La violencia se ha vuelto espectacular: Reyes

472
Reyes

Miguel de la Vega

Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Como abogada, Luisa Reyes Retana llegó a lo más alto: a la Suprema Corte de Justicia, donde trabajaba con el ministro Arturo Zaldívar. Pero lo suyo eran las letras, por lo que renunció y se lanzó a escribir su primera novela, Arde Josefina, que ganó el Premio Mauricio Achar.

 

¿No es una locura dejar una carrera como abogada para ser escritora?

Es la decisión más difícil que he tenido que tomar en mi vida. Porque, además, trabajar como secretaria de Estudio y Cuenta de un ministro es el sueño de muchos abogados. Y me costó mucho trabajo llegar ahí.

 

¿Y por qué lo hiciste?

Sé que parecía un despropósito dejarlo, pero lo que me sucede es que, ya estando ahí, tuve que admitir que no era mi vocación. Me gustaba mucho la idea de escribir sentencias, probablemente porque mi verdadera vocación era escribir en sí.

 

¿Y cómo era eso?

Me gustaba mucho recibir un expediente en el que se planteara un problema desde muchas perspectivas y, tras haber pasado por varias instancias, ser la última en proponerle al ministro una resolución. Y que esa sentencia eventualmente se decidiera en el pleno de la Sala.

 

Se parece al proceso de escribir una novela.

¡Lo es! Por eso estoy tan agradecida por haber estudiado Derecho y haber trabajado en la Corte.

 

Pero la idea de dedicarte a escribir no surgió de la nada. ¿Cuándo empezaste a hacerlo?

Toda mi vida he escrito. Desde pequeña escribía poemas, declamaba parada en la mesa a José de Espronceda y Los Motivos del Lobo.

 

¿Cuál fue la primera palabra que te gustó?

Me encantaban las palabras grandilocuentes. Cuando aprendí a usar la palabra esporádico la usaba siempre, no esporádicamente, jajaja.

 

¿Cuándo supiste que era lo tuyo?

Cuando estudiaba el posgrado en la Universidad de Berkeley, escribía cuentos y una amiga se los enviaba a su primo que era editor en Letras Libres. Y un día me escribió: “Deja lo que estás haciendo y ponte a escribir”.

 

¿Y lo dejaste?

Soy itamita: no puedo dejar las cosas a la mitad y salir corriendo. Pero regresando del posgrado sí sentí una duda en mi corazón sobre el Derecho.

 

¿Tenías dudas?

Decir “voy a dejar la Corte porque quiero escribir novelas” sonaba un poco infantil. De realización improbable.

 

¿Tenías miedo?

Sí, mucho. De hecho entré en un coma intelectual y no ingresé dinero hasta que me acabé lo ahorrado. Viví años perros.

 

Finalmente, ¿cómo te decides a dejar carrera, ingresos, todo?

El tiempo que estuve en la Corte, mi departamento en lugar de cortinas tenías periódicos pegados en las ventanas, porque ni para eso me daba tiempo. ¿Tener novio? Mucho menos había tiempo para esas frivolidades. Entonces conocí a un artista visual, Emilio Chapela, que hoy es mi esposo, y me sorprendía verlo hacer lo que se le daba la gana y vivía muy bien.

 

¿Por qué te sorprendía?

Me impresionaba mucho que alguien se despertara todos los días e hiciera una cosa que podía funcionar un día sí y al siguiente no, en un ejercicio constante de imaginación y creatividad, tan auténtico y tan arriesgado. Y en cambio me veía a mí misma despertándome a horas infames en una situación laboral que ya no me llenaba.

 

¿De dónde surge Arde Josefina?

Lo primero que decidí fue que quería una novela que no tuviera que ver con nada. Y quería una historia que se diera en la cotidianeidad, pero un poquitín movida. Es decir, con dos o tres aspectos torcidos. Y la enfermedad de Juan es lo que hace que toda la familia se distorsione.

 

Así Josefina se convierte en la madre de su hermano.

Y cuando viene lo del incesto, el cariño por su hermano se vuelve otra cosa, se disloca.

 

¿Cuándo eres violenta como tus personajes?

Nunca. Quizá por eso puedo hablar del tema sin sentir dolor.

 

¿Qué tienen de ti Juan y Josefina?

Son un ejercicio de la imaginación, aunque Josefina sí tiene mucho. Quería un personaje femenino con deseos y con miedos, con posiciones complejas que la obligaran a tomar decisiones cuestionables. Para crearla, encontré los pretextos de la locura de su hermano y la distancia de sus padres.

 

¿Qué tiene ella que te gustaría tener?

No soy alguien que tome decisiones impulsivas. Me cuesta mucho trabajo. Me encantaría ser capaz de mandar a la goma a alguien que en la vida no me hace bien.

 

¿Qué es hoy la locura?

A la conclusión que he llegado es que todos somos un poco locos, pero estamos más o menos contenidos porque no estamos diagnosticados.

 

¿Te consideras cuerda?

El 95 por ciento de las veces.

 

El otro día decías que la violencia no sólo es física, sino que también se da en la vida cotidiana.

La miniviolencia. Todos hemos sido víctimas y victimarios de ella en la Ciudad de México. La miniviolencia se manifiesta en la indiferencia hacia el indigente tirado en la banqueta, o cuando le contestas mal a alguien o simplemente lo ignoras. La miniviolencia es no establecer esos pequeños vínculos con la gente que nos rodea.

 

¿Y eso a qué nos lleva?

En el ámbito doméstico, que es el de la novela, a generar distancia. Una distancia violenta. Cuando al interior de las familias tienes que guardar silencio para no hablar del elefante que está en la sala, ahí hay un grado de violencia sicológica.

 

¿Y, en lo social, qué provoca?

La violencia se ha vuelto espectacular. Se consume como si fuera el desayuno. Está ya tan tejida en el interior de la sociedad, que las miniviolencias pasan completamente desapercibidas. La violencia se hizo costumbre.

 

Con todo lo que investigaste sobre enfermedades mentales para la novela, ¿cuál es tu diagnóstico sobre Donald Trump?

Imbecilidad aguda.

 

¿Para qué sirven los premios?

El “Mauricio Achar” tiene la virtud de encontrar generaciones de escritores nuevos. Un premio de primera novela es un incentivo poderoso para que la gente se ponga  a escribir.

 

¿Qué te da, además de fama?

Depende de cómo lo aproveches. Voy a tratar de que sea una catapulta para mi carrera como escritora.

 

¿Qué libro crees que deberían leer los presidenciables?

Habría que hacerles una buena lista, pero podrían empezar por Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta. Lo leí muy joven y fue muy revelador. No es sobre budismo. Les ayudará a entender que todos estamos aquí por la misma razón y necesitamos encontrar una mejor forma de ser, todos juntos.

 

¿Qué te hace arder?

¡Las mujeres! El feminismo, Marichuy, la lucha por las causas justas.

 

¿Y qué te apaga?

El mal gobierno.

 

¿Cuál será tu epitafio?

Se salió con la suya.

 

Cinco datos

  1. Estudió Derecho en el ITAM y la maestría en Berkeley, California.
  2. Fue secretaria de Estudio y Cuenta en la ponencia del ministro Arturo Zaldívar, en la Suprema Corte.
  3. En 2013, fundó Sicomoro Ediciones, especializada en libros de arte y cocina.
  4. Entre 410 concursantes, ganó el premio de novela “Mauricio Achar” (fundador de las librerías Gandhi) con Arde Josefina.
  5. Cuando le llamaron de la editorial Penguin Random House para informarle que había ganado, creyó que era una “broma cruel”.

Comentarios