En las mañanas son periódicos, más tarde aparecen los servicios de limpiaparabrisas, también hay actos musicales o de magia para el entretenimiento momentáneo, luego se ofrecen dulces, máscaras, artesanías y todo aquello que pueda venderse de manera accesible y rápida, ya en la oscuridad aparecen los actos de malabarismo usando luz (fuego); todos y cada uno de los ofertantes esperan monedas que resuelvan la comida del día. Estos personajes están adjuntos al crecimiento de la ciudad y las vías de comunicación, la creación de cruceros y la colocación de semáforos son acompañados de la cotidiana presencia de mujeres y hombres, de todas las edades, que buscan sobrevivir en una sociedad donde el dinero y su posesión significan poder comer, tener donde dormir y vestir.
Las ciudades capitales como Pachuca suponen la concentración de servicios urbanos, espacios habitacionales e infraestructura pública que inciden en las condiciones de vida de sus habitantes, porque el crecimiento del tamaño de la ciudad no elimina la pobreza de los nativos e inmigrantes, si trasladamos nuestra mirada a los municipios rurales que históricamente han sido calificados como pobres, qué significa el replanteamiento de la Cruzada nacional contra el hambre. Tal programa es una contradicción en un país que se presenta como la 15 economía del mundo, la pregunta es ¿por qué en un país de los más ricos del mundo aún existen personas que no tienen garantizados sus alimentos en calidad y cantidad?
Primero, los municipios incluidos en dicha cruzada fueron reconocidos como lugares donde habitan personas que no tienen garantizados los alimentos, que para esas familias su comida depende del financiamiento público. La falta o insuficiencia de alimentos en comunidades completas no es una situación espontánea, sino una expresión histórica de relaciones desiguales entre personas.
Segundo, el replanteamiento de la Cruzada nacional contra el hambre supone la realización de una evaluación de los resultados obtenidos hasta el momento, para con ello tomar una decisión sobre el mantenimiento o no de la entrega de alimentos. En caso de no existir dicha evaluación, cualquier acción que se realice se deberá a la ocurrencia o sentir de los funcionarios en turno, estaremos ante la acción de la ocurrencia como lógica de gobierno.
Tercero, los posibles beneficiarios de los proyectos productivos ¿tendrán la capacidad y habilidades para administrar y sostener tales proyectos?, pues la historia nos dice que generalmente esos recursos son fondos perdidos. Hace ya varias décadas, en el imaginario colectivo de una parte importante de los mexicanos, quedó asumido el derecho a recibir recursos públicos a cambio de un voto o de la participación en los acarreos de actos públicos. Las despensas y los recursos para la obra pública son excelentes motivos para condicionar y “orientar la acción ciudadana” para la reproducción de relaciones clientelares entre funcionarios públicos y ciudadanos.
Ahora que inicia un nuevo periodo de gobierno en Hidalgo, estamos a la expectativa sobre el Plan Estatal de Desarrollo, que puede o no romper con la lógica de los gobiernos de la “ocurrencia y la urgencia”, donde los recursos públicos solo sirven de paliativos para el inmenso abismo entre los que tienen mucho y los que cada día tienen que juntar monedas en la vía pública para calmar su hambre y la de sus familias, ya sea en Pachuca o en Xochiatipan.

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