Laguna de Metztitlán, de paraíso a desierto

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Pescadores de la localidad San Cristóbal claman el auxilio del gobierno para hacer frente a la sequía que dejó a ese emblemático embalse convertido en una zona totalmente árida, con el riesgo de no recuperarse nunca

Daño a la laguna sería irreversible: investigador

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La sequía que aqueja a la Laguna de Metztitlán es causada por el fenómeno meteorológico de El Niño, la cual provocó una baja precipitación pluvial en la zona, y su recuperación tardaría entre tres y seis años e incluso podría ser irreversible, aseveró Pablo Octavio Aguilar, docente investigador del área de biología de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

En entrevista para Libre por convicción Independiente de Hidalgo, el académico indicó que el proceso podría ralentizarse a causa de factores como el calentamiento global. Además, la afectación tiene un elemento adicional a tomar en cuenta: actualmente hay una mayor filtración que antes, lo que volvería más lenta la recuperación.

Es decir, aun cuando llueva en los próximos meses no hay garantía de que el embalse, cuya extensión es de 3 mil 230 kilómetros, vuelva a llenarse.

“No por terminar la sequía inmediatamente se llenará la laguna, ello tardaría entre tres y seis años, y con el cambio ambiental actual el panorama de recuperación es incierto, lo cual resulta lamentable por que podría ser irreversible”, expresó.

Aguilar explicó que la laguna se alimenta de escurrantías, de tal forma que cualquier cambio en la lluvia implicará una menor entrada de agua.

“La razón principal que puede cambiar la precipitación son los fenómenos recurrentes como El Niño, como el que está en marcha, por lo que se registra una precipitación muy baja en la región, mientras que en las costas del Pacifico será un año más húmedo, lleno de huracanes.”

Abundó que aún cuando la precipitación está bastante mermada en la meseta central, al pasar agosto la tendencia será contraria, sin embargo, estará concentrada en las zonas del Pacificó, “de tal forma que no necesariamente van a reponer la entrada de agua que necesita la laguna”.

Explicó que el lapso estimado en la recuperación es un pronóstico burdo basado en el registro histórico de los fenómenos del mismo tipo ocurridos ahí.

“El volumen tardaría en recuperarse entre tres y seis años, y eso estamos hablando en un muy general y burdo panorama que no toma en cuenta el calentamiento global, hablando de un registro histórico que no garantiza lo que pase a futuro.”

Otra sequía con la gravedad similar a la que se vive actualmente ocurrió en la Laguna de Metztitlán en 1955 y otra en 1997.

El investigador hizo notar que los daños causados por esta problemática estarán enfocados a la agricultura, debido a que es una zona de cultivo, así como a la acuacultura, pues en años recientes pescadores habían encontrado en esa actividad un modo de vida.

Por otra parte, destacó el daño ambiental, puesto que las aves migratorias que llegaban al lugar no podrán disponer de alimentación, nutrientes y condiciones climáticas adecuadas para su estancia.

Mencionó que la UAEH puede contribuir en la zona con un monitoreo para evaluar el impacto del cambio climático. Esa información, explicó, debe ser registrada, analizada y relacionada con fenómenos como El Niño, con el fin de explicar sus causas y consecuencias.

  • El embalse tiene una extensión de 3 mil 230 kilometros y almacenaba 326 mil metros cúbicos de agua, hoy está en riesgo de permanecer desértica para siempre
  • Pobladores relataron que bastaron cuatro días para que se secara la presa, en la que ríos de peces “chapaleaban” en busca de agua, pero finalmente murieron. Al menos una producción de 50 toneladas se perdio

Pescadores claman ayuda del gobierno estatal

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Frente a sus pequeñas marisquerías, hoy cubiertas de moscas porque no hay nada que vender, doña Agustina Gutiérrez y su hijo Heriberto Badillo Gutiérrez, pescadores de la localidad San Cristóbal, narraron como fueron aquellos días en los que perdieron todo.

Ellos pertenecen a la sociedad cooperativa de pescadores de San Cristóbal, integrada por 44 miembros, y que hoy claman ayuda al gobernador del estado Omar Fayad Meneses y al presidente Andrés Manuel López Obrador para hacer frente a ese trago amargo con la puesta en marcha de un programa de empleo temporal y una vez que llueva (si es que sucede) apoyo para repoblar la laguna.

“Esperemos que esto le llegue al presidente o al gobernador, más bien, para que nos eche la mano y nos de trabajo temporal para sobrevivir. Una opción es limpiar ahorita que no tiene agua la laguna, sacar envase de botellas, no hay muchas, pero hacer una buena limpieza”, expresaron.

