Vivimos en una sociedad dominada por un paradigma tecnológico, en un marco económico donde todo es mercancía, por lo que el precio lo establece la convergencia oferta-demanda, en el caso de la vacuna para vencer al Covid-19, la demanda es inelástica, lo que significa que independentemente cual sea el precio, la demanda será la misma.

Desde el inicio de la pandemia los grandes consorcios iniciaron la carrera para descubrir-producir y distribuir la vacuna, cuya demanda está representada por los 7 mil millones de habitantes del planeta.

Desde diciembre de 2019 el doctor Li Wenliang lanzó advertencias sobre el nuevo coronavirus en Wuhan China, casi al mismo tiempo un servidor que opera con inteligencia artificial, a través del software BlueDot, empezó a enviar alertas sobre brotes de enfermedades infecciosas; el propósito de la detección temprana de enfermedades infecciosas, es para acelerar el desarrollo de vacunas y medicamentos.

Cabe destacar el enorme potencial de la inteligencia artificial, para predecir, diagnosticar y tratar nuevas amenazas virales; claro esto lo aplica una empresa con sede en San Francisco, EU, pero no es resultado de una política pública con sentido social.

La pandemia cruzó fronteras y se expandió hacia todos los continentes, en los primeros meses de 2020, haciendo crisis en marzo; en abril, Bill Gates declaró que invertiría en siete proyectos para acelerar y no tener que esperar más por una vacuna. Fue así como el Instituto SERUM de la India, con fondos de la fundación Bill & Melinda Gates, planearon producir con la vacuna de Oxford 100 millones de dosis contra el coronavirus a un costo de tres dólares.

En un acuerdo por separado la empresa mutinacional AstraZeneca, que ocupa el quinto lugar a nivel mundial y opera en más de 100 países, obtuvo la licencia de la vacuna de oxford; y mediante un acuerdo con la fundación Carlos Slim y los gobiernos de Argentina y México, se logrará el acceso a la vacuna, cuya fase tres del análisis se concluye en noviembre.

Según palabras del canciller Marcelo Ebrad, el costo de la vacuna será de cuatro dolares por dosis, superior a los tres dólares de Gates-SERUM de la India. En seis meses se elaborarán 150 millones de dosis, con un potencial de 400 millones para atender a la población Latinoamericana. Participarán dos laboratorios uno argentino y uno mexicano, integrando una cadena de producción latinoamaricana mediante un proceso de transferencia tecnológica, lo que vendría a representar una ventaja para el futuro, claro, siempre y cuando prevalezca el sentido social y no el mercantilista.

Los riesgos están latentes por el surgimiento del nacionalismo-mercantilismo cuyo efecto es que los precios tiendan a crecer y dejan de ser accesibles, dada la magnitud de la demanda, advirtió la OMS; por ello propuso la herramienta de colaboración ACT en la producción de vacunas, diagnóstico y tratamiento, con acceso equitativo.

Sin embargo, las vacunas para dotar de mayor capacidad inmunológica a la población, están en los planes de las grandes trasnacionales farmacéuticas, cuya lucha por el dominio del mercado global, ha propiciado una mayor concentración en los últimos años, para fortalecer su control sobre los precios.

Por otra parte la mayoría de las naciones carecen de una política social de producción de medicamentos y vacunas, esto es, que no sea el precio el determinante, sino el derecho humano a la salud. Antes la producción, distribución y aplicación de vacunas por parte de organismos públicos, era considerado un elemento estratégico de la soberanía y seguridad nacional, pero hoy ya no, en México simplemente no existe. ¿Acaso la 4T lo tiene considerado restablecer? Según la OMS hay 160 vacunas en investigación, de las cuales solo cinco están en fase tres, lo que no significa que ya están listas para aplicarse, porque falta la prueba experimental, o sea la fase cuatro, en caso de ser exitosa, la producción a gran escala enfrenta las limitaciones en las instalaciones, habrá que identificar las capacidades suficientes, para lograrla en tiempo y forma, lo que depende también del tipo de vacuna; tarea nada fácil. Qué bueno que haya avances, pero todavía hay desafíos por superar.

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