Nos encontramos en la tercera semana de clases de la UAEH y es un semestre atípico, ya saben, el coronavirus nos tiene cambiando rutinas y procesos, así que este semestre inició totalmente virtual.

Con un poco de la experiencia del cierre del semestre pasado y mucho aprendizaje y capacitación durante el periodo de vacaciones, es que preparamos más cuidadosamente nuestro nuevo inicio escolar, sabiendo que es muy probable que no se vuelva a las aulas en un buen tiempo.

Las actividades a distancia nos han puesto a considerar como no perder el contacto al que estamos acostumbrados en nuestras aulas. Normalmente hacemos preguntas, generamos dinámicas, propiciamos la discusión. Llevar eso a la virtualidad no ha sido tarea fácil, pero estamos dispuestos a generarlo.

Los alumnos también lo resienten, consideran que no se inscribieron a una licenciatura presencial, para ahora estar la gran mayoría de su tiempo frente a la computadora, descargando videos, archivos y demás material de apoyo que sus docentes les comparten, programas para videoconferencias, y atendiendo a sus grupos de Whatsapp o Facebook para que no se les vaya ninguna actividad.

A pesar de que la virtualidad se ha vuelto parte constante de nuestra vida, el que ahora sea nuestra única opción para algunas actividades, nos ha puesto de cabeza. Tan acostumbrados a un estilo de vida, cambiarlo por más tiempo en pantalla no es cosa fácil.

La situación actual, me hace pensar en la película Wall-E, de Disney Pixar, donde presentan a una sociedad que nunca se para de su asiento, desde la comodidad de un sillón tienen el control de toda su vida, desde ahí pueden acceder a cualquier deseo o necesidad. Un poco así me siento hoy. En semestres pasados terminaba cansada de estar tanto tiempo parada en clases, hoy el cansancio está en el tiempo que paso sentada frente a la computadora.

Algo que en una película animada parece tan cómodo y prudente, en estos momentos no es lo mejor para los docentes ni para los alumnos. Veo en mis videoclases como algunos están acostados en sus camas viendo el monitor o la pantalla de su celular o tableta y me pregunto si la apreciación de la clase es similar a llegar al aula a recargarse sobre la paleta de la butaca. El rendimiento de los alumnos claramente será un tema que deberemos tratar en las academias de nuestras asignaturas.

Ya he dicho en otros textos que no soy estudiosa de la educación, más bien mi interés está en las tecnologías de la información y comunicación (TIC’s) y su aplicación en nuestra cultura, pero no puedo evitar ver esta aplicación desde mi propia experiencia como docente. Y por lo mismo, me es inevitable preocuparme por como saldremos, alumnos y maestros, de esta etapa. Y me dirán, la educación a distancia cada vez es más común, sin embargo, en este caso, ni los alumnos, ni los docentes, habían elegido esta opción inicialmente, ambos hemos tenido que adaptarnos y aceptar que estamos en una nueva condición de aprendizaje, por lo que esperamos que todos salgamos lo mejor posible de esta situación.

Afortunadamente tenemos muchas herramientas a nuestro alcance. Desde una plataforma ofertada por la propia universidad hasta las redes sociales, pasando por muchas nuevas aplicaciones que nos ofrecen versiones gratuitas y de paga para mejorar la experiencia ante la distancia social. Y mientras podemos volver a las aulas, mantenemos nuestro compromiso de ofrecer los conocimientos y enseñanzas que nuestra labor nos requiere, esperando que los alumnos también se encuentren receptivos a esta acción.

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