Que gran noticia, aunque Carlos Marín en su columna periodística argumente lo contrario aduciendo que es un golpe para la industria sin mirar las repercusiones que conllevan a la salud los refrescos de cola.

Y a pesar de que los empresarios –carentes de una visión solidaria con la población más que para obtener de esta su dinero– se oponen a esta propuesta que posiblemente se vuelva nacional. El Congreso, por lo menos el de Oaxaca con 31 votos a favor, aprobó la adición al artículo 20 bis de la Ley de Derechos de Niñas y Niños y Adolescentes del Estado de Oaxaca, que prohíbe la venta, distribución, promoción y regalo de refrescos y comida chatarra a menores de edad.

La iniciativa es una propuesta de la diputada Magaly López Domínguez de Morena, que busca proteger la salud de la niñez y adolescencia de Oaxaca, primordialmente de la diabetes, hipertensión y obesidad, que son causa de muerte. Durante su defensa previa a la votación, la legisladora morenista precisó que “ahora la responsabilidad en el consumo de bebidas y comidas azucaradas recae en padres y madres de familia”.

Es evidente y está por demás dar a conocer lo que a todas luces es perjudicial para el consumo del ser humano desde 1942 cuando el consumo de refrescos apenas se estaba estableciendo en EU y la Asociación Médica Americana declaró que desde el punto de vista de la salud es deseable restringir en lo posible el consumo de refrescos y otras formas de dulce, que son de poco e incluso nulo valor nutritivo. “Creemos necesario que se limite su consumo en aras de la salud pública, dado que el azúcar así consumida hace que la gente deje de ingerir otros alimentos de alta calidad nutritiva”.

En 1999 cuando el consumo de refrescos se había elevado 10 veces en los EU, la Asociación Médica y otras organizaciones se quedaron calladas –seguramente maniatadas por los sobornos hechos por las refresqueras– tan solo en 1997 los norteamericanos gastaron en refrescos gaseosos 54 billones de dólares, siendo los jóvenes de 12 y 19 años los más asiduos bebedores de estas porquerías embotelladas.

Los envases de plástico para los refrescos y jugos han sido prohibidos en los EU desde 1978, por ser cancerígeno el vynil empleado en su fabricación. Los pocos pero valientes médicos y nutriólogos que se han atrevido a enfrentarse a la poderosísima industria embotelladora de refrescos han señalado que al beber un refresco se está consumiendo más azúcar de la que nuestro organismo requiere.

Como esa azúcar está refinada, no contiene ningún nutriente, por lo que resulta un tóxico en el organismo. Y si en vez de azúcar se endulza con edulcorantes artificiales como la sacarina o el aspartame, es peor. Actualmente, se consume entre los jóvenes más refrescos que leche, cosa que no ocurría hace 50 años, por lo que la obesidad aumenta considerablemente el riesgo de diabetes y trastornos cardiovasculares así como la osteoporosis que es provocada por falta de calcio del que carece todo refresco. Las mujeres son las más afectadas por la osteoporosis y desde luego los refrescos son los enemigos número uno de los dientes, las embotelladoras se vuelven aliadas de los dentistas.

El contenido de la cafeína en algunos refrescos –sobre todo las colas– es causa de insomnio, dolores de cabeza y trastornos nerviosos. Consumir cafeína en frio es peor que tomar un café ya que beber una cola equivale a tomar dos tazas de café así como el exceso de azúcar y los aditivos en los refrescos son la causa principal de diabetes infantil y también las dolorosísimas piedras en los riñones. Sin olvidar a los peores refrescos que son los light por su altísimo contenido de endulzantes artificiales y aditivos que han resultado excelentes para producir cáncer.

Definitivo, ningún refresco alimenta en absoluto y la medida que se está sumando en todo el país para prohibir estas bebidas está por demás escribir que es solidaria, humana y consiente del entorno social en el que vivimos, en el que los empresarios están más interesados en hacer pingües negocios al vender bebidas de cola que no ayudan a la salud y sí la perjudican.

Unámonos no solo por nuestro país sino por nuestros familiares y amigos, nuestra salud, nuestro futuro. ¿Tú lo crees?… yo también.

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