monumental, aún crisálida, es la Torre de Posgrado, que una vez concluida albergará 5 mil miembros de la comunidad universitaria: estudiantes de posgrado, profesores, investigadores, futuros miembros del SNI.

Desde la universidad de Hidalgo se(re) construye la filosofía del pasado, del futuro y de la eternidad, es el Sol de la historia, revelación sin fechas. En esa incesante metamorfosis, aparece el otro tiempo, el que buscamos, el mañana, el que vive, muere y resucita, siempre habitado por el viento, por la razón del pensamiento universitario. Nuestra deuda intelectual con nuestra máxima casa de estudios, con ser grande, comparado con todo lo demás, es inmensa: su alegría, su rectitud, lealtad claridad, generosidad, que nos permiten ser sus pulsiones, su tiempo y su vida inmortal. A partir de ese espíritu los profesores, investigadores, alumnos, toda su comunidad ha aprendido de ella, que “cada solución de un problema crea nuevos problemas sin resolver. Cuanto más difícil sea el problema original y más osado el intento por resolverlo, más interesantes serán esos problemas nuevos. Cuanto más aprendemos acerca del mundo, más profundo será nuestro aprendizaje, más consciente, claro y bien definido será nuestro conocimiento de nuestra ignorancia. La fuente principal de nuestra ignorancia está en el hecho de que nuestro conocimiento puede ser finito, mientras que nuestra ignorancia debe ser necesariamente infinita”, (Karl Popper).

En medio de ese río vivo y anunciación de la semilla que contiene la luz, la universidad de Hidalgo es objeto de una nueva embestida por intereses políticos, esta vez para congelar 224 cuentas bancarias, cuyos recursos provienen de la Tesorería de la federación; la sinrazón, la ambición y la ruindad son los titiriteros que mueven los hilos. Una extraordinaria obra universitaria que es reconocida, valorada y atesorada por la sociedad, es hoy objeto de la mezquindad, la oscura mediocridad, el rencor, el odio a las ideas, al pensamiento, al diálogo y la unidad. Para enfrentar ese episodio donde el resentimiento y la frustración son portadores del incompresible e inaceptable odio contra la universidad, es necesario que toda la comunidad con unidad y lealtad apoye el proyecto universitario que encabeza el rector Adolfo Pontigo Loyola y el presidente del Patronato Gerardo Sosa Castelán. Universitarios históricos, ese último, desde el Patronato Universitario con voluntad responsable ha mantenido siempre abiertos los caminos del mejoramiento y el cambio eterno, él mismo se ha transformado sin cesar, inacabable, hoy está hecho de la fraternidad libertaria, de las voces que piensan y llegan a nosotros como una ola. La universidad y los universitarios tienen como valientísimo designio seguir adelante, siempre seguir.

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