Editorial

Desgraciadamente para un país como el nuestro, castigado diariamente por la violencia de bandas bien organizadas, la capacidad de asombro frente a nuevos y cotidianos actos ilícitos se ha ido perdiendo. Es difícil que algo nos conmueva, pues cada vez más nuestro umbral de resistencia sube uno o varios peldaños por la exposición a la que estamos sometidos a diario. Los medios de comunicación estamos obligados a seguir presentando la violencia tal cual es, pero también a analizarla, para saber sus causas y sus efectos. Y precisamente este fin de semana ocurrieron homicidios que podríamos calificar como atípicos, pues antes no era común ver en Hidalgo ese tipo de ataques. El más violento de los hechos tuvo lugar en Huichapan, en un bar denominado Caballo Negro, donde según información oficial un comando armado irrumpió para asesinar a tres personas y después incendió el lugar. En Tezontepec de Aldama sucedió algo similar, pues durante la madrugada del sábado un grupo de personas armadas disparó desde una camioneta en movimiento y después huyó, dejando dos personas fallecidas. La ola de violencia, recordemos, ya tiene meses instalada en el Valle del Mezquital y parece que las autoridades simplemente ya fueron rebasadas por esas bandas criminales. La reflexión ahora no debe enfocarse a si nos convertimos en un territorio violento (ya lo somos), sino cómo vamos a salir de ese entuerto. De filón. Pachuca y su zona metropolitana tampoco se salvan de esa ola en la entidad y el país. Pero aquí al menos los delitos más frecuentes son robo a casa-habitación, autopartes y negocios.

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