Solicito noticias que den cuenta de nuestra condición particular de animales pensantes y creativos frente a las otras criaturas; en las últimas fechas, los espacios noticiosos están ocupados con los dimes y diretes de los y las candidatas a los puestos de elección, otros tantos se ocupan de los arrebatos comunicativos del presidente estadunidense, y en lo que resta de espacio reportan muertes violentas en distintas partes del país. Parece que hasta las entrañas de nuestro planeta agregan su cuota de desgracia ante la erupción de volcanes (Guatemala y Hawái).
No quiero mostrarme indiferente ante los procesos que definen el futuro de nuestro país, tampoco quiero mantenerme ignorante del acontecer mundial, pero sucede que tenemos una coyuntura de renovación política de nuestro gobierno, ello requiere de un momento de silencio ante las vociferaciones políticas de todos los directamente involucrados (partidos políticos, candidatos y candidatas, autoridades electorales, analistas y comunicadores, etcétera).
Pienso en la cantidad de recursos humanos, económicos y de infraestructura que conllevan los procesos de elección, cada vez resultan más caros y no por ello efectivos.
Los hoy gobernantes en su momento también fueron candidatos que realizaron promesas y firmaron compromisos para mejorar las condiciones de vida de quienes habitamos este país, entonces por qué se incrementó el número de personas pobres, por qué el número de muertos por razones violentas parece no tener fin, qué sucede con las familias cuyos seres queridos desaparecieron, por qué en mi colonia cada vez aparece una lona nueva de advertencia para los ladrones, en mi calle este fin de semana la única casa que no había sido robada ya perdió su condición excepcional; en mi familia, quienes vivimos fuera del pueblo hemos experimentado robo en nuestra vivienda, de nuestro vehículo o extorsión telefónica. La pérdida que no tiene reparo es el robo de la vida, esa forma de despojo está más cerca de nuestras vidas, deja de ser noticia ocurrida en otros y con otros para convertirse en experiencia de nuestros amigos y/o conocidos.
La autocomplacencia de los protagonistas del espacio político y el monólogo que tienen los tomadores de decisiones han convertido nuestro país en una torre de Babel, ese espacio mítico donde todos y todas hablaban sin poderse comunicar, porque nadie estaba dispuesto a escuchar y tampoco a entender. Todas y todos coincidimos en la necesidad de un cambio de nuestras condiciones sociales, económicas y culturales, esos políticos de actitud mesiánica y actitud fraterna nos llenan los oídos de promesas de transformación de nuestro entorno. La vociferación de unos, la sordera de los otros y el crecimiento de expectativas reales o no, hacen que nuestra torre de Babel se mantenga en un tambaleante equilibrio.
Necesitamos un silencio que no sea la ausencia de sonido, sino la escucha de voces que nos informen y podamos interrogar sobre las cosas importantes, como por ejemplo: cómo haremos para mantener la vida de todas y todos en condiciones dignas, sin miedo y con un ambiente donde el agua y el aire siga siendo un bien común y accesible, esas preocupaciones y ocupaciones nos colocan en nuestra particularidad del resto de los animales.

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