Los colores de sus locales son alegres, sin embargo, se respira la tristeza de saber que esta Cuaresma será mala para ellos, contrario a años anteriores cuando la laguna les garantizaba un ingreso de al menos 12 mil pesos por persona en la temporada.

“En cuatro días se secó la laguna”, mencionó Agustina. El desastre ocurrió antes del carnaval que quizá en vez de fiesta, este año trajo tragedia. Entre jueves y viernes (de hace 15 días) inició el desecamiento, pero fue el sábado cuando el agua vital líquido desapareció.

Ríos de peces “chapaleaban” en busca de una corriente de agua, pero finalmente murieron en el resumidero. Al menos una producción de 50 toneladas se perdió. Heriberto y sus hermanos, relató, estuvieron en el lugar desde la noche de jueves para tratar de recuperar la mayor cantidad de pescado posible.

Se llevaron lo que pudieron cargar en las manos, pues para llegar a la zona en donde se concentraron los peces es necesario “veredear” sobre el cerró durante dos horas.

Aunque la localidad San Cristóbal es la más cercana a la laguna, calculan que, sumando a los pescadores de otras regiones, entre 130 y 160 pescadores dependían de la presa.

Heriberto, o Canene, como es conocido entre los amigos, no tiene un calculo exacto de las pérdidas económicas a causa del desastre ambiental, “es inimaginable”.

No obstante, recuerda que ante la proximidad de la temporada de Cuaresma, pescadores integrantes de unas cinco asociaciones de la región (alrededor de 200) invirtieron mil 500 pesos, cada uno, para la siembra de crías de peces.

Además, el pescador está seguro que lo peor está por venir, puesto que en mayo “viene lo peor de la sequía”. Aun así, confía esperanzado en que para julio o agosto llueva y entonces vuelva a llenarse la presa.

“Lloviendo entre dos a cuatro días se llena, necesitamos que llueva, pues es mucho espacio que abarca la laguna, todas esas tierras son ejidos y ya no siembran igual por lo mismo (por la sequía)”, explicó.

  • El fenómeno de El Niño empezó a mediados del año pasado y terminará a mediados de este o principios del siguiente, es la causa de una menor precipitación pluvial en la meseta central

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Lanchas oxidadas, suelo agrietado y esqueletos de pescado, así es hoy el panorama

¿Cómo llegamos a la laguna? Cuestionó el equipo de Libre por convicción Independiente de Hidalgo a los lugareños que deambulan por las veredas de terracería que conducen hasta el cuerpo de agua, hoy prácticamente extinto en su totalidad.

“Pero si ya no hay laguna”, respondió un hombre de mediana edad para luego indicar el camino. El trayecto para llegar a la zona donde ocurrió el desastre ambiental, hace unos 15 días, y que dejó toneladas de peces muertos y más de una centena de pescadores sin una oportunidad para ganarse el sustento, es largo y accidentado.

Los alrededores que alguna vez estuvieron cubiertos de agua, en los momentos más abundantes del embalse, hoy son sembradíos verdes de cultivos diversos. Aunque la agricultura todavía se mantiene en pie debido cauce del río Metztitlán, también es una actividad que está en riesgo inminente ante la falta del vital líquido.

En la zona conocida como El Resumidero los peces quedaron varados, pescadores de la localidad San Cristóbal calculan que unas 50 toneladas murieron a medida que al agua desaparecía.

Debido a la falta de lluvia que azota a la región, desde hace unos dos años, de acuerdo con testimonios de los habitantes, ese afluente perdió su capacidad para abastecer a la imponente laguna que forma parte de la reserva de la biosfera de Metztitlán.

“Ya no hay agua”, expresó otro hombre intrigado por el interés en llegar al lugar que, pese a estar convertido en un enorme llano, conserva ese encanto que solo la naturaleza ofrece. El río aún corre y entonces algunas aves sobrevuelan los parajes.

A no ser por el suelo agrietado y lodoso quizá sería imposible imaginar que esos terrenos, actualmente convertidos en zonas de pastoreo, alguna vez estuvieron cubiertos de agua. Los esqueletos de peces secos son evidencia de la vida que extinta.

El desértico paisaje también tiene como testigos de lo que algún día fue a las viejas y oxidadas lanchas que fueron abandonadas en el sitio. Algunas todavía lucen el nombre con el que fueron bautizas en su momento para ser las compañeras de camino de los pescadores, pero hoy son un triste recuerdo de que el agua se esfumó.

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