Desde el inicio de las negociaciones del nuevo TLC, Trump hizo sentir que su intención no era maquillar el acuerdo trilateral, que se firmó en 1994 y cuyo propósito fue abrir mercados, una zona de libre comercio, eliminando aranceles, además de velar por el cumplimiento de los derechos de propiedad intelectual, que mucho tiene que ver con las estrategias y financiamiento de la investigación y desarrollo científico-tecnológico.

Los derechos de propiedad intelectual e industrial se revaloraron de tal suerte que se convirtieron en un componente decisivo del crecimiento económico, la promesa fue la inserción de la economía mexicana a la economía del conocimiento, a través de su incorporación en la dinámica de las exportaciones internacionales, lo cual daría lugar a los spillovers, que son efectos o transferencias tecnológicas y de conocimientos, los cuales deberían impactar positivamente en la estructura productiva mexicana tecnificándola, elevando su tasa de crecimiento y de bienestar social, lo cual no solo no sucedió, sino que los efectos fueron adversos.

El crecimiento del PIB per cápita mostró una tendencia decreciente del 1.1 por ciento en entre 1995-2007, ahora no llega al uno por ciento; la productividad bajó 0.2 por ciento en el mismo periodo y hoy es negativa; el contenido nacional de los insumos de las maquiladoras representan solo 2.9 por ciento. El campo perdió productividad por no darle soporte tecnológico, desprotegiéndolo ante los productores estadunidenses con mayores capacidades tecnológicas y financieras.

En el recuento de los daños sería bueno que nos preguntáramos: ¿cuál fue la magnitud de los conocimientos que llegaron a México durante el TLC en revisión? ¿En qué medida la economía mexicana fue capaz de desencadenar procesos de aprendizaje y asimilación de la tecnología externa? ¿El sistema educativo mexicano ha estado formando al capital humano adecuado para asimilar los flujos de conocimiento externo? ¿Por qué las instituciones de educación superior han permanecido al margen del desarrollo tecnológico? ¿Por qué es tan incipiente su participación en patentamiento? ¿Por qué los que más patentan en México, son los extranjeros llegando al 90 por ciento en promedio en los últimos años? ¿Por qué las capacidades tecnológicas tanto de las Mipymes manufactureras, como las de los pequeños productores permanecen en profundo rezago tecnológico? ¿Por qué no se ha logrado a gran escala la tan necesaria articulación academia-empresa?

Los temas centrales de la economía del conocimiento son: producción, difusión y utilización productiva del conocimiento, para lo cual se han generado indicadores para su medición, cuya aplicación se inició prácticamente al mismo tiempo que entró en vigor el TLC hoy en revisión. ¿Por qué no se hacen públicos esos indicadores en nuestro país?

El Índice de Conocimiento (KI) (Kusnetsov y Dahlman, 2008) mide la capacidad de un país para generar, adoptar, y difundir el conocimiento; el Índice de Economía del Conocimiento (KEI) toma en cuenta si el entorno es propicio para que el conocimiento pueda ser usado eficazmente para el desarrollo económico, incluye cuatro indicadores: a. Régimen institucional e incentivo económico, b. La educación y los recursos humanos, c. El sistema de innovación y d. Las TICs; también está el Índice Arco (Archibugi y Coco, 2004) que contempla tres variables: 1. Producción de conocimiento, 2. Infraestructura tecnológica, y 3. Formación de capital humano.

En 1995 mientras que Canadá y EU registraban rangos superiores al 9 por ciento en el KEI, KI, innovación y en educación, México representaba 5 por ciento en promedio; en 2017, Canadá y EU superan el 10 por ciento como indicador y México cayó al 4 por ciento.

Acostumbrado el régimen de Peña Nieto a mentir y dar un panorama triunfalista, para ocultar la realidad, poco se sabe de las negociaciones para la firma del TLC, pero es claro que es una guerra económica, cuyo propósito es la recomposición de la tasa de ganancia de los corporativos de las grandes empresas, de la tecnología y de la propiedad intelectual, ni Canadá, ni Estados Unidos, buscan disminuir la pobreza en nuestro país, sino aprovechar nuestros recursos naturales y las condiciones para lograr una alta rentabilidad, la moneda de cambio está todavía en el aire, pero como lo expresara Rolando Cordera, “por el bien del país, los pobres son primero”. ¿No lo cree usted?

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