RAMÓN T M

Esta es la segunda parte sobre las alteraciones físicas y genitales que inciden sobremanera en las mujeres, se demuestra que el sometimiento de la mujer a esas alteraciones manifiesta la pervivencia de valores misóginos y machistas en esas sociedades.

Las alteraciones genitales Sea por la razón que fuere, los individuos de muy diversas sociedades han sentido y sienten aún la necesidad de alterar de una forma u otra los órganos genitales, ya sea cortándolos, perforándolos, seccionándolos o insertando objetos en ellos.

La mutilación de los órganos genitales masculinos es más frecuente que la de los femeninos y a la vez adopta formas más variadas. La más común es, por supuesto, la circuncisión, que consiste en la supresión de prepucio. Se estima que la mitad de los varones que viven hoy en el mundo se han sometido a ella.

Algunas representaciones egipcias de hombres circuncisos (o incluso del mismo acto de su práctica) datan de más allá del año 2000 aC. Dado que en la mayoría de la zona donde se practica se hace uso de una piedra y no de un cuchillo, se ha referido que su origen puede remontarse a la Edad de Piedra. En cualquier caso, se trata de una costumbre muy antigua. Por otra parte, es un acto muy común en el próximo oriente y África. La religión judía exige que todos los varones sean circuncidados a las pocas semanas. Entre los musulmanes, se trata más bien de una tradición no sancionada por el Corán y se efectúa después de los seis años, a menudo en las proximidades de la pubertad. Su procedimiento varía en ambos grupos. En muchas sociedades del Pacífico no se elimina la totalidad del prepucio, sino que se efectúa una sección a lo largo del mismo (superincisión). Los habitantes de las Marquesas practican esa intervención, como otras mutilaciones tradicionales, sin anestesia, extendiendo el prepucio sobre una rama de bambú.

La circuncisión no es común en Oriente ni, desde el punto de vista tradicional, entre los cristianos europeos o norteamericanos. Solo los cristianos coptos egipcios y etíopes la practican a imagen de sus vecinos musulmanes.

La subincisión es la mutilación del pene no relativa al prepucio. Consiste en un único corte, de un extremo a otro, hacia la uretra. Como resultado, el pene adquiere una forma achatada, una de las consecuencias de ese acto es que el hombre no puede dirigir el flujo de orina, por lo que debe acuclillarse para orinar.

Del mismo modo, se dice, el semen tampoco puede fluir y se bloquea la reproducción. Sin embargo, la evidencia refleja otra cosa, ya que en todas las sociedades, la subincisión se practica antes del matrimonio y no por ello dejan de nacer hijos.

Esa técnica es realizada principalmente entre algunos pueblos aborígenes australianos y entre los samburu de África.

El sangrado del pene sin alterar su forma es poco frecuente, si bien, estaba extendido entre los mayas mexicanos y aún lo está entre los wógeo de Nueva Guinea. Los wógeo efectúan esas sangrías porque creen que el contacto con las mujeres produce diversos males e infecciones que solo pueden prevenirse de esa forma.

La semicastración o supresión de un solo testículo se practica solo en cuatro sociedades del mundo. Dos de ellas son africanas: los jonjeros de Etiopía, un subgrupo de los sidamo, y los hotentotes del sur de África, de quienes antes se decía que recurrían a ella para evitar el nacimiento de gemelos (hecho considerado de mal agüero). Las otras dos se encuentran en Micronesia, en el océano Pacífico. Los informes más documentados son los relativos a los habitantes de Ponapé, isla del archipiélago de las Carolinas. La operación se efectúa entre los 14 y los 16 años. En la actualidad, es un hábito extinguido.

A lo largo de la historia, muchas personas han sido objeto de castración total por las más variadas razones. En el mundo romano, las sacerdotisas romanas de la diosa Cibeles eran eunucos vestidos de mujer. Las sociedades islámicas solían emplear esclavos castrados por los cristianos para las más diversas tareas, como por ejemplo, la vigilancia de los harenes; si bien, el Corán prohíbe expresamente esa mutilación, en China, Bizancio y algunos reinos absolutos africanos se concedía a los eunucos cargos importantes, tales como el de visir o general, con el fin de evitar disputas dinásticas.

El mandato bíblico, hoy raras veces seguido, que ordena a las mujeres guardar silencio en las iglesias (Corintios, uno, 13:35) era observado tan estrictamente por la Iglesia Católica que ni siquiera se les permitía cantar en ellas, lo que provocó, sobre todo en Italia, la aparición de los “castrati” (cantantes varones castrados). Un decreto papal abolió esa costumbre en 1878.

La costumbre de tomar los órganos genitales como trofeo de guerra estaba más extendida de lo que cabría imaginar. Incluso, en la Biblia podemos leer que a David se le exigió recoger los prepucios de 100 filisteos muertos en una batalla (Samuel, 1, 18:25).

Las mutilaciones de los órganos sexuales femeninos han sido centro de una polémica de orden político, pues en realidad suponen técnicas que privan a las mujeres de cualquier posibilidad de satisfacción sexual. Las dos más conocidas son la clitoridectomia y la infibulación.

La clitoridectomia (ablación) consiste en la extirpación del clítoris y ocasionalmente de otras partes de los órganos sexuales femeninos. Reduce el goce sexual en las mujeres. Resulta probable que comenzara a practicarse con ese fin como método de dominación patriarcal.

Es una operación bastante común en África, y aunque menos frecuente que la circuncisión, solo se practica en aquellos lugares donde habitualmente se efectúa también esta última. La clitoridectomía ha sido utilizada esporádicamente de manera aberrante en occidente con dos objetivos: como terapia curativa para combatir la frigidez, la ninfomanía y el lesbianismo y también como medida disciplinaria contra la masturbación “excesiva”. En todos los casos, los resultados eran nulos y el sufrimiento de las mujeres gratuito.

Los diversos métodos englobados en el término infibulación presentan una distribución geográfica si cabe más restringida. La variedad más común consiste en coser los labios menores dejando tan solo una pequeña abertura para que salga la orina. Todas las formas de infibulación implican la extirpación de algunas partes del clítoris y los labios menores. La razón parece bastante clara: evitar el coito mediante una especie de cinturón de castidad permanente. La principal zona donde se lleva a cabo esa práctica es en África oriental, sobre todo en los pueblos de habla cusita del denominado Cuerno de Oro, como somalíes y los galla. También se da en algunos grupos islámicos. El término circuncisión faraónica ha sido a veces utilizado en lugar del de infibulación, lo cual podría dar pie a pensar que era practicada por los egipcios, aunque no hay pruebas de ello.

Visita
Si te quedaste picado, no te preocupes, tenemos más de donde salió esto para mantenerte despierto toda la noche, por eso visita www.revistadandoydando.com.mx o búscanos en Facebook como Revista Dando y Dando, donde tenemos más y más para darte de qué hablar

Comentarios