La violencia desatada en el pasado proceso electoral signó este año y estas elecciones: ataques físicos y verbales, sobre todo a candidatas, intimidaciones, agresiones y hasta la muerte. Sin embargo, entre tanto dime y direte se “aceptó” y “naturalizó” ese tema.

Acostumbrados, como estamos, a las malas y sangrientas noticias, pareciera que no nos horrorizó tales cifras y descomposición social. Algunos medios reportaron 112 asesinatos, otros 132, lo cierto es que fueron más de una centena.

Sin duda, eso es grave y foco rojo de alerta sobre lo que se ha convertido la “democracia a la mexicana”, sobre todo, la violencia contra las mujeres que se dio no solo por sus contendientes, sino por los medios mismos al reportar información sesgada, prejuiciosa y sexista contra ellas y su legítima aspiración de ejercer un encargo público de elección popular.

A tres fuegos han vivido las mujeres que en este país han competido u ocupado puestos públicos: la violencia estructural social, la violencia partidista y la violencia mediática.

Un repaso por el desempeño, desafíos y obstáculos de tres mujeres emblemáticas de la política mexicana son testimonio y evidencia de que esa actitud virulenta contra el desempeño y presencia de mujeres en el poder, no es nueva, pero que hoy contra lo que se crea y diga (igualdad, paridad, equidad) se recrudece.

Pero la violencia política en México tiene historia. Hay tres momentos históricos reveladores de un mismo hecho, la violencia política contra mujeres públicas solo por razón de su género:

*Rosa Luz Alegría. Primera secretaria de Estado-Turismo en México (1981-1982).

*Amalia García. Primera gobernadora de Zacatecas (2004-21010).

*Xóchitl Gálvez. Primera candidata a gobernadora en Hidalgo (2010).

Rosa Luz Alegría, oriunda de la ciudad de México, fue la primera mujer secretaria de Estado en el gobierno mexicano al ocupar la titularidad de la Secretaría de Turismo en 1981-1982.

Después de concluir ese periodo, se retiró de la política y no volvió a la vida pública.

El escarnio que se hizo de su vida personal, al señalarla como amante del presidente de entonces José López Portillo, abatió su trayectoria y sus capacidades que no eran pocas.

Rosa Luz Alegría estudió la licenciatura en física en la UNAM, hizo maestría en ciencias en la misma universidad y realizó estudios de doctorado en el Instituto Francés del Petróleo en París. Su carrera política no fue menor a su preparación intelectual. Durante la campaña electoral de José López Portillo hacía el resumen verbal de todas las reuniones temáticas y habló a nombre del candidato en numerosas ocasiones. En el periodo de gobierno de Luis Echeverría, trabajó para el sector educativo; primero en la Secretaría de Educación Pública (SEP) y posteriormente fundó y coordinó el Centro para el Estudio de Medios y Procedimientos Avanzados de la Educación (CEMPAE).

José López Portillo la designó subsecretaria de la presidencia, y después, al fundirse la secretaría de la presidencia y la parte del gasto de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) en la Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP), la nombró subsecretaria de evaluación de la misma dependencia.

Uno de sus logros como funcionaria fue la fundación y coordinación del Sistema Nacional de Evaluación (Sine). En la solidez de esa carrera política, promovió la autoevaluación de los poderes Legislativo y Judicial, y en ocasiones llevó la representación de México a la reunión mundial de las Naciones Unidas (ONU).

Toda esa trayectoria y experiencia quedó sepultada por su relación con el presidente López Portillo. El foco sobre su vida personal anuló sus talentos, su desarrollo profesional y público, los medios la denostaron, y cuando se volvió a hablar de ella fue para referir un hecho vergonzante que debió ser parte de su vida privada y que los medios respetan solo cuando se trata de hombres.

Un extracto de la extrema violencia política en razón de la pertenencia a un género:

“Rosa Luz Alegría Escamilla había sido la primera mujer en ocupar una secretaría de Estado, como secretaria de Turismo, al final del sexenio presidencial de José López Portillo.

“Muchos años después, sola en su casa de la calle Juárez, en San Jerónimo, en la Ciudad de México, salió desnuda a la calle y comenzó a disparar al aire un arma. Fue detenida por la Policía y llevada ante un agente del Ministerio Público. Se movieron resortes y de inmediato la liberó el licenciado Juan Velásquez Evers. No hubo averiguación previa.

“Fueron los últimos sucesos del conocimiento público en los que se vio envuelta. Unos meses antes había publicado un libro de física al que podríamos calificar por lo menos de esquizoide. Quedaba ya trazada la senda de su desplome.” (Alfonso Diez. Los secretos de José López Portillo. http://www.codigodiez.mx/Textos%20ht/lossecretosdejlp2.html)
La violencia tiene historia, no son nuevas las actitudes y no hemos hallado la fórmula para transformar ancestrales prácticas y mentalidades, etapa premoderna que se niega a superar en el tema y desempeño de las mujeres. Mucho aún por hacer.

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