Sabemos que los gobiernos no son precisamente constantes en sus políticas ni planes, pero hay ejemplos que resultan paradójicos. En medio de un proceso de violencia generalizado en nuestro país, es difícil comprender que una acción que resulta se eche al bote de la basura o se condene al olvido. El mural de Palmitas, situado en la pachuqueña y popular colonia de Cubitos, ha sido y es uno de los proyectos públicos más exitosos emprendidos por la actual administración federal. Se trata de una estrategia exitosa para disminuir la violencia, pues gracias a ella se logró recuperar en algo el tejido social que en casi todo nuestro país se encuentra dañado. La realización del mural logró lo que antes ya no existía: que los vecinos del popular barrio se hablaran y compartieran una tarea común: regenerar y hacer arte en donde antes había muros grises, calles invadidas por la violencia, delito y abandono. Ayer la alcaldesa de Pachuca Yolanda Tellería inauguró la tercera parte del mural de Palmitas, pese a que esa política del gobierno federal fue abandonada. Eunice Rendón, de la organización Red Viral, reveló que en este sexenio el gobierno federal invirtió al principio 200 millones de pesos para apoyar al proyecto cuyo objetivo fue prevenir la violencia. Pero hoy, en el ocaso de su administración, el gobierno del presidente Enrique Peña abandonó esa política. Si al gobierno en turno le interesa bajar los niveles de violencia, entonces no solo debe darle más dinero al ejército y a la marina, también debe invertir en talleres artísticos, de lectura, etcétera. Pero no, nos encontramos con el viejo paradigma que supone que entre más efectivos en la calle, sean soldados o policías, la inseguridad desaparecerá. De filón. Síntoma de que las cosas no andan bien entre los grupos Hidalgo y Estado de México en el PRI, es que al primero lo relegaron mientras que el segundo concentró los primeros lugares de las listas plurinominales.

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