De acuerdo con el Coneval, de los 120 millones de mexicanos que actualmente somos, 31.3 por ciento son jóvenes entre 12 y 29 años, es decir, cerca de 38 millones. Pero la desgracia es que de esos seres humanos jóvenes, vigorosos, alegres, creativos, más de la mitad (51 por ciento), cerca de 20 millones, viven en pobreza.
Otro dato que revela tambien la difícil situación de nuestra juventud, es que del total de la población desocupada en 2016, más de la mitad eran jóvenes. Los índices de desigualdad social en México no son para nadie desconocidos y, aunque se maquillen las cifras, reflejan la realidad con mucha claridad; a donde vayamos encontramos esa miseria galopante, en todos los rincones se nos aparece, nos sigue, y, obviamente, también la encontramos en ese sector tan querido para la sociedad, pero tan lastimado: la juventud mexicana.
Según datos publicados por el centro de estudios sociales y de opinión pública (CESOP) de la Cámara de Diputados, en el estudio Pobreza multidimensional en los jóvenes, en 13 entidades federativas el porcentaje de jóvenes en pobreza multidimensional es mayor a 45 por ciento al no tener acceso a servicios de salud, vivienda digna y alimentación suficiente. Además, señala dicho estudio, “un alto porcentaje de este sector presenta rezago educativo y muy pocos cuentan con seguridad social”. La clasificación de pobreza multidimensional que realiza el órgano legislativo para Hidalgo, Veracruz, Tabasco, Michoacán y Morelos es de media a alta; mientras que los estados de Chiapas, Guerrero, Puebla, Oaxaca y Tlaxcala son los que presentan mayor porcentaje de jóvenes en dicha condición.
“Por segmentos de edad, la cantidad de jóvenes en pobreza multidimensional es mayor entre los 18 y 29 años y los rubros con mayores números de este grupo en carencia son: seguridad social, servicios de salud y acceso a la alimentación”; en este último rubro, el de la alimentación, el centro de estudios afirma que, según mediciones del Coneval, 25 por ciento, o sea, la cuarta parte de la juventud mexicana no tiene posibilidades de contar siempre, todos los días, con comida suficiente para llevar una vida sana y activa, como lo establece la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Así las cosas con nuestros jóvenes, esos a los que todo funcionario elogia, que los llama el “futuro de México”, viven o mejor dicho, sobreviven, a duras penas, junto a su familia que va muriendo poco a poco de necesidad; un alto porcentaje de ese “futuro de la nación” no tiene para comer, ni para curarse, ni una casa digna, etcétera, tampoco tiene opciones de educarse, ni de emplearse en un trabajo bien remunerado. Datos oficiales señalan la existencia de cerca de 8 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, no hay oportunidades para ellos, para esos que sí desean hacerlo, que es la inmensa mayoría. Para el caso del Hidalgo, por ejemplo, el estudio de referencia señala que la entidad cuenta con 854 mil personas entre 12 y 29 años y que de ese total, 457 mil se encuentran en el rango de pobreza multidimensional de media a alta, es decir, 53.5 por ciento de los jóvenes
hidalguenses.
Entonces, ¿cómo se puede ser el futuro de la nación, si la sociedad en la que viven no les da la oportunidad de conocer la ciencia, de saber del devenir de la humanidad, ni desarrollar sus capacidades artísticas? Ni siquiera, ¡vaya!, de poder trabajar, cuando el trabajo, como dijo el gran Federico Engels, es, ciertamente, fuente de toda la riqueza, a la par que la naturaleza, proveedora de los materiales que él convierte en riqueza, pero sobre todo “es la condición básica y fundamental de toda vida humana. Y lo es a tal grado que podemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre”.
La pobreza en general es fea, corroe el cuerpo, el alma y el espíritu de quienes la padecen, y sobre todo de aquellos que se encuentran en la situación más grave y más desesperante que puede vivir un ser humano, el no tener para llenar el estómago, tener hambre permanentemente; debe ser la juventud pensante, consciente de su situación y del escenario nacional, la encargada de crear una nueva sociedad, pero para ello tiene que aprender, conocer el monstruo, cómo funciona y cómo lo puede exterminar; la educación de la juventud no debe consistir en ofrecerles discursos placenteros de todo género y reglas de moralidad. Solo transformando de manera radical la enseñanza, la organización y la educación de la juventud conseguiremos la creación de una sociedad diferente, más justa y racional.
Y mientras trabajamos para lograr esa sociedad más racional, el movimiento antorchista y organizaciones afines como la Federación Nacional de Estudiantes Rafael Ramírez (FNERRR), buscan algunos mecanismos para mitigar esa realidad y ayudar a miles de jóvenes a que puedan estudiar y, para ello, se han fundando cientos de albergues estudiantiles en todo el territorio nacional y se han creado, igualmente, cientos de escuelas ahí donde la población lo demananda y los gobiernos se muestran completamente remisos. Así, con esos objetivos, en Hidalgo existen seis albergues estudiantiles ubicados en Pachuca, Mineral de la Reforma, Huejutla, Zacualtipán y Metztitlán; se sostienen fundamentalmente con la colecta pública, colecta de víveres y con un subsidio, aunque insuficiente, que otorgaba el gobierno del estado y algunas administraciones municipales. Pues bien, ahora, la nueva política instrumentada por el gobierno estatal y algunas presidencias municipales, como la de Huejutla, siguendo el “buen ejemplo” del gobierno del estado, le han retirado todo apoyo a los albergues estudiantiles y la oportunidad de estudiar a cerca de 500 jóvenes, muchos de ellos provenenientes de comunidades indígenas. Pero no conforme con ello, en días pasados fueron víctimas de la brutalidad políciaca enviada explicitamente a desalojarlos de uno de los inmuebles usado, desde hace cerca de 30 años, como albergue estudiantil en Pachuca, por órdenes, dijeron los agresores, del secretario de Gobierno, ¡más de 20 patrullas contra los moradores del albergue estudiantil!
Situación similar viven educadores de esa juventud, pues en acto violatorio de la ley, y por capricho del “poderoso secretario de Gobierno” de Hidalgo, 60 profesores que que ya han devengado su trabajo, que enseñan a más de 700 alumnos hidalguenses, desde preescolar hasta el nivel medio superior, simplemente no reciben su salario desde junio del presente año. A los profesores que sí trabajan no les paga el gobierno, en cambio a secretarios que se dedican a violar la ley, reciben salarios 15 veces superiores a los de un humilde profesor. Pero, me han hecho saber, tanto los jóvenes estudiantes como los profesores, que están dispuestos a trabajar y a luchar para que les respeten sus derechos y para que se respete la ley. Yo les digo: ¡Adelante!, cuentan con nuestra solidaridad y apoyo.

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